Última hora

Leyendo ahora:

Judíos rumanos piden más indemnizaciones a Alemania


Rumanía

Judíos rumanos piden más indemnizaciones a Alemania

Hace setenta y seis años, el niño de 10 años René Aisman y su familia se refugiaron en el sótano de una casa en Iasi, Rumania. Durante un par de días en los alrededores catorce mil de sus compañeros de judíos murieron violentamente; o masacrados por bandas rumanas paramilitares de extrema derecha colaboradoras del régimen nazi o asfixiados en los trenes de la muerte. No había más solución que huir, Rumanía había entrado de lleno en el Pacto Tripartito.

El abuelo de René estaba en uno de los trenes, aunque su familia nunca ha sabido cómo ni dónde murió.

Este mes, el gobierno alemán ha decidido reconocer la responsabilidad subsidiaria del Estado en las matanzas que se produjeron poco después de la entrada de Rumanía en la II Guerra Mundial como aliada de la Alemania de Hitler y pagar una compensación a los supervivientes.

Rene no conseguirá nada. Murió hace dos años en Israel a los 84 años, uno más de una lista cada vez mayor de judíos rumanos para los que la rueda de la justicia se mueven con demasiada lentitud e ineficacia.

‘No es solo cuestión de dinero’

Su hermana, Anette Vainer (en la foto con su marido Aurel) será indemnizada si todo se hace con prontitud. Pero para ella el dinero no es lo prioritario.

“Estoy bastante fuerte, para mi edad, sabe Dios si voy a recibir algo … Si consigo algo, estupendo, si no … esto no es solo cuestión de dinero” asegura.

“Había tantas cosas que yo no entendía cuando era pequeña que … Así que muchas personas murieron y claro, estabas pensando en otras cosas no se trata de dinero. Si van a pagar, por supuesto que está bien. Eso no es lo que más me duele”, aseguró a Euronews.

Los que sufrieron la humillación y el miedo de ver cómo el mundo se derrumbaba a su alrededor están excluidos del programa del gobierno alemán.

Por ejemplo, el marido de Anette, Aurel, de 85 años, que creció en la pequeña ciudad de Stefanesti, en el condado de Botosani, en el este de Rumania.

“Yo tenía 10 años y una mañana, creo que era sábado o domingo, toda la familia estaba reunida. Yo formaba parte de una familia más amplia, con siete hijos. Aparecieron dos hombres con uniformes de legionarios y le dijeron a mi padre: señor, hemos venido a expropiarle todos sus bienes. Y se quedaron con todo, la tierra, los animales y la maquinaria utilizada para la granja”.

Todo se derrumbó a su alrededor. La familia entera tuvo que huir hasta la capital de la región, Botosani. Dejaron todo atrás. En Botosani una nueva ley decretaba el lugar preciso de la ciudad en el que debían vivir los judíos.

“A los judíos no se nos permitía ir al mercado antes de las diez de la mañana y a esa hora, en plena guerra, había hambre y nos encontrábamos únicamente puestos vacíos”.

Sin embargo, la familia Vainer tuvo “la suerte” gracias a las conexiones de negocios del padre de hacer lo que otros no podían y seguir adelante, una vez más, esta vez hacia la capital rumana, Bucarest. Allí, los nueve miembros de la familia comparten un apartamento alquilado de dos habitaciones, mientras los niños mayores son incluídos en obras de trabajos forzados.

“Todavía tengo en la cabeza esas imágenes de caravanas humanas, los ancianos y los niños, gente que lleva sus posesiones en cochecitos de niños,” recuerda.

Criterios de compensación

Hoy en día, el señor Vainer recibe sólo una pensión mensual de mil lei (unos 219 euros) por parte del gobierno rumano por su sufrimiento en Botosani pero no se reconoce como gueto según los criterios establecidos por el ministerio de Finanzas de Alemania.

Las condiciones para recibir una asignación mensual de Alemania de 336 euros, son haber estado:

  • Encarcelado en un campo de concentración o en un campo de trabajo o batallón durante los períodos de tiempo específicos definidos por el ministerio de Finanzas de Alemania
  • Encarcelado durante al menos tres meses en un gueto o un gueto abierto, tal como lo define el ministerio de Finanzas de Alemania.
  • Oculto durante al menos cuatro meses, en condiciones inhumanas y sin acceso al mundo exterior en territorio alemán, territorio ocupado o estados satélites del régimen de Hitler.
  • Huído y viviendo ilegalmente encubierto bajo identidad falsa o con documentos falsos durante al menos seis meses en condiciones inhumanas en la Alemania nazi, territorios ocupados o estados satélites o haber sido fruto de un embarazo durante el que la madre sufrió persecución.

Vainer nos dice que antes de que sea demasiado tarde para los últimos supervivientes los criterios de reparación deberían ser ampliados para reconocer guetos como en el que su familia estuvo atrapada en Botosani.

“Podemos contar con los dedos los supervivientes de la matanza de Iasi. Hay que darse cuenta de que los que vivieron durante el pogromo de Iasi ahora son muy mayores”.

Además de actuar rápidamente el gobierno alemán podría ofrecer también algunas compensaciones a los descendientes de aquellos que nunca recibieron indemnización alguna en vida asegura Liviu Beris, de 89 años, superviviente y presidente de la Asociación de Judios Rumanos Víctimas del Holocausto.

“Por supuesto que no hay cura posible para los supervivientes pero si es posible hacer que sus condiciones de vida sean más llevaderas. Además, los descendientes de las víctimas deben ser beneficiarios de compensaciones porque, ¿acaso tuvieron una vida normal?”.