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Cocineros refugiados de vuelta al fogón


Bélgica

Cocineros refugiados de vuelta al fogón

En Bagdad, Amer Mohsen solía trabajar de policía por las mañanas y de cocinero por las tardes. Ensalada iraquí, tabouleh, barbacoa de pollo eran sus platos preferidos. Pero cuando los milicianos dispararon a su casa, supo que había llegado el momento de dejar su país para siempre.

En Damasco, Abdell Baset se especializaba en ofrecer catering para bodas. Cuando comenzó la guerra y el ejército le llamó a filas, se negó. “No quería tomar parte en esa estúpida guerra”, explica.

Turquía, una balsa a las isla griegas, los Balcanes: la ruta de escape habitual.

Ahora, en Bruselas, por unos días les han dejado usar la cocina de algunos restaurantes locales para que puedan mostrar sus habilidades, a la vez que la gente tenga la oportunidad de descubrir nuevas tradiciones culinarias.

Los dos se vieron forzados a huir y a convertirse en refugiados por la guerra, pero ahora pueden volver a hacer lo que mejor saben: cocinar.


Se llama el Refugee Food Festival. Más de cincuenta restaurantes de trece ciudades europeas están participando.

“Este evento es una buena oportunidad para que la gente conozca más sobre el lugar del que venimos, nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestro idioma… y para que nos juntemos, como dijeron Michael Jackson y los Beatles”, dice Baset.

El objetivo es ayudar a los refugiados a encontrar un trabajo en la restauración, cambiar la visión que la sociedad tiene de ellos y disfrutar de la comida de otros lugares.


“La gastronomía es universal, algo que todos compartimos sin importar nuestra cultura, civilización o estado social. Al mismo tiempo es algo muy íntimo, porque nos recuerda a nuestra madre, nuestra abuela”, dice Marine Mandrila, cofundadora de Food Sweet Food y organizadora del festival.

Durante la primera edición, que tuvo lugar en París con motivo del día mundial del refugiado, once restaurantes abrieron sus cocinas a ocho refugiados durante cinco días.

“Queríamos apoyar la acogida de los refugiados en Francia y confrontar la visión negativa de los refugiados que tienen cuando llegan a Europa”, dice Mandrila.

Fue un éxito, así que este año decidieron llevarlo por toda Europa.

Crearon una guía para que cualquiera pudiera organizar un festival en su ciudad. En Bruselas, Raphael Beaumond fue quien se animó a organizarlo, ya que tenía experiencia previa con refugiados en el campo de Zaatari, en Jordania.

“Planeamos tener restaurantes a distintos precios y mostrar diversos tipos de cocina. Aunque todos los restaurantes comparten la misma filosofía”, dice en Henri, el local donde Mohsen está preparando una receta de origen iraquí a la cual el chef local le está dando un toque belga.


Para identificar y seleccionar a los refugiados, acudieron a la agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR.

“Ayudar a los refugiados es mucho más que simplemente darles un tarjeta de refugiados. Cuando dejan sus países por motivos de persecución o guerra, no tienen nada. Así que necesitan recomenzar sus vidas de nuevo. Necesitan un trabajo, tener a su familia cerca, aprender nuevos idiomas… para lograr integrarse en la sociedad de acogida”, explica Vanessa Saenen, jefa de prensa en ACNUR-Bruselas.

Mohsen sueña con abrir un restaurante en el que se fusionen la cocina de Medio Oriente y Europa, mientras espera que lleguen el mes que viene su esposa, Evan, y sus dos hijas, Aya y Dinahe.

Baset quiere tener su propio programa de cocina en la tele, nada menos. Y también quiere participar en el programa de la televisión flamenca TV4 Ven a cenar a casa, en el que varios concursantes compiten sobre quién organiza mejor una cena. Para entrar, se ha apuntado a un curso intensivo de flamenco. “Me voy a presentar las veces que haga falta hasta que lo consiga”, dice.

Mientras tanto, el Festival continúa de gira. Las próximas paradas serán Amsterdam (18 al 21 de junio), Milán (16 al 20 de junio), Bari (18 de junio), Roma (20 de junio) y París (23 y 24 de junio).

Alejandro Vivancos, Bruselas