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Nuevas formas de esclavitud moderna

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Nuevas formas de esclavitud moderna

Nuevas formas de esclavitud moderna
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Si quiere ver uno de los rostros de la esclavitud moderna, tome el metro en Bruselas.

La parada de Arts-Loi se renovó gracias a personas como Mohammed, inmigrante indocumentado, que durante meses trabajó por 50 euros al día en condiciones muy duras. Su retrato se encuentra entre las imágenes que decoran las paredes de la estación.

"Nos llaman cuando el trabajo es demasiado duro para los demás. Una vez hice 8 horas-8 horas-8 horas: lo que significa que trabajé 24 horas sin parar", explica Mohammed, trabajador de origen marroquí. "Siempre existe el riesgo de ser despedido, lo que significa que estás obligado a seguir trabajando sin decir nada. Vivimos en el miedo. Nuestra vida diaria está rodeada de miedo".

La trata de seres humanos para la explotación laboral está en alza en todo el continente, según el último informe del Consejo de Europa.

A menudo las víctimas son inmigrantes indocumentados, aunque también afecta a otros grupos en situación de precariedad económica.

Lo que parece una oportunidad de trabajo se convierte en un infierno: las víctimas dependen de los traficantes para trabajar pero también para acceder a una vivienda.

Y rara vez denuncian la situación por temor a la deportación o a las represalias.

Asociaciones como Surya, en Bélgica, ayudan a las víctimas ofreciéndoles refugio. "La amplificación de la inmigración clandestina hace que cada vez haya más personas de origen extranjero explotadas en el territorio", explica Christian Meulders, director de Surya. "Y a ello se suma la crisis económica, que hace que necesitemos gente que trabaje por poco".

Bélgica es un buen ejemplo en la lucha contra la trata de personas debido a que existen centros especializados para las víctimas, así como una legislación especifica. Pero no siempre es fácil sacar los juicios adelante.

"En su primera declaración, las víctimas rara vez explican todo lo que han vivido, porque están bajo estrés postraumático", explica Christina Meulders, fiscal de Lieja. "La dificultad radica pues en que la defensa de los acusados se va a basar en afirmar que la víctima no es creíble porque hay contradicciones entre las diferentes declaraciones. Una vez va en un sentido y otra vez en otro".

Muchos países en Europa necesitan mejorar su legislación y reforzar la coordinación entre las ONGs y el sector privado para poner fin a los abusos.