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La dramática situación en Venezuela ya traspasa fronteras. Según la policía de Brasil, 7.600 ciudadanos del país vecino han pedido refugio en los primeros seis meses de 2017, una cifra que supera el total de los cinco años anteriores. Pese a las esperanzas, El panorama no es halagüeño en el nuevo destino, un territorio inmerso en una crisis económica que ha dejado a 14 millones de personas sin empleo.

“Tratan mal a los venezolanos. Y nosotros no estamos robando. Nosotros estamos trabajando honradamente para poder ayudar porque no estamos aquí porque queremos. Estamos aquí por la necesidad, porque si no estaríamos en nuestro país amado”, asegura Leudi Medina, una refugiada de 19 años.

Los recién llegados a Boa Vista buscan el modo de ganarse la vida. Es la capital del estado de Roraima, limítrofe con Venezuela y cuyas autoridades han eliminado las tasas que deben pagar los inmigrantes para regularizar su situación aduciendo la “crisis humanitaria” que se vive bajo el Gobierno de Nicolás Maduro. Los afectados señalan que abandonan su tierra por el hambre, la violencia, la falta de trabajo y el temor a la policía bolivariana.

“Nosotros teníamos allá en Venezuela comodidades y tuvimos que dejar todo eso por la represión, allá no sirve nada”, comenta otra refugiada.

La ONG’s intentan suministrar alimentos a los venezolanos que llegan desesperados desde su país de origen.

“Ellos nos dicen que Venezuela está al borde de una guerra civil, y si eso pasa el flujo migratorio sería enorme”, sostiene la hermana Clara, de Fraternidade Internacional en Roraima.

Según la Agencia de Refugiados para la ONU, en 2012 hubo 505 solicitudes de asilo de venezolanos. En 2016, ese número llegó a 34.200. Un incremento de casi el 9.000% que evidencia un éxodo.