Última hora

Última hora

Bielorrusa: Los aires de cambio de Lukashenko que siguen asfixiando

Leyendo ahora:

Bielorrusa: Los aires de cambio de Lukashenko que siguen asfixiando

Tamaño de texto Aa Aa

El pasado 25 de marzo miles de personas se concentraron en Minsk, capital de Bielorrusia, para celebrar el centenario de la proclamación de la República Popular de Bielorrusia, barrida, pocos meses después, por los bolcheviques.

Una conmemoración que se conoce como BNR y que no había sido nunca reconocida por el régimen de Alexander Lukashenko.

La fiesta nacional oficial y la prohibida

La fiesta nacional oficial de Bielorrusia o Belarús, según la nomenclatura de la ONU, se celebra el 3 de julio. Corresponde a la fecha de 1944 en que la capital fue liberada de la ocupación nazi.

Pero para muchos, el 25 de marzo, llamado "día de la libertad", constituye el verdadero símbolo de la identidad bielorrusa.

Como la antigua bandera roja y blanca, remplazada por el presidente Alexander Lukashenko en 1995.

El estandarte, prohibido durante mucho tiempo, fue autorizado ese día en el perímetro limitado para la celebración.

"Espero que sea el comienzo de lo que podría ser nuestra nueva libertad. Porque los bielorrusos no son libres en Bielorrusia", dice este hombre.

El evento ha atraído a miles de personas a la plaza. Pero para quienes han intentado manifestarse esta mañana en otros puntos de la ciudad, las cosas no han resultado tan distendidas".

Una hora antes del comienzo de los festejos autorizados por el régimen, otra concentración, esta prohibida, duró muy poco.

Un organismo defensor de los Derechos Humanos cita los nombres de algunos de los detenidos el 25 de marzo

Decenas de ciudadanos, entre ellos opositores, se concentraron en otra plaza de la capital para marchar juntos, con pancartas y eslóganes políticos, hasta el lugar de las celebraciones.

La gente ha intentado manifestarse antes de los festejos autorizados, pero han sido detenidos, uno tras otro.

Decenas de personas fueron arrestadas ese día en Minsk y otras localidades del país.

Tweet de la autora del reportaje sobre las celebraciones en Minsk del 25 de marzo

"Hoy es la fiesta. ¿Por qué arrestar a la gente? ¡No! Tenemos una auténtica dictadura, no hay ni libertad de expresión ni trabajo decente para la gente", asegura esta mujer.

Tweet sobre las decenas de arrestos en Minsk

"Si no pedimos libertad, vamos a olvidar que existe"

Un descontento al que quiere responder Mikalai Statkevich, conocido opositor y candidato a las elecciones presidenciales de 2010.

Nos habíamos reunido con él y con su esposa unos días antes.

La pareja llevaba varias jornadas encerrada en su casa para evitar un posible arresto previo al 25 de marzo. Ambos se encuentran bajo vigilancia permanente.

Aquí la radio está siempre encendida.

"Hay un sistema de escuchas. Hacemos ruido para que nos oigan menos", cuenta Maryna Adamovich.

Mikalai Statkevich fue arrestado durante la gran represión de las manifestaciones masivas contra la reelección de Lukashenko que tuvieron lugar en 2010.

Su liberación junto a la de otros presos políticos en 2015 había conllevado la suspensión de la mayoría de las sanciones europeas contra este país.

Pero la represión no ha acabado nunca, según este opositor, que asegura haber pasado en total ocho años de su vida en prisión.

Detenciones de miembros de una organización defensora de los Derechos Humanos

"La anexión de Bielorrusia es muy fácil y tentadora para Putin"

"No es un país libre, la gente no tiene ninguna influencia sobre el poder. Todavía hay presos políticos, y son torturados", asegura Mikalai Statkevich, presidente del Partido Socialdemócrata bielorruso. "Es un país asfixiante, nos cuesta respirar. El miedo reina todo el tiempo. Si nadie habla de libertad, si nadie lucha por ella, la gente olvidará que existe. La sociedad se está desintegrando, y el país se convierte en una presa fácil para cualquier fuerza exterior. Ahora Lukashenko es apoyado por Putin, y Putin es mucho más popular que Lukashenko en Bielorrusia. Lo que hace la potencial anexión de Bielorrusia muy fácil y tentadora para Putin. Queremos un futuro normal para nuestro país, por eso vamos a continuar saliendo a la calle".

