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¿Irse o quedarse? Los judíos de Francia se plantean la cuestión

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¿Irse o quedarse? Los judíos de Francia se plantean la cuestión

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Está situada en una calle discreta en Bondy, al norte de París. Estamos en una sinagoga con medidas de alta seguridad. Armand Azoulay, su presidente, nos da cita a la hora del servicio de la mañana. Es domingo. Sólo una quincena de fieles se ha desplazado hasta aquí.

Para ir a la sinagoga me tengo que disfrazar. No puedo llevar la kipa encima de la cabeza, así que me pongo una gorra. Porque si pasas con la kipa por algunas zonas, hay gente realmente hostil a la comunidad judía

Raphaël Cohen Fiel

Pero incluso los sábados, día de Sabbat, sagrado en la tradición judía el número de fieles supera raramente las 30 personas. Armand Azoulay ha hecho todo lo posible para dar un nuevo impulso a la vida de la comunidad, y recuperar el dinamismo de antaño. Este lugar de culto es también el centro de la vida social de las familias judías de la ciudad. Aarmand Azoulay subraya que "se ha invertido mucho en la sinagoga. La hemos restaurado y hemos programado muchas actividades para que la gente vuelva".

También había que tranquilizar a los fieles frente al aumento de las acciones antisemitas. Este edifico ha sido blanco de las mismas, como recuerda el rabino Ilan Azagoury: "Puertas blindadas, ventanas blindadas, muros blindados, hemos instalado cámaras, etc. ¿Por qué? Porque hay agresiones; porque hay gente que se opone al judaísmo. No vamos a nombrarles. Hay oponentes. Y¿qué quieren?, ¿quieren asustarnos? ¿aterrorizarnos? ¿Para que nos entre el miedo y nos vayamos? ¿Es eso lo que quieren? Pues queremos seguir. Lo que queremos es poder vivir en Francia. La sinagoga es nueva. No hemos hecho todo esto para irnos, sino para quedarnos."

En una quincena de años, el número de familias judías en Bondy ha pasado de casi quinientas a menos de doscientas. Los motivos para irse son muy numerosos y diversos, pero entre ellos figura el miedo.

Norbert Allouche es uno de los fieles de la sinagoga de Bondy comenta que cuando llegan "por la mañana, y no sabemos si van a hablar de agresiones en las noticias. Algunos defienden la causa palestina en Francia, oponiéndose a los judíos. No es normal. Nosotros vivimos en Francia no en Israel, al menos de momento". Raphaël Cohen, otro asiduo del centro comenta que para acudir a él tiene que "disfrazarse. No puedo llevar la kipa encima de la cabeza, así que me pongo una gorra. Porque si pasas con la kipa por algunas zonas, hay gente realmente hostil a la comunidad judía".

Nethaniel Azoulay, hijo del presidente de la sinagoga fue víctima de una agresión, junto a su hermano mayor, el año pasado. Dice que se salvaron gracias al Krav Contact una disciplina de la que su padre es profesor y que él practica desde su infancia. Es una técnica de combate aplicada por el ejército israelí.

Nethaniel y su hermano volvían a casa en coche. Llevaban el gorro judío puesto y otro automovilista les increpó de forma violenta: lanzando insultos antisemitas, amenazas de muerte. Iba armado de una sierra y les agredió físicamente también. Nathaniel defendió a su hermano y salió con una clavícula dislocada y cortes profundos en una mano. "Si no hubiera sabido cómo defenderme, y cómo desarmarle, no habría podido ayudar a mi hermano. Gracias a este deporte nos hemos salvado de morir ambos”, comenta. De ahí quizás su empreño en transmitir esta práctica a su hermano menor.

Desde el ataque, Nethaniel evita llevar puesta la kipa, fuera de los barrios en donde se siente seguro, como el distrito decimonoveno de París. Varias familias procedentes de la periferia parisina se han instalado allí.

Además de presidir la sinagoga, Armand Azoulay tiene una agencia de viajes en ese distrito. A veces su hijo le ayuda. Se están recuperando lentamente de una experiencia traumática para todos. Nethaniel Azoulay explica que "después de lo ocurrido, al principio pensamos en irnos. Queríamos irnos. Pero mi padre dijo que nos quedábamos. No hay que dejarse abatir por lo ocurrido." Su padre, Armand recuerda el periplo de su familia así: "Mi padre dejó Marruecos después de un pogromo de 47 judíos que furos masacrados, justo después de la independencia de Israel. Mi esposa viene de Rusia, su padre fue enviado al gulag. Te preguntas si realmente puedes vivir (tranquilo, ndrl) en algún lado. Y yo me dije que sí, que podemos quedarnos. Si queremos que los judíos puedan quedarse en Francia, las autoridades tienen que comprender que el punto de inflexión, el cambio, tiene que ser ahora y no más tarde."

Los actos antisemitas han reavivado la Aliyá, o el retorno a la tierra prometida, a Israel, y provocado el éxodo interno de judíos en Francia. Es el caso de esta mujer, a la que llamaremos Nathalie para proteger su identidad. Tuvo que abandonar precipitadamente su casa de la periferia donde vivía con su marido y sus tres hijos desde hacía diez años. "Es la primera vez que vuelvo aquí desde hace casi un año, cuando entraron a robarnos. Estábamos dormidos. Se llevaron todo, rompieron la moto de mi hijo, robaron la del mayor. Y casi un mes después, en el parking que está ahí mismo, a diez metros de la entrada, me encontré con mi coche. Habían escrito: sucio judío, judío en grande, en toda la portezuela del conductor", recuerda en voz alta.

Natahlie tomó el volante y escapó de chiripa a un accidente: habían rajado dos neumáticos. "Fue entonces cuando la policía nos aconsejó abiertamente que nos fuéramos: 'iros, huid, hay que irse'. Y eso hicimos, huimos por antisemitismo, en 2017. Durante unos meses Nathalie y su familia tuvieron que vivir en casa de los padres de Nathalie hasta que encontraron otro lugar para vivir, en un edificio en otra zona de la periferia. "Poco a poco intentamos vivir con normalidad. Vamos arreglando la casa un poquito cada día", dice. Nathalie se recupera lentamente del shock que sufrió. Aquí se siente más segura. No quisiera irse de Francia por nada del mundo. Pero la duda sigue ahí: "Somos judíos, pero sobre todo somos franceses. Al principio cuando me propusieron ayuda para organizar el viaje a Israel les dije que no. ¿Qué significaría eso? ¿Que además de tener que dejar nuestra casa, hay que dejarlo todo? Yo llevo trabajando en mi empresa desde hace veinte años. Mi marido, mis hijos, sus actividades deportivas, hace poco además que han empezado a trabajar. No hablamos el idioma, no tenemos trabajo allí. No podemos irnos, así como así. ¿Y ves? Cuanto más tiempo pasa, y cuanto más lees en la prensa lo que pasa, yo me digo que quizás sí, que quizás tenían razón… y que más tarde o más temprano terminaremos yéndonos."