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El legado incierto de cinco décadas de Mayo del 68

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El legado incierto de cinco décadas de Mayo del 68

El legado incierto de cinco décadas de Mayo del 68
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Hace cinco décadas que los estudiante parisinos, hijos de los que hicieron la Guerra Mundial, se comenzaron a manifestar con espíritu libertario y antiautoritario contra el Gobierno del general De Gaulle, héroe del conflicto que había desangrado Europa.

Estos jóvenes pedían el fin del imperialismo, del que Francia era gran exponente, y la liberación de la moral y las costumbres conservadoras de la sociedad. Diez años de prosperidad, la edad de la quinta república, fundada en 1958, que eran contestados por esa nueva generación que descubría que estar en el paro era posible.

Francia fue un lugar único para vivir la 'revolución del 68', aunque en otros países como México o Checoslovaquia la represión fue más dura. El movimiento contestatario era global. Entre mayo y junio de 1968 se produjeron en las calles galas siete muertos, 2.000 heridos y centenares de detenciones.

Los obreros legitiman la huelga estudiantil

Más allá de los iniciadores, los estudiantes, fue clave la participación de los obreros de la poderosa industria francesa, al principio hostiles a la causa, como explica el escritor Ramón González Férriz en su libro 1968. El nacimiento de un mundo nuevo.

La crisis del régimen gaullista se hace evidente con la huelga general del 13 de mayo de 1968 -la mayor del siglo XX, superando la de 1936 convocada por el Frente Popular-, que detendrá el país en seco durante semanas.

Para los obreros las reivindicaciones culturales de los estudiantes están en un segundo plano, piden mejores condiciones materiales y salariales para el desempeño de su trabajo. El Gobierno terminará por ceder a sus demandas.

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"La mayoría silenciosa" gana al "prohibido prohibir"

El General De Gaulle todavía se apuntará una victoria más, esta fuera del campo de batalla. El 29 de mayo disuelve la Asamblea y convoca elecciones para junio de ese mismo año a propuesta de su primer ministro de entonces, George Pompidou.

Pompidou será precisamente uno de los ganadores de esta apuesta. Alcanzará la presidencia en el 69.

Las elecciones y los acuerdos de Grenelle, que otorgan importantes concesiones a los trabajadores, reactivan a la llamada posteriormente por los dirigentes como "mayoría silenciosa", que revela que bajo los adoquines quizá no estaba la playa, sino el sólido voto que entonaba La Marsellesa.

No obstante mayo del 68 ha seguido vivo, algunos de sus líderes de primera hora, como Daniel Cohn-Bendit, nacido en Alemania y deportado a finales de mayo por una treta de sus enemigos políticos, se resignaba en su momento al fracaso, al menos momentáneo, de la revuelta.

"No creo que los alzamientos estudiantiles terminen donde queremos, una nueva sociedad basada en una asamblea de los trabajadores. Sé que ahora no es el momento. Pero creo que es muy importante ahora en Francia es que la gente sepa que puede cambiar algo si salen a la calle o protestan en la fábrica. Esto es importante", decía, a finales de mayo del 68, desde Alemania.

Un legado incómodo para el actual gobierno francés

Para Emmanuel Macron los aniversarios de esa revuelta no son cómodos. Sobre todo porque muchos ven paralelismos entre la sociedad de entonces y la de ahora. Por el momento, la universidad ya se ha levantado, aunque con escasa repercusión, y se han producido disturbios en la huelga general del 1 de mayo, superándolos en violencia e inferiores en imaginación.

Para la izquierda actual el legado del 68 es casi inexistente, porque la victoria de la derecha en las elecciones de De Gaulle franqueó el paso a la economía capitalista. Los liberales, paradójicamente, reivindican el individualismo como uno de sus producciones más importantes.

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