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Covid-19 en China: “La gente lleva encima el pijama y un cepillo de dientes por si les confinan"

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Por Laura Llach
Un hombre espera para hacerse la prueba de Covid-19 mientras nieva en Pekín
Un hombre espera para hacerse la prueba de Covid-19 mientras nieva en Pekín   -   Derechos de autor  Ng Han Guan/ The Associated Press. All rights reserved   -  

A las cinco de la tarde de este miércoles sonó un mensaje por megafonía en la ciudad de Shanghái: “A partir de esta noche, no se podrá salir de casa en 48 horas”. Un anuncio que no pilló por sorpresa a Laura Millán, una española que trabaja, desde hace cuatro años, en la ciudad más grande del país asiático. Según nos cuenta, las autoridades ya habían comenzado un cribado masivo en los barrios del sur.

Sus residentes habían sido confinados durante dos días, esperando los resultados de las pruebas que se les realizó puerta por puerta para detectar a las personas contagiadas por Covid-19. Así que no era raro pensar que la medida se extendería a otras zonas de la ciudad.

Tras el mensaje por megafonía, el Gobierno municipal celebró una rueda de prensa para hacer oficial el comunicado. Debido a la “grave situación” provocada por la pandemia, la ciudad de Shanghái llevará a cabo una “investigación distrito por distrito”.

Cada persona necesitará dos PCR negativas para poder “desconfinar” el bloque de edificios. En el caso de que uno de los residentes diese positivo, toda la urbanización deberá quedarse en casa durante 12 días. Las autoridades locales animaban a la gente a estar “moderadamente abastecidos”.

Laura Millán
Fila de gente esperando a hacerse la prueba Covid en uno de los barrios de ShangháiLaura Millán

Política de 'cero contagios'

En cualquier otro lugar, las cifras que registra China pasarían inadvertidas, pero la política de 'cero casos' que adoptó el país desde que estalló la pandemia, sumado a la aparición de la variante omicron, ha provocado la vuelta de las medidas más estrictas.

La ciudad de Shanghái, de cerca de 27 millones de habitantes, ha detectado 400 casos positivos en los últimos días, unos 70 casos cada 24 horas. Además, el país ha registrado más contagios en el último mes que en todo el 2021. El recuento en todo el territorio suma alrededor de 3.000 contagios al día, un porcentaje bajo si lo miramos desde el prisma europeo.

Aún así, en el corazón financiero de China, hacía días que un ejército de policías y personal de seguridad con traje EPI hacían guardia frente a edificios confinados. Una imagen que se repetía barrio tras barrio. La efectividad de los bloqueos es tal, que hasta ha llegado a dejar confinados a empleados en sus puestos de trabajo en el caso de que alguien de la oficina diera positivo. Si se daba esta situación, los trabajadores debían esperar 48 horas hasta que recibían los resultados de las pruebas y solo entonces dejaban salir a los que daban negativo.

Laura Millán
Supermercado confinado en un barrio del norte de ShangháiLaura Millán

“La gente va en el metro con una mochila y dentro llevan el pijama, un cepillo de dientes y cualquier producto básico de higiene, porque puede ser que no puedas salir de tu centro de trabajo durante dos, tres o incluso siete días”, asegura Millán.

La española ha llegado a esquivar confinamientos fuera de su casa en varias ocasiones. La primera vez tras un positivo en su oficina, ella trabajaba desde casa así que no tuvo que guardar la cuarentena, pero sí llegaron a cerrar la sede de su empresa. También confinaron el supermercado que se encuentra en la calle donde vive, con los empleados y clientes dentro del local.

Lo mismo sucedió en uno de los colegios internacionales de la ciudad. “Uno de los padres dio positivo y se confinó en sus casas a todos los niños de la escuela junto con sus familias”, cuenta Millán. Cuarentenas a gran escala para erradicar la expansión del virus.

