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Los arrozales de Podor, ejemplo de la cooperación japonesa en la agricultura senegalesa.

Japón y Senegal. Los arrozales de Podor, en Senegal, un ejemplo práctico del modelo de cooperación nipón, basado en la tecnología y la enseñanza.

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Los arrozales de Podor, ejemplo de la cooperación japonesa en la agricultura senegalesa.

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La ayuda nipona en África comenzó en los años cincuenta y se intensificó con la puesta en marcha, en 1993, de la TICAD, la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África. El objetivo de la misma es mejorar el desarrollo del continente.

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"Amadou Tidiane Mbaye"

Ingeniero agrícola,

En las orillas del río senegal, en Podor, reverdece un extenso valle. Esta región se ha convertido en el granero de arroz de Senegal con la intervención de la JICA, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón, en la zona que da trabajo a más de 600 explotaciones en un área de 700 hectáreas. Los agricultures han reahabilitado completamente el sistema de riego y aplican técnicas de cultivo más productivas, gracias a la ayuda de expertos japoneses.

Mamadou Oumar Dia, presidente de la agrupación de interés económico Diatar 2 explica que les “
“han formado y ahora podemos reparar los canales de riego, nosotros mismos. Producimos mucho más arroz, hasta dos cultivos al año, lo cual era muy complicado antes de la intervención de los japoneses.”

La rentabilidad y la producción se han transformado radicalmente. Amadou Tidiane Mbaye, ingeniero agrícola, comenta que “antes, irrigar
77 parcelas, nos llevaba 15 días. Hoy, en una semana las cubrimos todas. Hemos reducido el consumo de gasóleo en un 30%. Los costes del regadío son menores y los ingresos han aumentado.”

La tasa de rendimiento ha pasado de 4 a 7 toneladas por hectárea y los ingresos de los agricultores han aumentado un 20% de media. El trasvase de tecnología es rentable, pero según Takashi Hotta, jefe del proyecto japonés en este área, Papriz 2 ,también debería ser perenne.“La idea era poder transmitirles las técnicas para que puedan emplearlas a largo plazo. No son complicadas, son simples, se adaptan a sus competencias y pueden perdurar.”

La escucha es clave en esta cooperación. Según Kaori Tanaka, jefa de operaciones de JICA en Senegal se buscan soluciones específicas adaptadas a cada región, “nosotros – dice – les acompañamos, siempre a través del diálogo. No se trata de introducir nuestra tecnología para implantarnos en tal sito. No. Recabamos muchas opiniones sobre el terreno, para adaptar la tecnología de la que disponemos a sus necesidades.”

La fórmula convence a juzgar por la reacción del ingeniero agrícola senegalés Alassane Ba. “Los japonenes nos enseñan con la práctica. Es extraordinario. Y los senegaleses nos papropiamos de su experiencia. El rendimiento y los ingresos han mejorado y la población se siente más arraigada en su tierra”, afirma.

Además de mejorar la productividad, también se pretende que el arroz senegalés sea atractivo de cara al exterior. El potencial está ahí; aunque, por ahora, es un producto de consumo interno. Los japoneses han aportado maquinaria para mejorar la cadena de selección del grano y facilitar así la clasificación de las diferentes variedades.

Amadou Basse, director, DELTA 2000 asegura que en las tres variedades que ellos producen “hay una homogeneidad total: el arroz entero, el intermedio y el grano fraccionado. Ya no necesitamos hacer la selección dos o tres veces como antes, ahora se hace con las máquinas y el trabajo en cadena.”

Al hilo de esta cooperación en Senegal, tiene lugar en Maputo, Mozambique una reunión clave con: respresentates de diferentes países africanos y de otras zonas del mundo; organizaciones internacionales y empresas privadas. Se trata de una cita de etapa y evaluación entre la última conferencia de la TICAD de Nairobi el año pasado, y los desafíos pendientes antes de la próxima cita, en Japón el año próximo.”

Según el titular de exteriores nipón, Taro Kono desde la última TICAD se han invertido en África, entre fondos públicos y privados, cinco mil millones de euros. Una de las formas de incentivar las inversiones en el continente es mejorar las conexiones con infraestructuras de calidad.
“Es importante comprobar que esas infraestructuras se ajusten a las normas internacionales y que se gestionen de forma abierta y transparente”, ha declarado a nuestra cadena el ministro de exteriores nipón.