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Descendientes de la Revolución Rusa

El Kremlin no celebra el centenario de la Revolución Bolchevique de 1917.

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Descendientes de la Revolución Rusa

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Distanciamiento oficial del Kremlin ante los 100 años de la Revolución Rusa. Paradójica cautela la de Putin, quien tiende a glorificar cada evento notable de la Historia rusa. La división aún persiste en el país y celebrar este centenario podría ser la ocasión de sanar heridas, si no recordara a un tiempo las luces y sombras de más de 70 años de régimen soviético.

“Putin no celebrará este evento porque no es un gran defensor de Lenin, lo dijo públicamente. Más bien es un admirador secreto de Stalin, sin duda, aunque eso es otra historia. Para él, Lenin desbarató el gran imperio”, comenta el analista Andrei Kolesnikov quien trabaja en el Carnegie Moscow Centre.

Alexis Rodzianko es bisnieto de Mijaíl Rodzianko, quien presidió la Duma que encabezó las conversaciones para la abdicación de Nicolás II, el último zar de Rusia.

“Lo último que necesita el Kremlin es otra revolución. Eso es lo que menos necesita Rusia. Por eso las autoridades evitan enardecer la revolución. Y por eso ante esta fecha hay bastante desconcierto, considera Rodzianko, quien preside la Cámara de Comercio de EE.UU. en Rusia.

Vyacheslav Nikonov es descendiente de un miembro de la vieja guardia bolchevique. Su abuelo, Vyacheslav Molotov, camarada de armas de Lenin, fue durante décadas fiel colaborador de Stalin.
En 1961, en el congreso que el partido celebró aquel año, Molotov fue acusado de confeccionar las “listas de la muerte”, firmadas por Stalin para purgar la organización.

“La revolución fue una de las peores tragedias de la historia rusa. A principios de 1917, Rusia era una de las grandes potencias con posibilidades de ganar la guerra en cuestión de meses. Pero el gobierno fue derribado y en apenas un año Rusia no tenía poder y era incapaz de hacer nada”, señala Vyacheslav Nikonov, legislador relacionado con el Kremlin.

Cada generación entendió a su manera la revolución. Maksim Litvínov fue un destacado diplomático soviético de orígen judío. Su hijo, Pavel se hizo disidente en era soviética y se exilió a EE.UU. Dima es activista en Greenpeace y estuvo en la cárcel en 2013 tras una protesta contra una petrolera rusa en el Ártico.

“Si mi bisabuelo levantara la cabeza se quedaría horrorizado por el nacionalismo extremo y la intolerancia religiosa que está surgiendo en Rusia. Creo que se opondría a todas estas cosas”.

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