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El profesor venezolano que necesita cuatro sueldos para reparar sus viejos zapatos

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El profesor venezolano que necesita cuatro sueldos para reparar sus viejos zapatos

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A José Ibarra, profesor universitario en Venezuela no le alcanza ni para cambiar la suela de sus zapatos. Así lo hizo saber en Twitter, después de darse cuenta que le hacen falta cuatro meses de trabajo para reparar sus viejos calzados.

“No me da pena decirlo: con estos zapatos me traslado a la UCV a dar clase. Mi sueldo como profesor universitario no me alcanza para pagar el cambio de suela pues sale en 20 millones”, compartió el profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) a finales de junio, junto a una foto de unos desgastados mocasines negros con suelas de goma.

De los 5.9 millones de bolívares (entonces cerca de 1,45 euros) que le llegaron el mes de junio por dar clases de trabajo social en la principal universidad del país, solo le quedaron 2.9 millones después de todas las deducciones. En ese momento, equivalía a menos de un dólar, lejos de ser suficiente. A penas le alcanza para comprar un kilo de carne, un alimento de lujo, que ha sustituido por sardinas.

"Hemos tenido que hacer cambios en nuestra vida", cuenta el docente a Euronews, recordando nostálgicamente que cuando comenzó a trabajar, pudo comprarse una casa con el sueldo que ganaba en ese momento.

A sus 41 años, José se siente frustrado. A pesar de que sus zapatos estén muy viejos, no le queda nada mejor en su armario. El zapatero le pide 20 millones de bolívares, un monto inimaginable para alguien que gana lo mismo. Una situación paradójica para una persona con cuatro títulos universitariosy doctorando en salud pública.

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“Comprar zapatos es imposible. Mi salario no me permite comprar ropa, ni siquiera comida”, apostilla el profesor Ibarra, antes de confesar que hasta ahora, ya ha perdido unos 13 kilos. Compartir la foto de sus viejos calzados era su forma de decir “bueno, este es el mundo de un profesor universitario”.

Su zapatero, Lluvia Habibi, explica que los precios son tan altos debido a que los proveedores de materiales no paran de subirlos.

“La gente puede pegar sus zapatos, pero casi nadie puede pagar un cambio de suelas, que cuesta entre 20 o 30 millones (de bolívares). Muchas personas se van sin poder hacerlo”, explica el zapatero a la AFP.

Sin embargo, José cuenta que esta semana volvió a pasar por el pequeño negocio. Reparar un par de zapatos cuesta ahora 40 millones.

Los zapatos, una muestra de solidaridad

El poder adquisitivo en Venezuela se desvanece, culpa de la inflación desmesurada. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que, a finales de 2018, la inflación alcanzará el 1.000.000.000 %. “Eso es terrible, mucha gente va a estar pasando hambre”, se inquieta José.

Después de la publicación de su tuit, que fue compartida casi 10.000 veces y consiguió miles de “me gusta” y comentarios, mucha gente se ha solidarizado con su situación, donándole zapatos nuevos y usados, ropa, dinero y cientos de mensajes de apoyo. Esto ha hecho que el profesor decida poner su granito de arena y ayudar a sus colegas, creando su propia fundación llamada “Los zapatos de la dignidad”.

"Los docentes tenemos mucha dignidad, y por eso hacemos todo el esfuerzo para que nuestros estudiantes puedan tener día a día una educación de calidad", explica el profesor.

“El tuit fue una explosión de frustración. Pensé que como no tenía muchos seguidores, nadie iba a verlo, pero ya he recibido 12 pares de calzados, nueve ya tienen dueño (sus colegas), ropa y dinero. He creado el movimiento porque sigo recibiendo donaciones”, explica el profesor.

"Una lista de prioridades"

Ibarra entregará el dinero a “los profesores más necesitados para que puedan comprarse comida”. Muchos de ellos “se han desmayado porque no comen lo necesario” al igual que otros estudiantes, lamenta el catedrático. La situación se complica aún más, al compartir docentes y alumnos la misma precariedad.

“Tú vas a conseguir profesores que vienen a la universidad y no han comido, vas a conseguir profesores que definitivamente se han enfermado a partir de esta crisis y no consiguen los medicamentos”, cuenta José.

El docente ha aprendido a vivir en torno a "una lista de prioridades", y evidentemente, arreglar un par de zapatos es menos importante que traer comida a casa.

Hace tres semanas que los profesores universitarios comenzaron una huelga intermitente para exigir un aumento de los salarios.

El transporte público también está paralizado. Al menos el 90% de las 300.000 unidades que cubrían diversas rutas del país están en “paro técnico”. A los conductores les resulta imposible gestionar los gastos de repuestos. A José Ibarra, como a gran parte de sus colegas, no le queda más remedio que ir al trabajo a pie, desgastando aún más las suelas de sus calzados.

Según un informe elaborado por las principales universidades del país, incluyendo la UCV, la pobreza en Venezuela afectaba al 87% de la población en 2017. Sin embargo, pese a que muchos venezolanos, incluyendo profesores, deben salir del país para buscar una mejor vida, José decide quedarse, creyendo con todo su corazón que todavía se puede "hacer muchas cosas por este país".