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Real Madrid vs Atlético, la rivalidad de David contra Goliat que conserva el espíritu del fútbol de toda la vida


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Real Madrid vs Atlético, la rivalidad de David contra Goliat que conserva el espíritu del fútbol de toda la vida

A la pregunta de por qué alguien se hace aficionado del Real Madrid y del Atlético de Madrid suelen existir dos respuestas bien diferentes. Lo habitual es que un madridista responda con un contundente, “porque es un club señor, que promueve los valores del señorío” (les resulta mucho más complicado luego definir en qué consiste con exactitud eso del “señorío”).

Un seguidor del Atlético, en cambio, no podrá dar casi nunca una respuesta unívoca que explique su filiación con el equipo de las rayas rojas y blancas (como los antiguos colchones, de ahí el apelativo de “colchoneros”).

Es más, incluso el propio club realizó hace pocos años una campaña publicitaria institucional en medios de comunicación que fue muy alabada y que, justamente, se sustentaba en esa misma incomprensión irracional de los motivos por los que se es seguidor del Aleti (como suelen llamarlo sus seguidores en lenguaje coloquial).

En ese spot publicitario, un padre lleva a su hijo en el coche y el chaval pregunta, “papá, ¿por qué somos del Atleti?”. El padre es incapaz de ofrecer una respuesta a su hijo y permanece en silencio, esbozando sólo una leve sonrisa, mientras aparece el siguiente lema en pantalla: “No es fácil de explicar. Pero es algo muy grande”. Aquí se puede ver el anuncio.


En contraposición, los spots institucionales del Real Madrid suelen estar asociados a campañas de márketing de multinacionales de ropa deportiva, coches de lujo o a la exaltación de sus estrellas deportivas y de los continuos triunfos logrados.

El abismo entre madridistas y atléticos

A grandes rasgos, no resultaría demasiado desacertado sostener que en el imaginario colectivo de los aficionados madridistas existe una vinculación mucho mayor con el éxito en la vida personal, en los negocios y, por supuesto, en la exigencia sin excusas de obtener victorias deportivas siempre; mientras que suele existir una idea generalmente aceptada entre la afición atlética que encadena su pertenencia al Atlético con un cierto romanticismo y simpatía por las causas perdidas, algo inexplicable desde el punto de vista de la razón objetiva y que tiene que ver más con las emociones irracionales y la cultura canalla, de la calle, de barrio obrero.

Incluso puede comprobarse una correlación de estratos sociales y estatus económico en este esquema psicológico: la sede social y el estadio del Real Madrid, el Santiago Bernabéu, se encuentran enclavados en una de las zonas bien de la capital de España y en pleno corazón financiero del país, entre el Paseo de la Castellana y el Paseo de La Habana, entre los barrios de Chamartín y Salamanca, áreas donde suelen vivir familias con muy alto poder adquisitivo, tienen su sede buena parte de las multinacionales y se ubican las boutiques y restaurantes y zonas de ocio más exclusivas y caras de Madrid.

Nada que ver con las zonas tradicionalmente colchoneras que circundan el estadio Vicente Calderón, del Atlético. Construido en su día junto al río Manzanares y lo que fue una fábrica de cervezas, las calles que lo rodean rezuman pasión por lo rojiblanco en muchas de las ventanas y balcones de los bloques de viviendas de clase media-baja que conforman en gran medida los históricamente barrios obreros de Madrid, como Arganzuela, Latina, Carabanchel y Puerta del Ángel.

Frente a las boutiques exclusivas y los rascacielos de la parte norte de la ciudad, donde el Real Madrid atesora una presencia mayoritaria, en este lado de la capital lo habitual es encontrarse pequeños comercios, tiendas de comestibles y locutorios en manos de inmigrantes latinoamericanos, paquistaníes y chinos, en su mayoría, llegados a España en los últimos 20 años. Barrios muy castigados por el desempleo derivado de la reciente crisis económica.

Nuevamente, las campañas publicitarias que cada temporada lleva a cabo el Atlético de Madrid se sustentan en esa realidad social y económica, de inmigrantes y dureza de condiciones de vida y, más que fútbol, lo que reflejan es una forma de vivir. Otros ejemplos de los afamados spots publicitarios del Atlético dan fe de ello.


Es comprensible, por todo ello, que un enfrentamiento entre Real Madrid y Atlético de Madrid represente casi el partido de fútbol entre clubes más seguido en todo el mundo, sólo superado en audiencia televisiva (y a muy escasa distancia) por el conocido como “clásico” entre Real Madrid y Barcelona, según datos de la Liga de Fútbol Profesional española.