Cada positivo es escoltado hasta un hospital en el que guardará aislamiento, sus contactos directos son derivados hasta un hotel donde pasarán la cuarentena y su edificio se confina a la espera de recibir los resultados de los tests.

Cerrojazo en China ante omicron

Más de 30 millones de personas se encuentran en cuarentena, por el momento, en China. Entre ellas se encuentra la ciudad meridional de Shenzhen, de 17 millones de habitantes, y la provincia nororiental de Jilin, como epicentro del brote de Covid, donde viven 24 millones de personas.

La ciudad de Changchun, de nueve millones, es parte de esta provincia y se encuentra totalmente confinada hasta que todos sus habitantes completen tres rondas de pruebas Covid.

En otra de las provincias, en Jiangsu, se ofrecen recompensas de hasta 10.000 yuanes para los que denuncien a vecinos que estén incumpliendo el confinamiento. Mientras, en Pekín, la situación es más moderada, tan solo se han aislado ciertas zonas de la capital del país asiático.

Jorge Rambla trabaja en una empresa con sede en Pekín desde hace más de tres años, esta semana le comunicaron que tendría que teletrabajar durante los próximos 15 días. Guarderías y colegios también han vuelto a las clases online hasta nuevo aviso.

Para Rambla la vida en China había vuelto a la normalidad tras el primer gran brote de Wuhan. Lo único que tenían que hacer los residentes era escanear el código de salud cada vez que entraban en un establecimiento o incluso al subir a un taxi y llevar la mascarilla quirúrgica, que a pesar de que solo era obligatoria en el transporte público, toda la población hacía uso de ella en la calle.

Aunque el número de positivos diarios es muy inferior a los que registra Shanghái, la receta para luchar contra el brote de omicron en la capital es la misma. Controles de temperatura en centros comerciales y en el metro, tests cada poco tiempo en las oficinas de trabajo o en los propios complejos residenciales y una prueba para entrar o salir de Pekín.

Sin embargo, este nuevo brote ha traído una novedad, las autoridades han dado luz verde al uso doméstico de los test de antígenos, que hasta ahora no estaban disponibles. Cinco compañías han recibido el visto bueno para empezar a comercializar las pruebas.

AP/Chinatopix
Cola para realizar las pruebas de coronavirus durante el confinamiento en Changchun, en la provincia china de JilinAP/Chinatopix

Fronteras cerradas

El país se encuentra desde hace ya dos años prácticamente cerrado al mundo, y parece que abrir las fronteras aún no se encuentra entre los planes del gigante asiático. En una comparecencia la semana pasada, el primer ministro chino, Li Keqiang, sostuvo que aún hace falta seguir investigando sobre el virus y las vacunas. Eludió responder a preguntas sobre la apertura de fronteras.

Este cierre ha dejado a muchos estudiantes sin poder volver a China, como es el caso de Itsaso Iregui que estaba haciendo un doctorado en la Universidad de Jiangsu, situada en la ciudad de Zhenjiang. Desde hace dos años el país no concede visados de estudiantes, con lo cual, no han podido volver los que la pandemia pilló fuera de sus fronteras.

“Vine en Navidad antes de que estallara la pandemia. Cancelaron mi vuelo de vuelta y todas mis pertenencias se quedaron ahí. Mis documentos, mi ropa, incluso mi gato”, cuenta a Euronews la española.

Tras el nuevo brote, la situación se ha complicado. Se han suspendido las clases presenciales y los alumnos no pueden salir del campus ni entrar en él. Además se están realizando tests diarios a cada alumno de la universidad.

“Se ruega a los estudiantes no pedir comida a domicilio, ni comprar nada online. Esto ha afectado también a la cafetería de la universidad, solo se puede pedir comida para llevar, y cada uno tiene que comer en su habitación”, asegura Iregui.

A la española todavía le quedan dos años para terminar el doctorado, pero la situación no es alentadora. "Una amiga ha podido cuidar de mi gato y recoger la documentación más importante, pero el resto de mis pertenencias las doy por perdidas", zanja.