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"Las mujeres que dan a luz entran en un sistema fordista de estandarización"

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"Las mujeres que dan a luz entran en un sistema fordista de estandarización"

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Marie-Hélène Lahaye (© Cécile Quenum)

En 2013, después de dar a luz, Marie-Hélène Lahaye abrió un blog para abordar la cuestión del parto desde un punto de vista "político y feminista". 

Esta feminista francesa, abogada de formación, trabaja en una institución europea en Bélgica y acaba de publicar un libro titulado 'Accouchemente, les femmes méritent mieux' ('Parto, las mujeres merecen algo mejor') sobre este tema, muchas veces considerado tabú. 

En una en una entrevista con Euronews, nos explica por qué es importante poner de relieve la gestión del parto en Europa.

"La mayoría de las mujeres no saben cómo serán tratadas"

Lahaye dice que muchas de las mujeres no saben cómo será el trato en el momento del parto. "Algunas de ellas vivirán bien las cosas porque la realidad corresponde a la imagen mental que tienen de dar a luz sobre sus espaldas, las piernas en el aire, con la epidural y los médicos a su alrededor diciendo 'empuje, empuje señora'", explica.

"Pero otra parte de ellas va a tener dificultades porque, en ese momento, se va a dar cuenta de que esto no es lo que necesitan. Mientras que en el momento en que dan a luz su necesidad básica es ser respetadas, con bondad y empatía, se sentirán sobre todo abandonadas o humilladas y se verán sometidas a todo tipo de prohibiciones y requerimientos".

El parto como "sistema fordista de estandarización"

El libro de Marie-Hélène Lahaye muestra cómo se organizan los hospitales según lo que ella describe como un "sistema fordista de estandarización", que conduce a actos médicos en cascada que pueden conducir a complicaciones que desencadenan nuevos actos médicos.

"Por ejemplo, un protocolo dice que las mujeres deben tener un cuello uterino que se dilata a razón de 1 cm por hora. Si este no es el caso, se realizan toques vaginales cada hora, por lo que una comadrona introduce sus dedos en la vagina de la mujer. Y si no va lo suficientemente rápido, inyección sintética de oxitocina". 

Lahaye dice que este es el caso de más de la mitad de las mujeres que tienen un parto vaginal normal en Francia, según el último informe del INSERM (Instituto francés de la salud y de la investigación médica). 

"Así que no es un fenómeno marginal. Inyección de oxitocina significa dolor y por lo tanto epidural, de manera que las mujeres se encuentran inmovilizadas con todo lo que eso implica de gestos médicos. La inyección de oxitocina, que produce contracciones, también aumenta el riesgo de hemorragia del parto y por lo tanto complicaciones, aumenta el riesgo de sufrimiento fetal, por tanto, el riesgo de cesárea o extracción con instrumentos".

Las comadronas también están sometidas a este sistema de rentabilización de los hospitales y deben correr de una mujer a otra: "Se encuentran acelerando una mujer, frenando otra para permitir que el equipo médico esté disponible en el momento de la expulsión y así garantizar una buena rotación de las salas de parto".

"Los médicos ven a la mujer como del siglo XIX"

Lahaye explica que cuando empezó a indagar en el tema poco después de abrir su blog, se dio cuenta de que estos cuidadores que consideraban "científicos sin empatía" ni siquiera eran verdaderamente científicos porque "¡no implementan recomendaciones que datan de hace 10, 15, 20 años! como las de la OMS en 1997 o las de 2005 del Colegio de ginecólogos y obstétricos franceses (CNGOF, por sus siglas en francés) sobre la episiotomía, o incisión que se realiza en la vulva de la mujer durante el parto para facilitar la expulsión. 

"Fue allí donde vi este mecanismo patriarcal de dominación médica sobre los cuerpos de las mujeres y me pareció obvio que estábamos en un campo feminista".

Para Lahaye,  los médicos siguen considerando hoy en día a las mujeres que dan a luz "como concebían a las mujeres en el siglo XIX: esta cosa frágil, débil, incapaz, que no piensa, con el útero en movimiento, y con toda una serie de enfermedades específicas como la histeria". 