Las peligrosas relaciones entre Lukashenko y Putin

El teléfono continúa sonando... Tres de los principales opositores en Bielorrusia acaban de ser detenidos.

Statkevich fue arrestado cuatro días más tarde delante de su casa, cuando salía para participar en la marcha prohibida del 25 de marzo. La mayoría de los detenidos ese día fueron puestos en libertad esa misma noche.

La represión de las protestas fue menos violenta que la sufrida en las mismas fechas del año pasado.

Ciudadanos anónimos se unieron entonces a la oposición durante varias semanas para protestar contra un decreto que establecía un impuesto para desempleados conocido como "impuesto parásito".

Ciudadanos de a pie, militantes, periodistas, cientos de personas fueron arrestadas.

El decreto fue abolido el pasado enero.

"Me metieron en una celda sin luz, sin ventilación, sin abogado..."

Tenemos una cita en los locales del único sindicato independiente del país, REP. Aquí se ofrece apoyo y asesoramiento jurídico a trabajadores víctimas de abusos.

Vladimir y Dimitri se han convertido en militantes muy a pesar de ellos, tras haber sido objetivo del "impuesto parásito". Vladimir se manifestó en 2017 por primera vez en su vida.

"Me arrestaron y me metieron en una celda sin luz, sin ventilación, sin explicaciones, sin abogado, sin derecho a informar a mis allegados", comenta Vadimir. "Me pusieron una multa máxima de 350 euros, que ha pesado mucho en mi presupuesto familiar. Y con la etiqueta de opositor se ha vuelto todavía más difícil encontrar trabajo".

"Después del decreto número 3 presto más atención a las noticias políticas y he empezado a estudiar las leyes para saber cómo protegerme", asegura Dimitri.

Como muchos en Bielorrusia, Vladimir y Dimitri trabajan en el extranjero para poder mantenerse. Con la crisis los sueldos se han hundido y los empleos escasean.

Un decreto en preparación suscita nuevas inquietudes. Esta vez podría imponer a los desempleados el pago íntegro de sus cargas sociales.

"La familia que gana suficiente dinero tiene otros pensamientos en la cabeza, piensa libremente y pregunta por qué las cosas son como son. Pero un poder autoritario no tiene necesidad de gente que piense libremente. Cuando la gente en todas partes vive en la semipobreza no piensa en cuestiones globales, solo piensa en cómo sobrevivir. Es la diferencia entre una democracia y un régimen autoritario", asegura Guennadi Fedinitch, presidente de la organización.

El sindicato peligra. Sus locales han sido intervenidos por el Estado. Cientos de sus afiliados están siendo investigados.

Detenciones y más detenciones

Días después de nuestro encuentro, Dimitri también fue arrestado durante la concentración prohibida del 25 de marzo.

El espacio de la protesta está más que limitado en Bielorrusia, donde el KGB, este es su imponente cuartel general- existe aún bajo ese nombre.

La libertad de expresión, y dentro de ella, los medios de comunicación, son objeto de gran vigilancia.

Pero el régimen autoritario de Alexander Lukashenko parece querer aflojar un poco la cuerda. Nunca había mostrado tanto interés por contentar a la Unión Europea como desde la anexión de Crimea por parte de Rusia, potencia de la que su país depende económicamente.

El régimen debe mejorar sus datos en el capítulo de las libertades, admite el ministro de Exteriores.

Los cambios están a la vista, pero hace falta saber manejarse con Moscú.

"No podemos acostarnos en la Unión Soviética y despertarnos en un país democrático"

"No podemos acostarnos en la Unión Soviética y despertarnos en un estado europeo totalmente democrático", mantiene Vladimir Make. "Esto no significa que no queramos aprender. Pero nos gustaría ver la situación en un contexto más amplio, porque actualmente estamos pensando en posibles cambios en nuestra Constitución. La situación de Bielorrusia y su entorno ha cambiado, por ejemplo en cuestiones de seguridad, la crisis en Ucrania. Eso es por lo que las autoridades de Bielorrusia quieren avanzar con mucha cautela, para mantener la estabilidad social".

Una prudencia de la que una parte de la juventud está cansada. Quedamos con Ksenia en el metro de Minsk. Viene aquí con regularidad para conseguir llegar a fin de mes.

La joven es además maestra en un pueblo a cien kilómetros de la capital. La volvemos a ver a su regreso de la escuela. Su sueldo de 200 euros mensuales apenas le da para vivir.

"La madera me cuesta la mitad de mi salario".

