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Las razones detrás del boom turístico de Georgia

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Las razones detrás del boom turístico de Georgia

Las razones detrás del boom turístico de Georgia
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Estamos en Tiflis, en el distrito de Abanotubani. Yuliana y Valentina se dan un baño sulfuroso.
El viaje de estas turistas, procedentes de Rusia, comienza temprano en los famosos baños sulfurosos de Chreli Abano, en el centro de la ciudad.
El agua, a 42 grados centígrados, surge directamente de fuentes subterráneas.
Se trata de unos baños apreciados por célebres viajeros, como el escritor francés Alejandro Dumas. Es la tercera vez que Yuliana visita Georgia. Asegura que no hay mejor manera de comenzar la jornada.

“Da energía, cada vez que vengo a Georgia empiezo aquí. Primero, el baño. Luego, algo de comida y entonces… ¡allá vamos!”, dice Yuliana Kuznetsova.

Yuliana y Valentina quedan con su guía Dimitri, que les da la bienvenida al país. Él tiene la primera historia que contar sobre estos baños.

“Estas fuentes sulfurosas dieron nombre a nuestra legendaria ciudad, porque Tiflis significa “lugar cálido”, explica Dimitri Ositashvili.

Últimamente, el número de visitantes extranjeros ha aumentado notablemente en Georgia: En 2017 siete millones de turistas, casi el doble de la población total de Georgia, han venido a este país desde todas partes del mundo.

Los más de 12.000 lugares de interés histórico y cultural no constituyen la única razón de este fenómeno, asegura este miembro del Gobierno georgiano.

“Somos un destino para las cuatro estaciones del año”, asegura Dimitri Kumsishvili, primer viceprimer ministro de Georgia y ministro de Economía y Desarrollo Sostenible. “En invierno puedes esquiar en las montañas, donde tenemos una de las mejores pistas de Europa. En verano puedes bañarte en el Mar Negro, en otoño puedes disfrutar de la cosecha de vino Kakheti.

Seguimos la famosa ruta del vino Kakheti y llegamos a uno de las flamantes bodegas locales. Su dueño, Joerg Matthies, se mudó aquí desde Alemania. Su socio es uno de los mejores productores de vino de la zona. Ambos están convencidos de que el vino georgiano es todo un tesoro por descubrir.

“Hay 500 variedades de uva en Georgia”, cuenta David Maisuradze, productor de vino. “Tenemos un gran suelo y clima, lo que crea condiciones únicas para la producción de vino”.

“Hay variedades de uva únicas que no puedes encontrar en ningún otro lugar del mundo”, mangiene Joerg Matthies. “Saperavi, Rkatsiteli, Mtsvane, son variedades de uva con un potencial enorme”.

Los georgianos aseguran que el primer vino del mundo fue producido en estas tierras, en barricas dispuestas bajo tierra conocidas como “kvevri”. Los métodos antiguos son aún muy utilizados en el país.

Hemos podido contemplar la ceremonia de apertura de un Kvevri en Khareba, otra bodega de Kakheti. Las uvas, maceradas con su piel, semillas y tallos, se convierten en vino dentro de una vasija subterránea que permanece sellada durante varios meses. Su sabor retrotrae a la época en que nació el vino.

“Está probado científicamente que la gente de aquí ha hecho vino durante más de 8000 años”, afirma George Chogovadze, Jefe de la Oficina de Turismo de Georgia. “La metodología con la que los georgianos hacen vino es muy especial. Estas vasijas de arcilla y el propio método son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

El túnel de Khareba mide 7 kilómetros, permanece a catorce grados centígrados durante todo el año. Aquí esperan miles de botellas de diferentes tipos de vino, que atraen a aficionados de todo el mundo. Archimandrite Maximos, ha venido desde Nueva York a descubrir el vino georgiano.

“El vino aquí es muy bueno”, dice Archimandrite Maximos. “Sé que ahora es muy respetado y apreciado en todo el mundo. Por supuesto, Georgia es la cuna de la civilización del vino”.

Yuliana y Valentina están descubriendo ahora otro tesoro georgiano, la comida. En esta ocasión están aprendiendo a cocinar Adjar (Ajaruli) Khachapuri: La masa con forma de barco es rellenada con queso y coronada con huevo crudo y un toque de mantequilla antes de servir. Cuando lo pruebas no puedes dejar de comerlo.

“Vale la pena volver aquí una y otra vez, aunque solo sea para esto”, asegura Yuliana Kutznetsova.

Y otro motivo para que los turistas regresen a estas tierras es la famosa hospitalidad georgiana. Forma parte del ADN de su población, que cree que cada visitante es un regalo de Dios.

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