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Barcelona se enfrenta al boom de los pisos turísticos y el aumento del alquiler


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Barcelona se enfrenta al boom de los pisos turísticos y el aumento del alquiler

Alquilar un apartamento a los turistas que visitan Barcelona puede ser muy tentador. Según Jordi Mallafré, un ciudadano que anuncia su vivienda en plataformas como Airbnb, “es más rentable” que el alquiler residencial.

Con un arrendamiento de larga duración podría ganar unos 1.000 euros mensuales. En cambio, con un piso de uso turístico puede incluso llegar a cuadruplicar esta cifra. “Hasta final de año lo tengo lleno y ya hay reservas para el año que viene”, asegura.

El de Mallafré es uno de los 10.000 pisos turísticos legales que hay en la ciudad, según el Ayuntamiento de Barcelona, que calcula que hay más de 6.000 que no tienen licencia, la mayoría en Airbnb.

El consistorio “ha dedicado todos los esfuerzos posibles para evitar la proliferación de prácticas ilegales”, con más inspectores y sanciones, según Janet Sanz, teniente de alcaldía de Ecologismo, Urbanismo y Movilidad. Finalmente, este agosto, Airbnb se ha comprometido a retirar de su web más de 1.000 pisos ilegales, después de haber recibido una multa de 600.000 euros por reincidencia.

Sin embargo, el aumento de pisos turísticos durante los últimos años ha comportado las quejas de los vecinos, especialmente en barrios como el de la Barceloneta. “Ningún piso turístico” se puede leer en algunos de los balcones de los edificios. Joan Antoni Hermo, vecino del barrio, se queja de la masificación y de los turistas incívicos. “Los viernes, sábados y domingos es horrible, por el ruido y la suciedad. Es una barbaridad”, explica.

Por su parte, Teresa Travieso, que tiene una tienda de marionetas en el Gótico, otro de los barrios afectados, admite que “atribuimos muchas cosas al turismo, pero la verdad es que el incivismo existe tanto entre los residentes como entre los extranjeros”.

El incremento de apartamentos turísticos y la compra por parte de fondos de inversión de edificios enteros para construir pisos de lujo, además de una oferta escasa y una demanda elevada, ha provocado, según Joan Balañach, vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas de Barcelona, un aumento del precio del alquiler.

Según el departamento de Estadística del Ayuntamiento, el importe medio mensual ha pasado de los 688 euros del año 2014 a los 845 del 2017 (+22%), en una ciudad en la cual un salario de unos 1.000 al mes es habitual. “Barcelona vive una nueva burbuja inmobiliaria”, apunta.

Esta situación está comportando “la expulsión de vecinos de los barrios”. “Hay auténticos dramas en familias que llevan toda la vida en un mismo barrio y que se ven obligadas a dejarlo, ya que, o bien no pueden afrontar el incremento desmesurado del alquiler o no les renuevan el contrato”, lamenta Balañach.

David Herencia, director comercial del portal inmobiliario Idealista, considera, en cambio, que el impacto de los pisos turísticos no es tan importante. “Afecta menos de lo que se piensa”, afirma. Además, añade que durante el 2017 los precios del alquiler se han estabilizado, lo que es un síntoma de que “podrían haber tocado techo”.

Eso espera Victoria Sanantón, residente en Barcelona que busca vivienda de alquiler desde hace más de tres meses. “En medio año las condiciones han pasado a ser inconcebibles”, admite, al mismo tiempo que lamenta que se encuentra con pisos con una superficie inferior a 30 metros cuadrados y en mal estado.

Para paliar la situación, el Ayuntamiento de Barcelona prevé destinar este año 160 millones de euros a acciones como la compra de edificios de pisos para evitar que los adquieran grandes inversores, la construcción de nuevas viviendas para alquilarlas a precios asequibles y las ayudas para pagar el alquiler.

Anna Lladó.