Otro agujero en sus ingresos lo causan los tres periódicos oficialistas que está obligada a comprar cada semana. "Propaganda", asegura.

Todos los profesores deben tenerlos ¿Por qué? ¿De qué tratan?

"Sobre política, sobre el Estado y las reglas y todo, no lo sé... Realmente no los leo... Pero son muy buenos para hacer fuego..."

Lo más duro, dice Ksenia, es la presión ideológica que se ejerce en el colegio.

"Todo el mundo tiene miedo de algo"

"Todo el mundo tiene miedo de algo. Todos los profesores tienen miedo del director, y el director tiene miedo de gente por encima de él... Y en esta atmósfera... no hay libertad. Puede que para alguien mayor que haya vivido toda su vida en la Unión Soviética sea muy bueno. No lo sé. Pero para la gente joven es mortal. No hay progreso, no hay independencia, no hay futuro.... Y mucha policía, ¡policía por todas partes!"

En un país dividido entre su herencia soviética y su sed de modernidad, conviven dos clases de jóvenes.

Asistimos al fórum regional anual de la Unión de la Juventud Republicana Bielorrusa, o BRSM, la principal organización juvenil del país.

Está financiada por el Estado y es sucesora del movimiento de los Komsomol, organización juvenil comunista de la antigua Unión Soviética.

"Bielorrusia es un país que se preocupa por todos sus ciudadanos"

Artsiom dirige en Misnk la Brigada de Seguridad y Orden de la BRSM, que a veces echa una mano -una dura mano- a la policía.

A su lado está Yegor, de 21 años, que dirige la rama juvenil del Consejo de Diputados de la ciudad de Minsk. "Somos jóvenes, la esperanza del país, fieles a nuestras tradiciones", dice la canción que escuchan.

"Mi valor más importante es el amor por mi patria, el patriotismo, el sentimiento patriótico. Es algo que nos inculcan en el colegio desde que somos niños", cuenta Artsiom Mentsiuk, de la Joven Brigada para la Seguridad y el Orden de la Brigada de Seguridad y Orden o BRSM.

"El país no ha perdido lo más importante: No ha perdido el respeto de su pueblo, asegura Yegor Makarevich, jefe de la Cámara Joven del Consejo de Diputados de la ciudad de Minsk. "Presta una atención especial a cada ciudadanos, a cada pequeño pueblo, a cada aldea, a cada carretera. Es por eso que cuando usted llega a Bielorrusia ve un país muy limpio, que todos los días se preocupa de todos los ciudadanos. Puede que sea por eso que podemos sentir que aquí hay una gran estabilidad, que todo está muy definido".

Pavel Belavus quiere promocionar otro tipo de identidad nacional. Abrió esta tienda hace tres años. Todo lleva aquí el color de la antigua bandera.

Los defensores de la Bielorrusia anterior a la URSS

"Tenemos juegos en bielorruso, litaratura infantil y para adultos en bielorruso, incluida la de nuestra premio Nobel, Svetlana Aleksievich. Hay souvenirs, regalos, música. Representamos Bielorrusia como es y como debe ser", explica Belavus.

La propia existencia de la tienda es un signo de apertura del régimen, asegura su fundador. Pero se trata de una actitud muy limitada.

"Incluso aunque haya cambios positivos, y nadie nos arreste por esta tienda, si salgo de aquí y voy a cualquier sitio con una bandera roja y blanca, vendría la policía y seguro que tendría problemas. El poder tiene dos manos. Una permite, la otra prohíbe, una acaricia, la otra pega. Y nosotros estamos entre esas dos manos, intentando no caer ni en una ni en otra".

Pavel Belavus ha sido también el principal organizador de los festejos programados para el 25 de marzo.

"Vemos los cordones policiales, hay arrestos. Pero si hemos llegado hasta aquí es porque la gente lo ha querido, no porque nos hayan permitido hacerlo. Ha sido la gente la que quería esta celebración, y es por eso por lo que lo hemos conseguido".

Nos enteramos de que al salir del concierto fueron arrestadas decenas de personas que se entretuvieron andando por la calle con sus banderas.

Pero al menos durante unas horas, Pavel había podido compartir su entusiasmo con un montón de gente.

"Hoy hemos probado que nadie debería tener miedo de nosotros, y que nosotros no tenemos miedo de nada. Todos juntos somos la nación, la construimos. Viviremos en esta tierra, hablaremos en bielorruso, blandiremos banderas rojas y blancas. Gracias, ¡viva Bielorrusia!", dice a los asistentes desde el escenario.