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Sin medicinas, sin material quirúrgico, sin agua: el testimonio de una pareja hospitalizada en Venezuela

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Sin medicinas, sin material quirúrgico, sin agua: el testimonio de una pareja hospitalizada en Venezuela

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“Tuvimos que llevar todo, no hay agua, ni algodón, ni anestesia, ni inyectadoras, ni gasas, mucho menos medicamentos, analgésicos o antibióticos. Tuvimos que llevar hasta los guantes y el gorro del médico”.

Este es el testimonio de Ana Margarita Rojas, una venezolana cuya pareja Elena Hernaiz, estuvo hospitalizada en el Hospital Universitario de Caracas por una epidemia del pulmón derecho por neumococo en Junio del 2017.

“El neumococo es una de las epidemias resultado de un incumplimiento de los esquemas de vacunación en el país”, explica a Euronews Julio Castro, doctor venezolano especialista en medicina interna e infectología.

Ana comienza su relato explicando a Euronews que aunque su pareja fue diagnosticada en una clínica privada, tuvieron que trasladarla enseguida a un hospital público, porque con los altos niveles de inflación del país su seguro no lo cubría.

"Elena, mi pareja, es activista entonces a través de amigos pudimos conseguir que la movieran muy rápido al Hospital Universitario. No es muy fácil conseguir hospitalización tan pronto”.

“Nuestra situación era muy grave. Elena estaba al borde de la muerte y no podíamos cubrir los gastos. Solo una vacuna de neumococo cuesta 120 dólares americanos”.

Venezuela también vive una crisis económica severa. Chávez estableció un control cambiario en el 2003 y desde entonces una entidad gubernamental es la única autorizada a cambiar bolívares por divisas. Sin embargo, el proceso se ha complicado, hasta volverse imposible para los ciudadanos comunes tener acceso a la moneda extranjera. El cambio de monedas extranjeras se rige en Venezuela por un mercado negro.

Un (1) dólar americano cotiza a 235.782 bolívares, y el sueldo mínimo integral del país es de 797.510 bolívares. La vacuna de Neumococo le costaría a Elena hoy aproximadamente 36 sueldos mínimos.

"Aquí no tenemos nada"

En el recinto de la Universidad Central de Caracas, una de las instituciones más reputadas del país, el  Hospital Universitario ocupa el tercer puesto de mortalidad infantil en la lista de centros públicos de la capital venezolana, según un estudio publicado por El Nacional.

“Es muy triste, cuando era antes un centro de referencia nacional,” cuenta Julia, médico del Hospital Universitario que prefiere usar un nombre anónimo. “Si el paciente necesita exámenes de sangre, muestras o tomografías tiene que ir a una clínica privada. Aquí no tenemos nada, no hay medicinas, ni antibióticos, tampoco reactivos, no hay nada.”

La doctora explica que no trabaja por lo que gana, sino que tiene vocación y le gusta su hospital. "Ahora por ejemplo tengo que comprar cauchos para mi carro, me cuestan más de lo que gano en el hospital en un año”, lamenta.

“No hay nada, no hay reactivos, no hay material médico quirúrgico, pasamos semanas sin agua. Hacen cuartos improvisados para hacer estudios invasivos donde los pacientes se pueden contaminar. Tampoco tenemos ascensores, ahora funciona uno solo en todo el hospital: pacientes enfermos, cadáveres, basura, inmunodeprimidos, embarazadas con bebés, todo sube y baja por el mismo sitio”.

“Nuestra experiencia en el hospital fue muy dura"

En la otra cara de la moneda, Ana nos cuenta como paciente como se sufren las carencias del centro:

“Tuvimos que llevar todo, no hay agua, ni algodón, ni anestesia, ni inyectadoras, ni gasas, mucho menos medicamentos, analgésicos o antibióticos. Tuvimos que llevar hasta los guantes y el gorro del médico”.

"Estuvimos tres días seguidos sin agua en nuestra estancia allí, había cucarachas gigantes, el único baño de nuestro pasillo era para 30 mujeres y no tenía luz, tuve que traer un bombillo y un sócate de mi casa. También me robaron mi celular mientras estaba allí, pero bueno, eso es normal." 

En medio de la oscuridad de la noche y ante el desamparo del lugar, Ana afirma que ella y su pareja experimentaron muchos momentos de miedo.

"El hospital tiene la Policía Bolivariana que supuestamente hace la guardia, pero nosotros poníamos sillas de metal detrás de la puerta en las noches porque teníamos miedo.

Carencia material, pero no humana

Una de las expresiones que más impactaron a Ana durante la hospitalización de su pareja fue escuchar la expresión "le dieron de alta celestial", una forma que se había popularizado en el hospital para referirse tristemente a las personas que murieron porque no había y no tenían recursos para tratarse.

No obstante, insiste en que nada de esto se debe a la falta profesionalidad del personal médico, puesto que ellos, desbordados por el desabastecimiento generalizado, "trabajan con las manos atadas".

La Federación Médica Venezolana declaró a finales del 2017 que se han ido más de 21 mil médicos en el país.

“Todo esto fue hace más de seis meses, ahora es peor. Aunque el personal del Hospital hace la excepción. El nivel académico y profesional de todos los médicos y enfermeras le salvaron la vida a Elena",  rememora Ana, entre lágrimas. "Es el capital humano del hospital lo que la salvó”.