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La Tierra vista como un planeta


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La Tierra vista como un planeta

A 149.6 millones de kilómetros del sol, con unos cuatro mil millones y medio de años de antigüedad, la Tierra es el único planeta capaz de albergar vida.

“El planeta Tierra es muy particular, como puede observar detrás de mi, es un planeta fascinante. La superficie está compuesta en un 70% de agua, las placas tectónicas están en continuo movimiento. La atmósfera es muy rica en oxígeno, nitrógeno y vapor de agua. Todos esos elementos son necesarios para la vida en un planeta como este”, explica Josef Aschbacher, director del Observatorio de la Tierra, ESA.

La historia de Roma está impregnada de ejemplos que nos recuerdan la importancia del agua para nuestro planeta que, a diferencia de Marte o Venus, posee la temperatura y la presión atmosférica idóneas para que el agua fluya en la superficie. También, fluye en las profundidades, lo vemos aquí, en Villa Medici, donde sigue activo un acueducto construido en la época romana.

“Nos encontramos en un tramo de uno de los acueductos más importantes que abastecían a Roma un siglo antes de nuestra era, el acueducto de Aqua Virgo”, explica Gabriele Scarascia-Mugnozza, profesor de ingeniería geológica de la Universidad de Roma La Sapienza.

“El agua es un componente importante en la formación del magma así como en el proceso de la formación de las rocas ya sean de origen volcánico o por el proceso de sedimentación. Por esta razón, el agua es crucial en la evolución del planeta Tierra.”

La llaman la ciudad eterna. Roma y sus monumentos parecen que han estado ahí siempre. Los materiales de construcción utilizados por los romanos proceden de la roca fundida debajo de la corteza terrestre.

“Roma es una extensión de las rocas volcánicas. Las famosas siete colinas están formadas por este tipo de roca que tiene una apelación particular, la llaman “tufo lionato” porque su color se asemeja al de las crines de un león”, explica Gabriele Scarascia-Mugnozza, profesor de ingeniería geológica de la Universidad de Roma La Sapienza.

Todo lo que ha servido para forjar nuestra civilización procede de la Tierra. Si observamos de cerca, dominan tres elementos, añade Gabriele Scarascia-Mugnozza: “Nuestro planeta está formado, básicamente, de hierro, silicatos y oxígeno, tres elemenos que suponen tres cuartas partes del material que encontramos en la Tierra.”

La Tierra tiene 12.742 kilómetros de diámetro, es un poco mayor que Venus y dos veces el tamaño de Marte.

Nuestro conocimiento de la Tierra es relativamente reciente. Los globos terráqueos conservados en el Instituto Nacional Italiano de Astrofísica datan de hace 500 años, una época en la que aún se debatía si el sol orbitaba alrededor de la Tierra.

“La comprensión sobre el funcionamiento del sistema solar es relativamente reciente. Hablamos de Galileo y de Newton y de otros pensadores. Obviamente, esto nos da otro punto de vista completamente diferente. En la época antigua, el hombre creía que la Tierra estaba en el centro del universo, ahora, sabemos que el sol se sitúa en el centro de un sistema planetario situado, a su vez, en el extremo de una galaxia que gira en la periferia de una parte remota del universo. Esto nos da, inmediatamente, una visión diferente de donde estamos y quienes somos”, explica Nichi D’Amico, presidente del Instituto Nacional Italiano de Astrofísica.

La Agencia Espacial Europea posee 15 estaciones de observación satelitales que envían datos al Centro de Observación de la Tierra situado en Roma. Estas antenas ofrecen una visión global, desde la humedad del suelo hasta la gravedad e incluso los cambios más sutiles en los polos magnéticos.

“En esta habitación monitorizamos toda la red de información que nos llega de las otras estaciones como la de Kiruna, en Suecia, la de Matera en el sur de Italia o la de Svalbard en Noruega”, explica Michael Rast, director de la Estrategia de Observación de la Tierra de la ESA.

“En estos momentos, el polo magnético está migrando a unos 40 kilómetros por año lo que nos llevaría, probablemente, a una inversión de los polos. Si tenemos en cuenta que esto no ha ocurrido en los últimos 700 000 años, los polos podrían invertirse en unos cuantos miles de años”, añade Rast.

Incluso las zonas más recónditas de nuestro planeta pueden ser observadas y medidas desde el espacio con una precisión hasta ahora desconocida.

El satélite, Cryosat, lanzado en 2010, ha mostrado el verdadero impacto del cambio climático en los polos.

“Hemos experimentado el verano en el Ártico más cálido que conocemos. El deshielo se está acelerando. En estos momentos, perdemos unos 125 kilómetros cuadrados de hielo al año en la Antártida y tres veces más en Groenlandia”, explica Michael Rast, director de la Estrategia de Observación de la Tierra de la ESA.

Está claro que la actividad humana del último siglo está teniendo una impronta en la Tierra, la emisión de gases de efecto invernadero está alterando el clima.

“Estamos generando cambios en nuestro planeta, eso es un hecho. La cuestión ahora está en comprender lo que está pasando para evitar daños mayores que acaben destruyendo nuestro planeta”, explica Josef Aschbacher, director del Observatorio de la Tierra, ESA.

La Tierra es un planeta que continuará evolucionando y transformándose durante miles de millones de años. Pero ¿qué papel vamos a desempeñar nosotros en este futuro?

EARTH ANIMATIONS COURTESY: @ZhengZoo

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