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El azote de la violencia en Afganistán

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El azote de la violencia en Afganistán

El azote de la violencia en Afganistán
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Afganistán es un país sumido en la guerra y la inestabilidad desde hace cuarenta años. Los ciudadanos, incluso en la capital, temen ser víctimas de atentados y nunca saben si al final del día regresarán vivos a sus hogares. La mayoría de los responsables públicos y los ciudadanos creen que los poderes regionales e internacionales son responsables de los interminables ataques suicidas y de la inestabilidad ¿Hay esperanza para la paz? Y el ejército afgano, en ausencia de las tropas extranjeras, ¿podría asegurar el país?.

La vida cotidiana en las calles de Kabul parece como la de cualquier otra capital. Pero no lo es. En cualquier momento podría haber un ataque suicida. Sólo en 2017, más de 10.000 civiles resultaron muertos o heridos en el Afganistán, cientos de ellos en Kabul. La vida y la muerte parecen entrelazadas en la capital, donde un grupo de niños puede ir a un cementerio desde el que se avista toda la ciudad simplemente para hacer un picnic.

El 22 de abril, en un atentado suicida en los centros de registro de votantes de un distrito en Kabul, murieron 63 personas y más de un centenar resultaron heridas. "Los pedazos de carne humana cayeron en los patios de los vecinos", recuerda un residente local.

Amrullah Saleh, ex jefe del Servicio de Inteligencia Afgano, expresa una amarga realidad que muchos comparten en su país con respecto a los interminables ataques suicidas: "La sangre del tercer mundo, la que derramamos cada día, no tiene el valor de la sangre del primer mundo. En Europa, por ejemplo, si alguien muere con un cuchillo, se convierte en titular de prensa. El mismo día, cientos de personas en Afganistán están siendo asesinadas en ataques suicidas, pero no aparecen en los medios".

Los talibanes son el principal grupo de desestabilización en Afganistán. Su objetivo es crear un estado islámico. Algunos responsables afganos responsabilizan a Pakistán de apoyar a los talibanes. Amrullah Saleh es muy directo y acusa al Gobierno del país vecino de ser "un Satán, un verdadero Satán". El interés pakistaní en la política afgana, debido a su rivalidad con la India, es innegable. Islamabad niega rotundamente su apoyo a los talibanes, alegando que ellos mismos son víctimas del terrorismo. Pero la violencia golpea continuamente a Afganistán. Abdullah Abdullah, director ejecutivo del país, cree que "la paz se establecerá aquí". La misma fe tienen los soldados que se gradúan. Un coronel y responsable de prensa del E´jército es concluyente: "Todos aquellos que están aterrorizando a la nación, perturbando la vida pacífica de la gente, cuando y donde quiera que estén, serán destruidos por los comandos".