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Pueden los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils dañar al sector turístico?

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Pueden los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils dañar al sector turístico?

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Los atentados de Barcelona y Cambrils del pasado 17 de Agosto, atacaron al corazón turístico de Cataluña. La Rambla de Barcelona es la arteria turística de la ciudad y Cambrils un tranquilo pueblo costero que disfrutan por igual locales y extranjeros. No es extraño pues que de las 16 víctimas mortales, 9 sean de nacionalidad extranjera.

España recibió 75 millones de turistas en 2016, un sector que representa el 11% del PIB del país. El peso es todavía mayor en Cataluña, la potencia turística del estado, que recibe casi una cuarta parte de los turistas que visitan España. Y se dispara en Barcelona, una de las ciudades más visitadas de Europa, donde el turismo representa el 15% del PIB de la ciudad.

Arremeter contra la industria turística es uno de los objetivos del terrorismo yihadista. “Los turistas que viajan por ocio suelen estar menos alerta. Por otro lado, atacar sitios con multitud de turistas asegura un alcance internacional al acto terrorista. Cuantos más extranjeros afectados, más amplia la cobertura internacional. Esto es algo que interesa mucho a los terroristas”, dice Thomas Baumert, profesor de Economía y de Estadística en el Colegio Universitario Cardenal Cisneros.

Pocos días después del atentado, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, explicó en una rueda de prensa con representantes del sector turístico que había habido muy pocas cancelaciones en el sector hotelero tras los sucesos de Las Ramblas y Cambrils.

“Normalmente no hay un efecto duradero sobre el turismo”, dice Baumert coautor del libro Las repercusiones económicas del terrorismo (2010). “La experiencia que tenemos de casos anteriores, como Madrid y Londres, es que para detectar una preocupación persistente sobre la seguridad de una ciudad tiene que haber ataques frecuentes o una amenaza latente”. Una amenaza latente podría darse si un sospechoso de terrorismo permaneciera fugado mucho tiempo.

No hay nada nuevo en el hecho que el terrorismo yihadista golpee lugares turísticos. Los atentados en Bruselas, París y Niza, por poner algunos ejemplos, tuvieron consecuencias para los sectores de estas ciudades. El siguiente gráfico se ha realizado con datos de Forwardkeys, una empresa de datos sobre el sector turístico. Compara las reservas de billetes de avión antes y después de los atentados en función del año anterior.

A pesar de que la experiencia demuestra que efectivamente tras los atentados terroristas cae el número de visitantes, como dice Baumont, este efecto no parece prolongarse en el tiempo. Hace poco el Comité Regional del Turismo de la región que aloja París anunciaba que los visitantes de la región habían crecido un 10,2% y la Ciudad de las Luces, tras un 2016 negro para el sector turístico, va encaminada a recuperar la gloria perdida.

Más lejos del podio

El sector turístico español es el más competitivo del mundo, según un ranking del Foro Económico Mundial. Entre los aspectos más valorados para ostentar la primera posición encontramos el patrimonio del país, las infraestructuras y la seguridad.

Este era el año en que España podía situarse a la cabeza de los países que más turistas reciben. Así lo apuntaba el mes pasado el ministro de Energía, Economía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal. Para alcanzar el oro, España tenía que superar los 83 millones de turistas que recibió Francia el año pasado, algo que tras el atentado parece más difícil.

Es verdad que España brinda sensación de seguridad a los turistas, pero no hay que olvidar que este es un país muy familiarizado con el terrorismo. A los atentados yihadistas en los trenes regionales de Madrid en 2004, hay que sumar los largos años de conflicto contra la banda armada ETA. Según el profesor Baumert, la experiencia con ETA ha curtido a los cuerpos de seguridad y ha sofisticado sus técnicas en lucha antiterrorista.

Otra postal que se llevan los turistas de sitios como París o Bruselas es la alta presencia de policía, militares e incluso vehículos blindados en las calles. A su vez el gobierno catalán ya ha anunciado que aumentará la presencia policial en Barcelona. El gobierno central, sin embargo, ha optado por no subir el nivel de alerta antiterrorista, con lo que se mantiene al ejército alejado de las calles.

“Se pensaba que el despliegue masivo de policía y militares en las calles podía tener un efecto disuasorio sobre el turismo. Pero esto es como la seguridad de los aeropuertos. Antes del 11-S, los controles de hoy en día eran impensables. Ahora ya nos hemos acostumbrado”, dice Baumert.

Así pues, el sector turístico muestra una fuerte resiliencia a los atentados terroristas. También cabe la posibilidad que la opinión pública se haya habituado a recibir noticias sobre atentados y cada vez el impacto sea menor: Londres se recuperó de la cadena de atentados incluso antes que París.

Pero a nadie se le escapa que se está jugando con fuego y la fragilidad del sector podría acabar dañando la economía. Sobretodo en España, un país que sigue luchando contra el desempleo masivo (18%) y donde el sector turístico contribuye sustancialmente a la creación de nuevos puestos de trabajo.

Por Albert Guasch Rafael