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El descubrimiento de los huesos de Timoteo Mendieta, víctima del franquismo

Su hija, Ascensión buscó los huesos de su padre durante 78 años. Pudo dar con ellos cuando viajó más de diez mil kilómetros hasta Argentina y se sumó como querellante en la una causa forzó a la justicia española a actuar ante los delitos de lesa humanidad del franquismo. Las exhumaciones de dos fosas comunes permitieron a la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica recuperar 50 cuerpos de víctimas de desaparición forzada.

David es uno de los voluntarios de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de España, y es el encargado de pasar el detector de metales por el Cementerio de Guadalajara, a 70 kilómetros de la capital. David está buscando balas.

Timoteo Mendieta remains

Entre insultos a los elusivos metales, David encuentra el interior de plomo de una bala de Mauser. Cinco minutos después, el detector vuelve a sonar; un casquillo de pistola de 9 milímetros. “Y con ésto daban los tiros de gracia”, explica.

David pidió vacaciones en su trabajo de gestor ambiental y se sumó como voluntario al equipo de la ARMH, una de las organizaciones más importantes del país que se encarga, entre otras cosas, de desenterrar e identificar los cuerpos de las víctimas del franquismo.

El 9 de junio, 12 días después de que terminaran las excavaciones, el laboratorio genético de Madrid anuncia que entre las muestras extraídas por la Asociación estaba el ADN de Timoteo Mendieta.

La ARMH llevaba dos años buscándolo. En 2016 iniciaron la excavación de la fosa común, denominada simplemente “Fosa 01”; sacaron 22 cuerpos pero ninguno era el de él. En todos los casos, los restos mostraban claros signos de tortura y ejecución.

En 2017 y tras otro pedido judicial, abrieron la “Fosa 01”. Esta vez recuperaron 24 cuerpos. Una vez más, todos poseían evidencia de la desaparición forzada y posteriores asesinatos. Según el análisis osteológico y de ADN, Timoteo Mendieta era el primer cuerpo de la “Fosa 01”: el primero que fue desenterrado en el año. Hay otras 16 fosas comunes en el cementerio.

Timoteo Mendieta se convirtió en una referencia. El 14 de abril de 2010, organizaciones de derechos humanos de España y Argentina, junto al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, presentaron una querella. Una causa iniciada a más de diez mil kilómetros de distancia para que España inicie la investigación sobre la dictadura franquista y los crímenes de lesa humanidad que ocurrieron en su territorio.

“Los crímenes de lesa humanidad no prescriben”, sostuvo la Jueza argentina María Romilda Servini de Cubría, que se basó en el derecho internacional y en los acuerdos internacionales a los que España ha suscrito pero que no cumplía en su territorio.

La familia Mendieta se sumó a la Querella Argentina: querían que la causa presionara al gobierno de su país a encontrar al padre de Ascensión; Timoteo. Había sido delegado de la Unión General de Trabajadores (UGT) y en 1939 fue secuestrado, y después de pasar varios días en prisión, lo ejecutaron. Enterraron su cuerpo en las fosas comunes de Guadalajara, a 70 kilómetros de la capital. Después de 78 años, se pudo determinar la ubicación exacta de sus restos.

La segunda exhumación en el cementerio transcurrió durante el mes de mayo de este año. Los arqueólogos, voluntarios todos y miembros de una organización que no recibe apoyo del Estado, sabían que bajo de cada lápida había una fosa común: tenían los libros de enterramiento del Cementerio. Allí figuraba que en cada fosa de cuatro metros de profundidad había entre veinte y veinticinco cuerpos, en grupos unos sobre el otro. “Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra”, dijeron los referentes de la Asociación.

La causa de la acción iniciada por la familia Mendieta no tiene precedentes en España; fue necesario que la Justicia argentina enviara un exhorto a la justicia española para poder abrir las fosas. Si algún familiar de desaparecidos quiere recuperar los cuerpos de las otras 16 fosas, deben hacer la misma ruta legal que la familia Mendieta: viajar a otro país, iniciar los procedimientos penales internacionales y obligar a los tribunales propios.

Pablo de Greiff es el relator de las Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. En agosto de 2012, después de visitar España, escribió un informe. “Los mayores vacíos se evidencian en materia de verdad y justicia”, dijo.

“El Relator Especial nota con preocupación que no se estableció nunca una política de Estado para la promoción de la verdad y que la Ley 52/2007 no soluciona en absoluto este problema. Incluso si existieran datos oficiales, no hay un mecanismo especial de esclarecimiento de la verdad que los centralice y analice. Estos mecanismos, además de proporcionar información y promover el conocimiento de los hechos, permiten el reconocimiento oficial de los mismos”, decía el texto.

El enviado de la ONU concluye que el Estado español no reconoce lo que sucedió durante la Guerra Civil y la dictadura; y sostiene que tampoco existen censos oficiales de víctimas, no hay datos o estimaciones oficiales sobre el número total de muertos.

La ley 52/2007 que De Greiff nombraba en su análisis es la Ley de Memoria Histórica. En 2016 el gobierno de Mariano Rajoy decidió que esa ley no tuviera más presupuesto para las exhumaciones, por lo que los trabajos como el de la ARMH corren por cuenta de donaciones privadas y trabajadores voluntarios.

En 2016 el periodista Jordi Évole entrevistó a Rajoy. Le preguntó acerca del hecho que haya españoles que todavía no saben dónde están sus abuelos. “A mí me gustaría que todo el mundo supiera dónde están enterrados sus abuelos, pero no tengo claro que sea cierto esto que usted me dice, ni que el Gobierno pueda hacer nada por arreglarlo”, dijo el presidente de la República.

“Sólo quiero un hueso de mi padre. Quiero poder enterrarlo y que cuando muera, me entierren a su lado”, dijo Ascensión Mendieta a la prensa pocos días antes de recibir la notificación del Laboratorio.

En España hay más de 116,000 personas desaparecidas con destinos similares al de Timoteo y que nadie sabe con seguridad dónde están. Incluso hasta los últimos días de trabajo, el equipo de voluntarios de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica siguió encontrando balas y proyectiles que los soldados usaban para disparar a los republicanos frente al paredón de fusilamiento. Bajo la tierra, incontables huesos siguen esperando su turno en la búsqueda de memoria y justicia.

Texto, fotos y vídeo de Julia Varela y Hernán Crespo para euronews

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