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La Antártida, un observatorio excepcional del cambio climático

La isla Rey Jorge cuenta con varias bases científicas desde las que investigar los desastres medioambientales provocados por el hombre.

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La Antártida, un observatorio excepcional del cambio climático

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La isla Rey Jorge, conocida como isla 25 de mayo en Argentina, se encuentra en el Círculo Polar Antártico.

Punto de vista

Aquí no se pueden ver las huellas de todas las actividades que se realizan en el mundo entero. Pero es posible registrar en los polos huellas de ciertas actividades humanas

Un territorio helado que se descongela demasiado rápido.
Desde la década de los cincuenta del siglo pasado, la temperatura ha aumentado medio grado cada diez años.

La Antártida, al igual que el Polo Norte, es una de las regiones del mundo en las que el impacto del calentamiento global es más grave.

Durante el verano austral las bases científicas albergan a expertos de todo el mundo. Una ocasión única para estudiar más de cerca las consecuencias del cambio climático.

Estudiar el cambio climático en directo

Sobre este lago helado, Ana, oceanógrafa brasileña, y Eduardo, su compañero uruguayo, comienzan las investigaciones.

En esta superficie de aproximadamente ochenta kilómetros de largo por treinta de ancho, ocupada en un 75 por ciento por el Glaciar Collins, hay una quincena de bases científicas. Algunas son solo testimoniales, otras sí realizan trabajos de investigación.

“Tanto el Polo Sur como el Polo Norte son entornos en los que encontramos la influencia antrópica más débil, es decir, la más débil intervención del hombre”, explica Anna Beatriz Oaquim. “Realizar investigaciones en estos lugares en los que la influencia antrópica es baja es mucho más fácil para determinar cambios climáticos eventuales. Tenemos la costumbre de decir que los polos son entornos amplificadores de todos los fenómenos que tienen lugar en el planeta”.

Varias veces por semana sondean y toman muestras de agua del hielo derretido.
En un metro la temperatura ha cambiado un grado.

El objetivo es estudiar las concentraciones de fitoplancton para evaluar la amplitud de los cambios climáticos.

“Hacer estas mediciones me permitirá estudiar las variaciones de temperatura, de la salinidad del PH y del oxígeno disponible en el agua”, comenta Oaquim. “Hacemos mediciones a cada metro de profundidad, con lo que podremos analizar las posibles variaciones de temperatura en función de la concentración de microorganismos.
Luego puedo establecer relaciones entre las variaciones de mis medidas que me podrán dar con certeza información sobre los cambios medioamebientales y climáticos”.

Las partículas viajeras informan de lo que sucede a miles de kilómetros

El viento, permanente en la Antártida, es también un buen aliado para los científicos.
Partículas del mundo entero vienen a depositarse aquí tras viajar miles de kilómetros.

“Lo que sucede en la otra punta del mundo… No puedo decir que aquí se puedan ver las huellas de todas las actividades que se realizan en el mundo entero”, asegura Oaquim. Pero puedo afirmar que es posible registrar en los polos huellas de ciertas actividades humanas. Sí, eso es posible”.

Todas estas muestras serán luego estudiadas como si fueran páginas de un libro. Desencriptándolas, Anna Oaquim consigue comprender la evolución del clima en la Antártida. Y sus primeras conclusiones son categóricas.

“Lo que podemos ver con nuestra investigación es un aumento de la temperatura durante el último decenio”, mantiene Oaquim. “Y comparando estos datos con los ya publicados, vemos que este aumento no es solo regional. Cuando comparamos los datos del hemisferio norte con los del hemisferio sur, vemos que de manera global la temperatura tiende a aumentar”.

La superficie de banquisa del Antártico, hasta ahora relativamente preservada de los efectos del calentamiento global, se ha replegado de forma notable en las últimas mediciones.
La extensión del hielo ha pasado de 16 a 14 millones de kilómetros cuadrados durante el mes de noviembre de 2016, al final de la primavera austral. Un fenómeno de una amplitud inédita, provocado en parte por temperaturas de dos a cuatro grados centígrados por encima de lo normal en esa época. Los científicos coinciden en afirmar que la Antártida se ha convertido en un punto clave para las investigaciones sobre el cambio climático.

Eduardo Oliveira es el responsable de meteorología de la base científica uruguaya, la base Artigas.

Durante los últimos veinte años ha multiplicado las misiones en la Antártida. Ha visto cambiar al clima y el desprendimiento de los glaciares de icebergs cada vez más grandes.

“Los icebergs tienen a veces veinte metros de alto y más de 200 de largo”, afirma Eduardo Oliveira. “Este glaciar detrás de mí antes era mucho más alto. Tenía mucho más hielo. Estos últimos años se ha reducido mucho”.

La subida de las temperaturas, el deshielo de los glaciares, la lluvia que remplaza la nieve, la contaminación atmosférica: El cambio climático está provocando alteraciones que alarman a los científicos.

Síntomas directos del calentamiento global

Entre ellas, la muerte por hambre de miles de crías de pingüino Adelia como consecuencia de una mayor e inusual extensión de la banquisa a final del verano, que obligó a los adultos a recorrer distancias más grandes en busca de alimento; O la flora intestinal de las lagartijas alterada por la subida de los termómetros y el blanqueamiento de los corales, su reacción ante un mar más cálido y ácido.

En el continente antártico, bases científicas de todo el mundo investigan y acumulan pruebas sobre el calentamiento global.
Símbolo de esta urgencia son las fracturas que se multiplican en los glaciares, como aquí, detrás de mí, y las decenas de icebergs que se desprenden cada día del casquete polar.