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Ni los muertos descansan en paz en la Guerra de Ucrania

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Ni los muertos descansan en paz en la Guerra de Ucrania

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¿Ve ese cráter cerca de la casa? Allí fue". Vasylyna Nikolaeva, funcionario municipal en una aldea en primera línea del frente en el este de Ucrania, lo señala en la distancia. De entre las innumerables historias de terror y muerte consecuencia del conflicto en el este de Ucrania, esta es una que destaca.

Nos hablan de una pareja con dos hijos. Una mañana salieron de viaje a una ciudad cercana. "Dejaron a su hija mayor con un vecino, ya que el viaje sería muy peligroso y agotador. Pero ese día, dispararon un misil a la casa del vecino y mataron al niño. El vecino resultó herido".

Pero incluso en la muerte, la paz estaba lejos de ser un hecho en Hranitne, que se encuentra a orillas de un río que marca la llamada "línea de contacto" entre el gobierno de Ucrania y el territorio controlado por los separatistas prorrusos.

Cuando la familia visitó la tumba de su hija un día después de su entierro, la encontraron destruida por la artillería. El cementerio es un blanco frecuente de bombardeos. Estuvo cerrado hasta hace poco, era considerado demasiado peligroso como para ser visitado.

Nikolaeva es nuestra guía en el pueblo, y hacemos un recorrido por el centro social local y los edificios administrativos, todos ellos con las cicatrices del conflicto, como los propios residentes de las aldeas. Mientras, nos cuenta sus recuerdos más dolorosos.

Cuando estalló la guerra en 2014, Vasylyna estaba embarazada y trabajaba en uno de estos edificios administrativos. Durante un ataque, recuerda cómo sus colegas la escondieron en el baño, lejos de las ventanas. Algo que al menos les daba la falsa sensación de seguridad.

Y luego llegó el momento en que ella y su esposo tuvieron que correr descalzos a la bodega subterránea en su patio para refugiarse del bombardeo. Permanecieron escondidos toda la noche. Pronto decidieron que no podían quedarse. Mataron a sus vacas y en un automóvil lleno de carne cruda y con algunas de sus pertenencias personales huyeron a través del peligroso camino que había estado bajo un fuego casi constante.

Más tarde, ella y su familia volvieron. Su hijo tiene tres años y la aldea es mucho más segura, pero la atmósfera sigue siendo tensa. Ocasionalmente los separatistas les disparan algunos proyectiles.

Natalia Liubchenkova

Las calles de Hranitne están en paz. Hay muy pocos coches y peatones y la poca gente que hay acelera el paso cuando ven mi cámara. Pero hay vida detrás de las puertas de un concejo de la aldea. La música suena y los pasillos están llenos de gente. Dos grupos de vecinos ensayan en el centro social y un grupo de vecinos se reúne en la oficina de Nikolaeva.

La mayoría de los daños en la aldea las causaron los combatientes prorrusos entre 2014 y 2015. Muchas casas derruídas y abandonadas son el fruto de los ataques. Construir es más difícil. La reparación del modesto hospital, que también servía como biblioteca y escuela de música para niños, ha tardado años. Participó la población local con ayuda de fondos internacionales.

De las 3.800 personas empadronadas en Hranitne antes del conflicto, alrededor de 3000 siguen viviendo allí. El 40 por ciento de la población de Hranitne está formada por jubilados, según el concejo muncipal. Y luego hay alrededor de 270 niños que van a la escuela o a la guardería. La población disminuye levemente durante los duros inviernos, ya que algunos residentes se van para quedarse con sus familiares en otra parte que sea más acogedora, lo que no es difícil de encontrar. La calefacción se ha vuelto un lujo impensable para muchos.

Vida en el frente

En los pueblos a lo largo del frente, de la "línea de contacto", los que se quedaron a menudo son los más vulnerables. Los vecinos de mayor edad a veces se ven obligados a arriesgar sus vidas caminando por los campos minados para cobrar su pequeña pensión ya que los coches tienen prohibido circular en algunas áreas.

La gente sigue siendo asesinada en los pueblos y ciudades a lo largo de la línea del frente. A pesar del Protocolo de Minsk y del Acuerdo de Minsk II, que estaba destinado a restablecer la paz en Donbás en 2015, nunca se llegó a una verdadera tregua. La guerra olvidada sigue. Tan solo desde mediados de noviembre del año pasado a mediados de febrero, la ONU registró 73 muertos civiles. Doce de ellos fueron asesinados.

"La lucha continúa todos los días. La línea delfrente pasa por los pueblos. Por eso la gente sufre tanto", explica Natalia Shapovalova ", experta del centro de análisis de política exterior Carnegie Europe. "La población vive en una situación de crisis permanente desde hace cuatro años. Están bajo constante presión, incluso en los días en que sus pueblos no son alcanzados, aún escuchan los sonidos de las explosiones ".

Natalia Liubchenkova

Algunas pequeñas localidades viven sin electricidad. El carbón en la histórica región minera es demasiado caro para que la población local pueda calentar sus casas. Para que todo pueda ser aún peor, la amenaza de una catástrofe ecológica está siempre presente. Muchas de las minas de carbón han dejado de ser explotadas desde el comienzo del conflicto, contaminando el agua potable y causando la formación de bolsas de gas.

Las familias no solo han sido divididas, sino que muchas ni siquiera han podido comunicarse con sus seres queridos. Recientemente, las llamadas de teléfonos móviles hechas desde áreas controladas por separatistas prorrusos no pueden llegar al resto de Ucrania. Para obtener algunas noticias de sus familiares y amigos, las gente se pone aún más en peligro al aventurarse cerca de la línea del frente para captar alguna señal. En el lado controlado por el gobierno ucraniano, el acceso a internet se ha convertido en un valor incalculable para ponerse en contacto con los miembros de la familia a menudo mayores que viven cerca del frente.

Nikolaeva, como muchos otros, trata de mantener una visión esperanzada del futuro y espera que las cosas poco a poco mejoren. "Todos nuestros esfuerzos se centran ahora en restaurar las instituciones sociales, para los niños, los ancianos y las personas con discapacidad".

La banda que ensaya en el consejo local espera participar en un festival. "Si no celebramos las fiestas, no hay vida. Si no hay desarrollo para los niños, actividades deportivas, entonces languidecemos. La gente está tan agotada que estas pocas horas que pasan participando en algún evento significan mucho para que sigan adelante con sus vidas".

Natalia Liubchenkova