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Punto de vista: Así viví la huelga general de Cataluña

El periodista catalán Marc Figuerola Delgado cubrió para las redes sociales la manifestación en Barcelona tras la huelga general del 3 de octubre en Cataluña. Así vivió la jornada de paro y protestas.

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Punto de vista: Así viví la huelga general de Cataluña

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Joan Brossa, un poeta catalán, dejó escrito que “la gente no se da cuenta del poder que tiene: con una huelga general de una semana habría bastante para hundir la economía, paralizar el estado y demostrar que las leyes que se imponen no son necesarias”.

Esto fue lo que pasó el martes: después del domingo gris y lluvioso, vino el martes despejado y con sol radiante. Ahí donde los porrazos negaron la expresión de la democracia y las celebraciones postelectorales el domingo, el martes la gente salió de sus casas sin ningún tipo de temor.

Cuando la noche del domingo fue fría y sin ánimo de mucha fiesta, la noche del martes fue cálida e invitaba a unirse a los cánticos espontáneos, al cachondeo de las protestas, a poder caminar por el asfalto y a la libertad, como en cualquier protesta callejera.

El ‘parón del país’, así lo habían bautizado los organizadores (porque, según explicaron, de alguna manera y de forma algo confusa, técnicamente tampoco se trataba exactamente de una huelga general, aunque la gente lo dio por sentado) empezó temprano: a las siete de la mañana las principales arterias viarias de Cataluña ya estaban cortadas en diferentes tramos.

A partir de las 11 el metro dejaba de rodar, y el resto del transporte público apenas pudo dar servicio en el centro de la ciudad porque no podían pasar los autobuses debido al gentío que ya había en las calles.

La televisión catalana secundó la huelga, así como los principales medios de comunicación, hasta que llegó un punto en que los redactores de algunos medios decidieron que era más útil para el país proteger el derecho a la información a que ellos ejercieran el derecho a huelga, ya que lo que tenían que ser servicios mínimos terminaron siendo especiales informativos que duraron casi todo el día.

Desde la tele se podía ver cómo los manifestantes que pasaban por delante de la comisaría de Policía de Via Laietana gritaban que el edificio que lo albergaba se convertiría en una biblioteca, en un centro cívico, o hasta en un supermercado una vez llegada la independencia. También se pudo ver las concentraciones masivas que se hicieron en diversos puntos del país al mediodía: Girona, Barcelona, Lleida, Sabadell, Manresa, Vic… Las principales plazas de las ciudades estaban desbordadas de gente.

Por la tarde habían convocadas dos manifestaciones en Barcelona: una en Jardinets de Gràcia y otra en Plaça Universitat. Las dos estaban convocadas a la misma hora: a las 18h. La de Jardinets estaba convocada por la CUP y algunos de los sindicatos convocantes de la huelga, aunque ya había gente unas dos horas antes.

Uno de los que estaba ahí era Alberto, un joven de Esplugues de Llobregat que llegó con sus amigos y su bandera republicana, que nos contó que votó ‘no’ en el referéndum del 1-O, y que fue uno de los tantos miles de votantes que se quedaron vigilando todo el día en su colegio electoral por si llegaba la Guardia Civil o la Policía a requisar las urnas.


La intención era aprovechar que aún no había tanta gente para bajar hasta Plaça Universitat por Passeig de Gràcia, pero cada vez vienen más gente de cara, hasta el punto que hay una cabecera y volvemos a subir con ellos. A medida que la comitiva avanza, van cortando el tráfico, aunque también hay algún conductor que no sé si es que tiene prisa o no simpatiza con el independentismo, y casi atropella a un manifestante, y se va a toda velocidad por Aragó mientras enseña un dedo por la ventanilla.

Llegamos otra vez a Jardinets, y ahí ya empieza a haber mucha gente. Me coloco al lado del Palau Robert, en Passeig de Gràcia con Diagonal, y me encuentro a un chaval que lleva por capa una bandera española. Le pregunto si no se siente inseguro llevando esa bandera, entre tanta estelada y me contesta que no, que hace poco que ha salido de casa. Aun así, por la tele se había visto muchísima gente llevando banderas españolas que iban caminando junto a otra gente llevando esteladas. Y todo en orden.

Cuando la señal de 3G no da para más, es el momento para salir de ahí y empezar a desfilar hacia Plaça Universitat por Rambla Catalunya, la calle que corre justo paralela a Passeig de Gràcia. Junto a mí, un reguero de gente con la que me acompaño hasta llegar al cruce con Consell de Cent, donde ya empieza a haber más gente.

Se empieza a conocer la noticia que el Rey Felipe VI saldrá por la tele a dar un mensaje por la noche. A la gente parece darle igual lo que vaya a decir, aunque muchos admiten que hacía tiempo que se esperaba que saliera el jefe del Estado a decir algo.

Al llegar a Balmes con Gran Via, uno se queda clavado. Está todo lleno de gente, y a unos 200 metros está la entrada al edificio histórico de la Universitat de Barcelona. No hay manera de dar un paso Y la conexión del 3G vuelve a fallar.

Una vez termina la concentración, no se ve que la gente quiera volver otra vez a casa. La gente quiere tomar las calles, y hacerlas suyas. Els carrers seran sempre nostres, se canta. Porque cuando el pueblo quiere las calles son de todos. Las calles son nuestras. Y siempre lo van a ser, aunque hagan falta mil huelgas generales.

Por Marc Figuerola Delgado