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Macron bajo el símbolo de la pirámide

El más joven presidente electo de la República francesa, Emmanuel Macron, decidió celebrar su victoria con sus simpatizantes bajo la pirámide del museo del Louvre en París, cerca de la sonrisa enigmá

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Macron bajo el símbolo de la pirámide

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El más joven presidente electo de la República francesa, Emmanuel Macron, decidió celebrar su victoria con sus simpatizantes bajo la pirámide del museo del Louvre en París, cerca de la sonrisa enigmática de la Gioconda y la momia que reposa en la sección de antigüedades egipcias.

Una pirámide construida bajo el mandato de uno de los mas monárquicos presidentes de Francia, el socialista François Mitterrand que quiso así dejar su impronta en la Historia, con H mayúscula.

Y es que antes de ser museo, el Louvre fue palacio, donde se crió el más emblematico de los reyes de Francia Luis XIV. Siendo niño, de noche, el joven rey con tan sólo 9 años tuvo que huir del palacio del Louvre, amenazada su vida y la de su madre, la que fuera infanta de España, Ana de Austria por una revuelta de la burguesía parisina. Desde ese día el joven Luis XIV nunca más se sintió seguro en ese palacio y en cuanto pudo construyó Versalles lejos de la furia parisina que casi dos siglos mas tarde acabó con la vida de Luis XVI.

El marido de María Antonieta fue guillotinado en la plaza de la Concordia, a unos metros del Louvre, lugar escogido por Nicolas Sarkozy para pronunciar su primer discurso presidencial tras ser elegido en mayo de 2007. La Concordia para Sarkozy sólo brilló ese día ya que suscitó la ira de media Francia contra él durante su mandato y perdió la reelección frente a François Hollande en mayo de 2012. Hollande, el todavía mandatario de Francia, hasta la investidura de Macron, escogió la revolucionaria plaza de la Bastilla para su primer discurso de presidente “normal” como él mismo se calificó. Pero entre escándalos personales y pésimas decisiones políticas, pasó de “normal” a banal, y su imagen presidencial se desmoronó como la prisión de la Bastilla de la que los revolucionarios no dejaron en pie ni una sola piedra.

Al elegir el llamado patio Napoleón del Louvre como escenario para su primer discurso público como presidente electo, Macron se sitúa entre modernidad y tradición; la modernidad de una pirámide de cristal y metal obra del arquitecto leoh Ming Pei en los años ochenta, y la tradición del Louvre, palacio desde el siglo XIV. La Francia actual oscila entre esa idea de “grandeur” del pasado y una modernidad necesaria como la reforma de algunas de sus instituciones y de la burocracia. Sólo cabe esperar que los muros del palacio presidencial del Elíseo no momifiquen al joven presidente y las ideas de cambio que Francia anhela y los tiempos piden.
Julio Ribeiro