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Andalucía, ante el riesgo de ser eternamente pobre

Verano en Sevilla, en el sur de España.

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Andalucía, ante el riesgo de ser eternamente pobre

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Verano en Sevilla, en el sur de España. Estos niños esquivan las temperaturas extremas de la capital andaluza en una piscina pública de las afueras.

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"Los políticos no van más que a engordarse los bolsillos. Solo piensan en ellos, en chupar de la teta gorda. Y nosotros somos los últimos del mundo, la gente pobre, más pobre todavía y ellos más ricos."

Pertenecen a familias con pocos recursos que no han conseguido mejorar su situación a pesar de la recuperación económica del país.

Dar de comer a los niños

Les seguimos, junto a los monitores de la asociación Entre Amigos, hasta el Polígono Sur, conocido como las 3000 Viviendas, una de las zonas más pobres de España.

Durante las vacaciones, este grupo reparte comida a diario entre cientos de niños en los colegios del barrio.
Un programa lanzado hace tres años en todo el país por la ONG Educo.

“Nuestro programa de becas comedor de verano hemos recibido un cuarenta por ciento más de solicitudes este año respecto al año pasado”, comenta Fernando Rodríguez, delegado territorial de Educo Andalucía. “Esta crisis económica vino acompañada de recortes sobre todo en lo social, en educación, en salud. Esto llevó a muchas familias a intentar sobrellevar esa carga económica del pago de esta comida. No podemos hablar de hambre en España, no. Pero sí podemos hablar de malnutrición”.

Según un estudio de la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social de 2016, un 43% de la población andaluza se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión.

A pesar de ser un renombrado destino turístico, Sevilla es la quinta ciudad más pobre de España.

Situación que se ha extendido a familias de clase media.
Como la de Salud Funes.

La vida entre empleos precarios

Todas las mañanas, acompaña a sus gemelos a una escuela del barrio de Palmete antes de ir a trabajar.

Aquí, la ONG Save the Children organiza juegos y actividades educativas.

Una ayuda que compensa carencias del sistema social público.

“Se han sumado nuevas familias que han perdido poder adquisitivo porque han perdido su empleo o están trabajando en condiciones muy precarias, y además han perdido todas las ayudas públicas”, cuenta Javier Cuenca, responsable de Save the Children en Andalucía. “Y tenemos la gran preocupación de que esa pobreza se está cronificando”.

Salud y su familia viven en casa de sus padres, compartiendo techo, además, con la familia de su hermana y la de su hermano.

Con sus ingresos como asistenta y los de su marido, albañil, no tienen suficiente para alquilar una vivienda.

“Mi madre es la que nos está ayudando. Nos pone un plato de comida en la mesa todos los días. Y les compra el desayuno a los niños, y así estamos”.

En paro durante varios años antes de la crisis, el marido de Salud encontró trabajo hace unos meses.

Los ingresos de la pareja nunca son estables.

“El primer mes cobró no sé si fueron 800, el segundo unos 900, hasta este último mes que ha cobrado 550 euros. Un desastre total, que todos los meses no sabemos… Porque yo, dependiendo de las horas que eche cobro más o cobro menos. Voy guardando los meses que tengo más, voy sacando de lo que tengo guardado para poder pagar. Hay meses que no puedo ni con las facturas”.

Sobrevivir a la hipoteca

En el centro de la ciudad quedamos con Manolo Garrido, miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, movimiento social aparecido en 2009 en Barcelona y ahora presente en todo el país.

Tweet de la PAH en defensa de un hombre amenazado por el desahucio.

Antiguos empleados, pero también directivos o empresarios, la mayoría de los que están aquí gozaban de una situación económica desahogada.
Pero la crisis dio la vuelta a sus vidas.
Endeudados e incapaces de hacer frente a las condiciones draconianas de los bancos, algunos fueron desahuciados de sus hogares, otros viven bajo la amenaza de serlo.

“Aquí consiguen esa tranquilidad, se les ayuda y consiguen comprender que se negocia”, asegura Manolo Garrido, portavoz de la Plataforma Afectados por la Hipoteca de Sevilla. “Y aunque no puedan pagar, llegamos a soluciones, pero no se quedan directamente en la calle como en un principio podrían pensar.

Celestina Velasco dirigía junto a su marido su propia empresa de construcción, que empleaba a quince personas.
Cuando sus principales clientes dejaron de pagarles, no pudieron cumplir con créditos y deudas.
Se declararon en quiebra.
Perdieron su casa y los locales de la empresa serán subastados.

“Mira, Valerie, este era mi local”, dice Celestina Velasco. “He perdido la vivienda. El local está en vías de que salga el juicio para que se lo quede el banco. Y aún así seguiré debiéndole al banco…para toda mi vida”.

Celestina vive ahora con sus dos hijos, en la casa de uno de ellos, de 25 años. Él, mileurista,mantiene a la familia.

La quiebra, además, condujo a Celestina a una profunda depresión y al divorcio.
A los 53 años, intenta mantenerse a flote.
Acaba de encontrar trabajo en una empresa de servicios para ancianos con el que gana 500 euros al mes.

“Tengo para dos o tres meses, no sé para cuánto tendré. Estoy todos los días buscando trabajo, no paro. Pido ayuda a la asistenta social, pido ayuda a Cáritas, que siempre nos ponen en contacto con personas y aparte de eso echando currículums por los restaurantes, por los bares, por ahí intento sacar algo”.

España cuenta con una de las tasas de crecimiento económico más altas de la zona euro.
Pero los índices de pobreza en Andalucía son los mismos que en el momento más álgido de la crisis, nos cuenta el responsable regional de Cáritas.

Para Mariano Pérez de Ayala, las políticas de austeridad y la reforma laboral solo han conseguido aumentar la precariedad.

“Tenemos un sistema que corrige muy poco las desigualdades en los momentos de bonanza económica, destruye mucho empleo y crea mucha desigualdad en los momentos de crisis. Y la crisis ha arrasado con muchas conquistas sociales en Europa. Y se va imponiendo un modelo ideológicamente de corte neoliberal que restringe políticas sociales y todas las reformas que ponen en marcha son restrictivas de lo que yo creo que han sido conquistas de los últimos años”.

Hace nueve años que Asunción Campanario no tiene empleo fijo, por lo que decidió trabajar por su cuenta.

Todas las semanas compra mercancía al por mayor que luego revende en mercadillos callejeros o donde puede.

A su cargo, dos hijos y su propia madre. No podría salir adelante sin el apoyo de una asociación caritativa.

“He tenido un bar propio. He trabajado también en bares, he estado trabajando en almacenes de venta al por mayor, de bisutería y complementos. Mi marido también ha trabajado en todo lo que le ha salido. Era ascensorista, también como albañil, hemos trabajado en todo lo que nos ha salido y no nos iba mal. Trabajábamos cada uno en una empresa. Ahora no, ahora tenemos que trabajar mucho más para alomejor ganar mucho menos”.

Quedamos con Asunción la mañana siguiente en el mercadillo.

“Las ventas hoy están flojitas porque hace mucho calor y hay muy poca gente, pero yo me estoy defendiendo. Soy una persona que pregono mucho, así que algo vendo”.

Asunción pone al mal tiempo buena cara. Pero no consigue ver el final del túnel.

“Va para largo. Los políticos no van más que a engordarse los bolsillos ellos. Solo piensan en ellos, en chupar de la teta gorda. Y nosotros somos los últimos del mundo, la gente pobre, más pobres todavía y ellos más ricos. El rico, más rico y el pobre, más pobre. Lo que ha sido siempre”.