Última hora

Leyendo ahora:

Los trabajadores pobres, la otra cara del "milagro" alemán


insiders

Los trabajadores pobres, la otra cara del "milagro" alemán

Con una economía floreciente y las cifras de paro bajas… La gente continúa haciendo cola ante las oficinas de empleo alemanas.

Estamos en Berlín. Muchos de los que esperan aquí tienen trabajo. Pero son “trabajadores pobres”, es decir, necesitan prestaciones sociales para compensar sus bajos ingresos.

Cuentan con varios mini empleos mal remunerados. Aunque muchos sean trabajadores cualificados.

Alemania debe, por tanto, gestionar el incremento del número de pensionistas pobres, como Monika. Ha estudiado formación profesional en Dirección de Ventas. Pero nunca ha tenido la suerte de poder firmar un contrato a tiempo completo.

“No quieren pagar”, se queja Monika Sagertsch. “Soy demasiado cara. Prefieren contratar a gente no cualificada que cobra 8 euros y medio por hora. A mí me tendrían que pagar un sueldo oficial más alto”.

Autoemplearse y multiemplearse para sobrevivir

Nos vamos hasta Halle, en el este del país. La reunificación alemana exigió un gran aumento de las ofertas de puestos de trabajo. Las empresas se quejaron de los elevados costes laborales que implicaban. Y el reto de Alemania era mantener su competitividad.

Insiders - Filming 'Poor Germany'

Rolf Maurer, artesano de sesenta años, lo sufrió en carne propia.

En 2003, Alemania promovió una reforma laboral radical: menos dinero para prestaciones para parados, luz verde a las agencias de empleo temporal. Las palabras mágicas: “liberalización” y “flexibilidad”.
Como resultado de todo aquello, creció el sector de sueldos bajos y se redujo la tasa de desempleo. Pero, a cambio, aumentó la pobreza relativa.

“Estamos en la casa de Rolf Maurer: un artesano muy cualificado. Puede arreglar cualquier cosa. Busca a sus clientes por internet. Su modelo de negocio, la flexibilidad total. ¿Esto significa que un día gana mucho dinero y otro día nada? ¿Cuáles son los riesgos a los que se enfrenta?

“Nunca puedo saber si mañana o pasado mañana tendré trabajo, ni qué tipo de trabajó será”, cuenta Maurer. “Además de eso, corro el riesgo de que los clientes no me paguen…”

“Usted se autoemplea, cargando con todas las cargas laborales. ¿Cómo se traduce esto en términos de sueldo por hora?”

“La Cámara de Artesanos me recomienda cobrar como mínimo 35 euros por hora. Pero en los últimos años, desde que ofrezco mis servicios por internet, cobro mucho menos, entre quince y diez euros…”

No es un país para viejos

Lo primero para Maurer es pagar el alquiler de su pequeño apartamento en un bloque de viviendas sociales. Lo segundo, comprar herramientas que le permitan realizar un buen trabajo. No le queda dinero para pagar un plan de pensiones.

Cuando era joven tenía un empleo fijo en una fundición. Pero la planta cerró. Luego vivió años sin trabajo o con contratos subvencionados de corta duración. Sin oportunidades de conseguir una ocupación a tiempo completo, en la oficina de empleo le han dicho que le consideran demasiado mayor…

Decidió entonces abandonar el círculo vicioso de las prestaciones y optar por el autoempleo.

“A mi edad no es muy agradable tener que autoemplearse. Porque cuando se llega a cierta edad, lo que te gustaría es tener un trabajo fijo normal. A los sesenta años no tienes ganas de empezar un negocio arriesgado desde cero”.

Maurer no contempla la posibilidad de retirarse pronto, confirmando una tendencia en alza: El porcentaje de alemanes trabajando en edad de jubilación se ha duplicado en los últimos diez años. Ha pasado del cinco al once por ciento para el grupo de entre 65 y 74 años.
A la mayoría no le queda más remedio que hacerlo para compensar sus pensiones mínimas.

“Adapto el horario de trabajo a los deseos del cliente. Si quiere que trabaje los fines de semana, lo hago. Si quiere que trabaje por la noche, lo hago. Soy totalmente flexible para que quede satisfecho”.

Berlín, capital de la precariedad

Volvemos a Berlín. Algunos sindicalistas llaman a la ciudad “la capital del empleo precario y el trabajo pobre”. Como Dierk Hierschel, economista jefe de una de las organizaciones más grandes de Alemania, “ver.di”, acrónimo de Sindicato de Servicios Unidos.

“En Alemania tenemos el problema de que uno de cada cinco trabajadores gana menos de diez euros por hora, por lo que está considerado un trabajador pobre. Es el resultado de la destrucción de las reglas del mercado laboral. Alemania es un país rico, de eso no hay duda. Pero es también un país dividido socialmente. En este país rico existe el trabajo pobre, gente que trabaja cuarenta o cincuenta horas por semana pero que no gana lo suficiente para vivir”.

Los sectores más afectados por este fenómeno son los de la construcción, la hostelería, la venta minorista y el de servicios en general. Pero también incluye profesiones que requieren largos años de estudios: Adriana y Jan enseñan música en una escuela pública de Berlín. Han quedado con Tilman, un amigo vídeo blogero.

“Hola colegas. Bienvenidos a mi último vídeo blog”, dice Tilman. “Hoy he invitado a dos compañeros para charlar sobre un tema realmente importante: las pensiones. Aquí están. ¡Hola!”

Comparten experiencias: Jan, casado y con dos hijos, se esfuerza para poder ahorrar algo para su plan de pensiones.
Adriana es profesora de música desde hace veinte años. Se jubilará en 2033. La carta que recibió sobre el monto de su futura pensión la dejó en estado de shock.

“Nadie me cree cuando se lo cuento…”, explica Adriana Balboa. “Te enseño la notificación oficial sobre mi futura pensión. Aquí está, negro sobre blanco. Recibiré una pensión de 351 euros con ochenta céntimos. Solo por mi apartamento ya tengo que pagar 400. Mi pensión no me servirá ni para cubrir el alquiler”.

“¿351 euros? ¡Eso no es nada!”, se escandaliza Tilman. “Es la consecuencia de los contratos de autónomo, estar obligado a facturar por horas, a no cobrar vacaciones, a no tener ingresos estables. Soportamos todo el riesgo del negocio. ¿Alguna solución?”

“Se está preparando un convenio laboral para el personal de escuelas de música”, segura Jan Hoppenstedt. “¡Se trata de tener un sueldo decente! ¡De abandonar los contratos de autónomos por horas! De continuar cobrando si enfermamos… Ahora mismo, si caes enfermo, te quedas rápidamente sin dinero… ¡Y cuando una mujer tiene un hijo, no debería perder su trabajo de forma instantánea!

“Aquí en Berlín tenemos muy pocos puestos fijos”, añade Balboa. “La peor situación de toda Alemania. El 93% somos autónomos y solo un 7% forma parte de una plantilla fija”.

El Gobierno de la ciudad ha anunciado que pronto ese siete por ciento pasará a veinte. Para estos amigos, sigue sin ser suficiente.

Tilman ha compuesto una canción protesta sobre el tema.

“Largos estudios pero solo trabajadores precarios”, dice la letra. “La paga solo llega para comprar un kebab. La música no paga en una capital cultural como Berlín…”

ALL VIEWS

Teclear para averiguar