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Periodista, profesión de riesgo en Afganistán

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Periodista, profesión de riesgo en Afganistán

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Informar en Afganistán puede costar la vida. El doble atentado de Kabul ha demostrado una vez más que los reporteros y los cámaras están en el punto de mira de los grupos insurgentes, en especial, del grupo Estado Islámico, que se ha responsabilizado del ataque.

De los 21 fallecidos, al menos 9 eran informadores. Uno de ellos fue Shah Marai, jefe del servicio de fotografía en Kabul de la agencia francesa AFP. Medios afganos, como la cadena Tolo News o la emisora Azadi Radio, han perdido también a colaboradores.

Los periodistas murieron en la segunda explosión, cuando un suicida se metió en mitad de los informadores con una cámara en la mano para hacerse pasar por uno de ellos.

Los periodistas y los medios que trabajan en Afganistán son objeto habitual de los ataques de los grupos insurgentes.

En 2014 la fotoperiodista alemana Anja Niedringhaus, de la Agencia AP, murió tiroteada cuando cubría un evento electoral en provincia de Khost (oeste) y ese mismo año el periodista afgano Sardar Ahmad, de AFP, murió junto a su mujer y dos de sus tres hijos en un ataque contra el hotel Serena de Kabul.

En enero de 2016, un terrorista suicida se inmoló contra una furgoneta que transportaba empleados de una productora audiovisual en Kabul. Una acción en la que fallecieron al menos 8 personas, 7 de ellas civiles, y otras 28 resultaron heridas.

En un informe presentando el pasado enero, la AJSC indicó que el número de periodistas muertos en territorio afgano en 2017 se elevó a 20, calificándolo como "el más mortífero" de los últimos 15 años, con un 54 % más de muertes que en 2016, cuando la cifra se situó en 13.

Afganistán se encuentra en el puesto 118 de 180 en el ránking sobre la libertad de prensa 2017 de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF).