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El hogar tras 74 genocidios: entrevista a un refugiado Yazidí

Sahir Saido, 18 años, estudiante de ingeniería, Iraquí, Yazidí.

Le gusta tocar la guitarra, la fotografía dramática y jugar a las cartas. El 3 de agosto de 2014 su pueblo fue masacrado. Poco después, la ONU reconoció el genocidio.

Sahir y su familia huyeron de Iraq justo antes de la masacre y llevaban cinco meses en un campo de refugiados al sureste de Grecia cuando se nos acercó.

“Si te fijas, somos la tienda más feliz del campo, vivimos cada día cantando y bailando. Pero también tenemos espíritu crítico, no vayas a pensar que estamos ciegos: mi hermano pinta cuadros de denuncia, pero los pinta con café, ¿entiendes?” Sahir nos ofreció un vaso de agua para compartir. Parecía esperar una respuesta; nosotras solo supimos aceptarle la bebida.

La puerta de entrada a la tienda de Sahir la formaban dos pinos de los que colgaba un cartel: “Home is where your mom is”, el hogar es donde se encuentra a tu madre. Había un bebé comiendo en una trona hecha de marcos de puerta cortados, pegados con cinta aislante y acolchados con harapos. Según entramos, nos saludó un señor fumando de una pipa. Al fondo, a la izquierda, había dos cunas de bebé llenas de almendras secándose al sol.

El 3 de agosto de hace dos años, tras asediar Mosul, el Dáesh irrumpió violentamente en la ciudad Iraquí de Sinjar.

Aquella localidad alberga la mayor concentración de aldeas yazidíes del mundo. Los Yazidíes son una etnia con un culto religioso pre islámico que ha sobrevivido a 74 genocidios en su historia.

Aquel día murieron en las primeras horas en torno a 3.000 personas. A día de hoy, varias ONG siguen calculando el número de desaparecidos en lo que ya ha sido declarado como “el primer genocidio del siglo XXI”.

“Nada tiene sentido. Estamos aquí, en un campo de refugiados, conmemorando el segundo aniversario de la matanza de nuestro pueblo. Es muy difícil decirse a uno mismo que estamos mejor aquí que allí. Ese día, los Peshmerga se retiraron a la llegada del Dáesh. ¡No mataron ni a uno! En cambio, nosotros caíamos sin parar.”

Sahir sacó el móvil para enseñarnos varias fotografías. Él y su primo posaban sujetando una pancarta con las cifras de las pérdidas humanas aquel día. De los 5000 a 7000 mujeres y niños secuestrados, tan solo habían podido rescatar a 2600 personas desde agosto de ese año.

“Pero bueno, lo que importa es que los 28 que salimos de Iraq seguimos juntos. Eso es lo que la gente no entiende, ni siquiera los que están aquí.

Una casa no es necesariamente un hogar, y mira que la nuestra era bonita ¿eh? La construimos entre todos. Espera, que te enseño una foto –la casa de la imagen era grande, blanca y azul. Tenía una pequeña fuente en frente de la puerta-.

Tuvimos que vendérsela al contrabandista que nos intentó meter en Europa la primera vez. A la mitad de la huida, cuando andábamos por el bosque, nos abandonó. Era invierno y lo peor fue el viento; uno de los bebés estuvo a punto de morir. Conseguimos volver y también recuperamos la casa, pero el hogar no es eso; es mucho más. El hogar no te lo quita nadie más que tú.

Hubiese estado bien sentarse con Sahir y tomar uno de los doce tés de media que bebían al día los residentes en Ritsona. Hablar con él de cómo, seguramente sin saberlo, estaba reflexionando sobre las teorías etimológicas del ‘hogar’ y la diferencia que hacen la mayoría de lenguas latinas entre ‘sin techo’ y ‘sin hogar’. O sobre la relación intrínseca entre arte e inteligencia emocional. Pero Sahir no estaba ahí para discutir títulos ensayísticos sobre la búsqueda del hogar; él buscaba reafirmar lo que pensaba. A Sahir le ayudaba ver la sorpresa y admiración en la gente; sus ganas de vivir inspiraban hasta tal punto que cualquier persona con un mínimo de empatía conseguía llenarle de orgullo. Sacamos la cámara y comenzamos a grabar.

P: Nombre, nacionalidad y estancia en Ritsona
R: Me llamo Sahir Saido, vengo de Iraq, tengo 18 años y llevo más de 5 meses en Ritsona.

¿Cómo te ves en unos meses?
Fuera de aquí y con todos ellos. Volveré a estudiar ingeniería en cuanto llegue a Francia.

¿Crees que la Unión Europea os ayudará más por pertenecer a la etnia Yazidí?
¿Estás de broma? Mi pueblo ha sufrido ya 74 genocidios y nadie se ha enterado. Para Europa seguro que soy un árabe musulmán más. Cuando no soy ni uno, ni lo otro. Ni mejor ni peor, pero mi pueblo necesita protección. Quedamos muy pocos y no hemos hecho nada.

*¿Qué es el hogar para ti? *El hogar soy yo. ¿Lo entiendes? También eres tú; lo llevas contigo. Nadie puede quitártelo, solo si se llevan a los tuyos. Y aún así, ellos siguen creciendo dentro de ti.

Por Patricia Charro
Imagen: Verónica García -HomeWorld

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