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Los atentados frenan las protestas anti-turismo en Barcelona

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Los atentados frenan las protestas anti-turismo en Barcelona

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“Lo que ha sucedido es dramático, por eso quiero dejar claro que nosotros no nos oponemos ni al sector turístico ni a los turistas sino a la masificación”. Pere Mariné empieza la conversación mostrando su repulsa y dolor por los atentados de Barcelona y Cambrils que costaron la vida a 15 personas el pasado 17 de agosto. Este ingeniero informático de 59 años es miembro de Al Poblenou Ens Plantem, una de las plataformas vecinales que más se han manifestado contra el boom turístico que vive la capital catalana. Hoy reconoce “estar en estado de shock por los ataques terroristas, igual que el resto de la ciudad”.

Los atentados parecen haber abierto un paréntesis en el acalorado debate sobre el modelo turístico de la ciudad. Una tregua tras meses de movilizaciones vecinales para forzar una mayor regulación del sector, que impida la concesión de nuevas licencias de pisos turísticos y fomente un crecimiento controlado del número de hoteles. Según el barómetro del ayuntamiento barcelonés, el turismo se ha convertido en el problema más grave de la ciudad. De hecho, de los más de 75 millones de visitantes que viajaron España en 2016, nueve pasaron por Barcelona. Casi todos los que llegan terminan recorriendo Las Ramblas, el escenario del ataque yihadista. Según un estudio de una asociación local, cada día transitan por esta calle en torno a 213.000 personas. De ellas, el 80% son turistas, lo que da una dimensión de su importancia para este sector.

“Antes del ataque se había logrado abrir una reflexión sobre el modelo turístico, un debate que el lobby empresarial intentó neutralizar con el invento del término turismofobia”, explica Ernest Cañada, uno de los portavoces de la asociación Alba Sud que trabaja en la investigación de un turismo sostenible. En opinión de este experto, desde ciertos ámbitos se ha intentado hacer un “uso político de los atentados” para terminar de silenciar las voces que piden una menor masificación turística. Pere Mariné coincide con él: “La turismofobia no existe, es ridículo utilizar ese término. El sector turístico solo está intentando contrarrestar nuestros argumentos utilizando como excusa las acciones aisladas de un grupo determinado y minoritario”.

Mariné se refiere a los incidentes protagonizados por el movimiento juvenil de la izquierda independentista catalana Arran, como el ataque a un autobús turístico realizado el pasado julio. Sin embargo, esta organización, que ha rechazado la solicitud realizada por Euronews para conocer su opinión directa, también se ha apresurado a expresar su repulsa por los atentados. En un comunicado publicado en su página web expresa “su solidaridad con todas las víctimas y personas afectadas por estos ataques brutales absolutamente condenables y rechazables”.

Una semana después de la acción terrorista, la prioridad de las asociaciones vecinales de Barcelona es “recuperar el pulso de la ciudad, no tener miedo”, afirma Jordi Camina, de la plataforma Som Paral-lel. Según explica, “es evidente que nadie quería lo que ha sucedido, pero no por ello podemos permitir que cohíban nuestra libertad y que el lobby empresarial se escude en la unidad contra los atentados para intentar fomentar más aún el turismo”.

El próximo 4 de septiembre, la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible de Barcelona, que agrupa a numerosos colectivos vecinales de la ciudad, se reunirá para debatir sobre lo ocurrido y decidir cómo actuar a partir de ahora. Aunque Mariné no cree que se produzca un cambio radical en su estrategia: “Personalmente creo que, quizás, se retrasen algunas acciones pacíficas de denuncia que teníamos pensado hacer en septiembre u octubre debido a ese estado de shock que vivimos, por la gravedad de la situación. Pero en unos meses volveremos a la normalidad y esa normalidad es que el problema del turismo se sigue agravando, por lo que estaremos de nuevo en la misma situación de antes de los ataques”.

Por Estela Celada y Gorka Castillo