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21D: Una campaña dividida

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21D: Una campaña dividida

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El desafío separatista se saldó en Cataluña con la declaración unilateral de independencia en el Parlamento catalán el pasado mes de octubre. Un movimiento que llevó al gobierno español a la aplicación del artículo 155 y a la convocatoria de unas elecciones autonómicas, las terceras en cinco años.

Este excepcional contexto ha propiciado una campaña electoral diferente. El expresidente Carles Puigdemont se encuentra autoexiliado en Bruselas y su exvicepresidente Oriol Junqueras está en prisión.

El indepentismo reclama su trono

El independentismo está pendiente de la situación de ambos mientras Junts per Catalunya reclama ser el único partido político con legitimidad para gobernar.

Josep Rull, exmiembro del derrocado gobierno catalán, vuelve a presentarse bajo el paraguas del partido: “El proyecto de país es a corto plazo, a muy corto plazo, es restablecer la normalidad democrática en Cataluña, que quiere decir restablecer el gobierno legítimo de Cataluña, con el President Puigdemont al frente. Nuestro proyecto pasa por que los presos políticos que hay en las cárceles en estos momentos salgan libres y por que el President y el resto de consellers en el exilio regresen a Cataluña”.

Además de dividir a la sociedad catalana, este contexto político-legal también ha pasado factura al movimiento independentista: ¿Están aún de acuerdo en aplicar el unilateralismo para alcanzar su objetivo político de independencia? ¿Quién gobernará si gana un bloque independiente: Puigdemont o Junqueras?

Mientras el presidente derrocado, Puigdemont, insiste en su promesa de convertir a la región en un estado independiente, sus exaliados de Esquerra Republicana de Catalunya sugieren que el partido se concentre en la política.
Encuestas recientes mostraron que ERC obtuvo la mayor cantidad de votos en el bloque separatista.

El PSC gana terreno

Por su parte, en el llamado bloque constitucional, la rama catalana de los Socialistas de España (PSC) podría llegar al 14,3% de los votos, lo que les daría hasta 20 escaños.

El líder del partido, Miquel Iceta, ha centrado su campaña en la creación de empleo y el crecimiento económico. Los socialistas creen en lo que han denominado la “tercera vía” para lidiar con el problema catalán.

“Pero hay un tercer espacio, que es ese espacio de la reconstrucción, ese espacio del federalismo, ese espacio que no quiere romper con España pero que entiende que tiene que haber una mejor financiación y un mejor autogobierno”, afirma Eva Granados.

El federalismo no está sin embargo en el programa del Partido Popular de Cataluña (PPC). La rama catalana del partido de Mariano Rajoy insiste en la unidad de España sobre todo, pero su dirigente en la comunidad, Xavier Albiol, está perdiendo terreno en favor de la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas.

La mayoría de los ciudadanos votarán teniendo en cuenta el proyecto político de los partidos en relación con Madrid.

La alcaldesa de Barcelona y representante de Catalunya en Comú, Ada Colau, se está centrando en la agenda social a la vez que muestra una postura poco clara sobre la independencia. Su ambigüedad probablemente les hará perder algunos votos. Sin embargo, podrían tener la clave de la gobernabilidad.

“No vamos a pactar con unilateralidades ni con quien siga defendiendo el 155. Sólo queremos pactos de progreso, pactos de izquierda”, sostiene su número 4 Marta Ribas.

Ciudadanos encuentra su nicho

Ciudadanos lidera la campaña prounidad. Su candidata presidencial, Inés Arrimadas, ha tomado una posición firme contra el empuje secesionista, convenciendo a votantes que ansían una resolución a una crisis que ha visto a la región despojada de sus poderes autónomos.

Mirando el contexto esto puede ser difícil de lograr. Ciudadanos también necesitaría apoyo para formar gobierno.

“Si acabamos con el procès habría una etapa de tranquilidad, de esperanza y de reconciliación; si no acabamos con el procès seguiremos enfrascados y embarrados cuatro años más por esto y yo creo que la sociedad catalana no puede aguantar cuatro años más de división”, dice su presidente Albert Rivera.

La votación, cuyo objetivo era curar las heridas y poner fin al estancamiento de la sociedad catalana, podría redundar en un Parlamento todavía más fraccionado.