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Cataluña contamina la política belga

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Cataluña contamina la política belga

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Bélgica sufre ya las consecuencias de la crisis catalana. El parlamento federal ha debatido este miércoles durante 80 minutos sobre la cuestión y el primer ministro ha tenido que responder a una veintena de preguntas. Pero Charles Michel ha negado que la presencia del presidente cesado Puigdemont en el país esté dañando a su gobierno. “El rebote judicial en Bélgica será tratado como un rebote judicial y no de otra manera. No es una cuestión para el gobierno”, ha dicho. Y ha recalcado que “la crisis política está en España y no en Bélgica”.

Pero lo cierto es que en su coalición de gobierno hay voces discordantes, y las más críticas llegan de los soberanistas de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA). En opinión del diputado de la formación, Peter de Roover, Bélgica debería jugar un papel más importante en la defensa de Cataluña donde, en su opinión, Madrid no respeta los valores comunitarios. “Deberíamos intentar influir en los demás países europeos porque creo que algo muy grave está sucediendo”, ha dicho.

Pero desde las filas francófonas de la cámara denuncian que los flamencos utilizan la situación para impuslar su propia agenda soberanista. “Hay ministros separatistas y nacionalistas flamencos en Bélgica que juegan a la desunión de la Unión Europea. Y eso debilita la posición de Bélgica en Europa”, afirma Olivier Maingain, del partido DéFI.

Flamencos y francófonos gobiernan en coalición en Bélgica y el equilibrio no siempre es fácil. Por ello, nuestra corresponsal, Elena Cavallone, considera que podría convertirse en la primera pieza en caer en el temido efecto dominó que algunos vaticinan para Europa.