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El negocio lucrativo de la santería en Cuba

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El negocio lucrativo de la santería en Cuba

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La santería ya no es lo que era en Cuba. Las tradicionales prácticas religiosas afrocubanas se han convertido en un lucrativo negocio, uno de los más prósperos de La Habana, alimentado por la insaciable curiosidad de los turistas.

Uno de comercios más rentables es el de los santos. Es decir, extranjeros que llegan a Cuba para convertirse en sacerdotes en ceremonioas que cuestan, a menudo, miles de dólares. A esa cantidad se suma todo el dinero que gastan en las ropas blancas y en los objetos que necesitan para llevar a cabo los rituales cuando vuelven a sus países.

“Antes, uno se hacía santo por salud, por mejorar su calidad de vida. Ahora no. Ahora la gente se hacen santos porque la santera, porque el padrino tiene un extrajero y le inventan mil problemas. Y todo esto se ha vuelto algo que, para mí, no es la religión que yo conocí”, dice María Cuesta, una seguidora de la santería.

A la Habana Vieja llegan también para instalarse y abrir sus tiendas santeros de otros países, mexicanos, venezolanos y cubano-estadounidenses.

“La religión es una cosa y esta cuestión de las tiendas es otra. Las mismas tiendas ya los artículos religiosos, muchos de ellos, ya perdieron su forma original”, denuncia el santero Lázaro Cuesta.

Los vestidos rituales y los objetos pueden llegar a costar cientos de dólares en un país con salarios medios mensuales de entre 20 y 60. Nunca encender una vela costó tan caro en Cuba, donde la santería es hoy una máquina de hacer dinero que además se exporta a través de Internet.