"Realmente es lo mismo; ¡no nos hemos movido!", denuncia. "Cuando el profesor Israël Nisand dice que las mujeres no se dan cuenta de la información y son incapaces de dar su consentimiento libre e informado porque su sangre sale de sus cerebros para entrar en su vientre, es típicamente un discurso del siglo XIX". [Israel Nisand, presidente de la CNGOF, lee un artículo al respecto de la revista Elle]

Lahaye dice que la respuesta feminista a esta situación es poner fin a la infantilización de las mujeres que, incluso embarazadas y parturientas, "siguen siendo personas adultas y responsables, dotadas de razón y discernimiento, capaces de tomar decisiones voluntarias y merecedoras de respeto".

América del Sur, pionera en legislar contra la violencia obstétrica

El término "violencia obstétrica", bajo el cual surgió el debate, proviene de América del Sur. En particular, Venezuela, algunos estados mexicanos y Argentina lo han incorporado a sus leyes en 2007 y 2009. 

Sin embargo, Lahaye recuerda que en Francia ya existen varios derechos que las mujeres embarazadas y parturientas pueden reivindicar: por ejemplo, la Ley Kouchner sobre el consentimiento del paciente, el derecho a la información y los aspectos penales relativos a la mutilación genital femenina.

En su opinión, más que una ley, se trata de dar un "impulso político" en diversos ámbitos dispares. Cita, entre otras cosas, la formación de los futuros obstetras y matronas franceses, para quienes el proceso es mucho más teórico que en Bélgica, ya que "nunca han asistido a un parto natural y ni siquiera piensan que sea posible". 

Otra asunto que pone como ejemplo es el seguro de las matronas que realizan partos a domicilio. Les cuesta el mismo precio que a los ginecólogos-obstetras cuando trasladan a las mujeres cuyos partos requieren en última instancia un procedimiento médico. No obstante, los médicos pueden deducir la mitad de estos costes y tienen salarios más altos.

"Hoy en día, las mujeres que no quieren ir al hospital al final dan a luz solas en casa porque no pueden encontrar una matrona".

¿Y en otros lugares de Europa?

En Francia, explica Lahaye, el hecho de que los obstetras tengan una "visión retorcida del parto vista como cualquier otra operación quirúrgica con una paciente que duerme y en el que cuanto más se repita un gesto quirúrgico, mejor se controla" ha favorecido la concentración de grandes unidades de maternidad medicalizadas. 

Una situación contraria a la belga, donde la densidad de población es mucho mayor y las pequeñas maternidades y los centros de parto han podido subsistir y ofrecer modelos más fisiológicos.

En Reino Unido, la influencia anglosajona de la medicina organizada en co-construcción entre el paciente y el médico hace que el diálogo con las mujeres sea mejor y el país esté a la vanguardia. El problema es más bien el estado del sector de la salud y el acceso a la atención.

En Suecia, un país en el que los padres jóvenes pueden disfrutar de un permiso parental ventajoso, el problema es encontrar un lugar para dar a luz. Las restricciones presupuestarias en los hospitales son tales que una parturienta puede tener que ir a varias maternidades en medio del preparto antes de encontrar un lugar o no, a riesgo de dar a luz en la carretera.

En términos generales, explica Lahaye, cuanto más se va al sur de Europa o al antiguo bloque oriental, más fuerte es la medicalización. 

En Polonia o Rumanía,"la lógica del bien común que prevalece sobre la elección de los individuos, y por lo tanto de las mujeres, sigue en juego y la medicalización sigue siendo la norma". 

En Grecia, en medio de la crisis,"la tasa de cesáreas - que puede alcanzar hasta 5.000 euros- se mantuvo en el 40%".

España cuenta con un Observatorio de Violencia Obstétrica desde noviembre de 2014 para denunciar la incidencia de este tipo de prácticas: 

"Aunque España aún no las ha tipificado específicamente, las prácticas constitutivas de violencia obstétrica se encuentran prohibidas en nuestro país, ya que suponen la vulneración de derechos básicos reconocidos en Convenios internacionales, así como en nuestra Constitución: a la integridad física y moral (artículo 15), a la libertad personal (artículo 17) y a la intimidad (artículo 18)".

En Italia, existe un fuerte movimiento feminista que lucha contra la violencia obstétrica reunido bajo el lema 'Basta tacere' ('Basta de callar'), tomado de una campaña de 1972. 

En Hungría, en 2016 también surgió un movimiento similar bajo el nombre la Revolución de las Rosas.