El derbi de los derbis

Ninguna otra batalla futbolística entre dos equipos de la misma ciudad, Madrid, es capaz de competir en Europa y el resto del mundo con las dimensiones desarrolladas por los partidos disputados en Champions entre Atlético de Madrid y Real Madrid. Un difícilmente explicable fuego de pasiones y sentimientos que se ha visto además atizado en los últimos tres años por las finales jugadas en 2014 y 2016 entre ambos clubes, decididas in extremis ambas a favor del Real Madrid, en el minuto 93’ (en el caso de Lisboa 2014) y en la tanda de penaltis, tras dos prórrogas (si hablamos de la edición pasada, Milán 2016). La UEFA, en su último informe de balance técnico, subraya que “casi 400 millones de espectadores en todo el mundo siguieron en directo” el desenlace de la final del año pasado entre los dos equipos madrileños. Ni siquiera la super bowl estadounidense es capaz de acercarse a esas dimensiones planetarias.

Y es precisamente esta aún no superada dolorosa fatalidad para los atléticos y festejadas, como en pocas ocasiones, agónicas victorias del lado de los aficionados blancos en las tres últimas ediciones de Champions, lo que ha mutado en el ingrediente especial para añadir más picante y mordiente si cabe a los duelos europeos entre Real Madrid y Atlético, acrecentando el sentimiento de lucha entre David contra Goliat en el lado de los vencidos y de buena parte de los aficionados considerados como neutros en el resto del planeta fútbol, que con frecuencia suelen adherirse a la consigna no escrita pero manifiesta en el inconsciente colectivo de “ponerse del lado del más débil”.

¿David contra Goliat

Porque resulta objetivamente evidente, atendiendo en exclusiva a los datos financieros y de historial de victorias internacionales, que el Real Madrid es un Goliat de proporciones formidables frente al Atlético de Madrid.

El Real Madrid admite un presupuesto para este año de más de 630 millones de euros, casi tres veces superior a los números en los que se maneja el Atlético, al margen de que la entidad blanca está presidida por Florentino Pérez, dueño del gigante ACS (holding considerado la mayor empresa de construcción de infraestructuras del mundo, con presencia en 65 países).

Las finanzas del Atlético de Madrid han crecido en el reciente lustro, cierto (en especial, tras la entrada en el capital social, comprando el 20% del club, de Wang Jianlin, el empresario calificado como el más rico de China, según la revista Forbes), pero permanecen aún a una distancia enorme de las que maneja el Real, sobre todo si se considera la capacidad milmillonaria y planetaria de generar ingresos en concepto de merchandising que atesoran el equipo blanco y sus estrellas deportivas (Cristiano Ronaldo, Bale, Benzema, Sergio Ramos, James Rodríguez…), transformando esa divergencia de músculo financiero en sideral. Salvo, tal vez Antoine Griezmann, el Atlético carece, realmente, de verdaderas estrellas futbolísticas con el empuje mediático necesario como para ser estimadas “una inversión que genere mayores ganancias”, en palabras del propio Florentino Pérez cuando explica los motivos de su filosofía de gestión de club, basada en la adquisición (últimamente por nunca menos de 80 millones de euros cada una) de al menos un jugador super top al año.

¿Quiere significar todo esto que sólo los pobres son aficionados del Atlético y que los ricos son del Madrid? Por supuesto que no, y las generalizaciones a menudo resultan inexactas, pero también encierran, en este caso, un alto componente de verdad y realidad.

Es cierto que, de manera histórica, al Real Madrid se lo ha considerado siempre muy bien relacionado con los estamentos del poder político y económico en España y que incluso sus detractores le afean haber sido “el equipo del Régimen” (en referencia a que el dictador Franco era acérrimo seguidor madridista), pero resultaría equívoco vincular la historia de éxitos deportivos del Madrid con esta circunstancia.

Porque no menos cierto es que también hay importantes personalidades actuales que reconocen de manera más o menos abierta el amor por los colores rojiblancos, como el actual ministro de Economía y, por supuesto, el Rey de España, Felipe VI. Conclusión, hasta a la Corona española se ha trasladado esta rivalidad inacabable entre Real Madrid y Atlético, porque el Rey emérito, Juan Carlos I (padre del actual monarca), es un entusiasta seguidor madridista.

Juan Pedro Manzano para euronews