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El miedo a la influencia política de Rusia en la zona oriental de Estonia

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Por Hans von der Brelie  & Euronews
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Witness   -   Derechos de autor  euronews   -  

En los Estados bálticos vive una destacada minoría de habla rusa. ¿Están esas personas influenciadas por el líder ruso, o son leales a Europa? Estonia es miembro de la OTAN. La organización garantiza la seguridad del país. Sin embargo, ¿tienen los estonios miedo de su gran vecino, Rusia? Hans von der Brelie, periodista de Euronews, cogió su mochila y viajó al este de Estonia, a las fronteras exteriores de la Unión Europea. El reportero narra, en primera persona, su experiencia.

Es uno de esos encargos de los que nunca se sabe con antelación si se sacará algo en claro: sumergirse en la forma de pensar de los hablantes nativos de ruso, en la zona oriental de Estonia, mientras las bombas rusas caen sobre Ucrania, y tratar de imaginar su mentalidad, y sentir el estado de ánimo de la sociedad. ¡De acuerdo! ¡Vamos a intentarlo! Compruebo las previsiones meteorológicas. ¡Genial! Nueve grados centígrados bajo cero para Narva... Hará bastante frío en el este de Estonia esos días. Le pido a Robin, mi colega que se encarga de las cuestiones técnicas en la sede de Euronews, en Lyon, una batería de repuesto. Meto, también, ropa interior de abrigo en la mochila, una segunda cámara… ¡nunca se sabe! Y pongo, además, un montón de micrófonos, luces... mucho material de trabajo y mucho peso para lo que la dirección llama ‘equipo pequeño’. ¡Vamos!

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El periodista Hans von der Brelie junto al alambre de espino que se utilizará en la construcción de una valla en la frontera entre Estonia y Rusia.Euronews-WITNESS

Tamara, una anciana de habla rusa con una boina de lana de color rojo, espera en una estación de autobuses.

"Putin sabe lo que hace. Si los ucranianos no hubieran bombardeado el Dombás, ahora no habría pasado nada. Ellos mismos son culpables. Los ucranianos obligaron a Putin a actuar", afirma.

Anna lleva un gorro azul de lana en la cabeza. Pasea a su perro mientras le muestra la ciudad, cercana a Rusia, a un amigo que está de visita en la zona.

"A algunas personas de este lugar… resulta difícil decirlo, pero les han lavado el cerebro con la información de la televisión que divulga propaganda rusa", declara.

Por eso, la Unión Europea decidió desconectar los canales de propaganda de la televisión rusa. Muchas personas, a las que pregunto en las calles de Narva, no están de acuerdo con esta decisión. Gran parte de ellos son ancianos nacidos en Rusia, con escaso conocimiento de la lengua estonia.

No es la primera vez que trabajo en el este de Estonia. En estos últimos 20 años de buscar información para realizar reportajes para Euronews, en todo el mundo, he tenido bastantes buenas razones para cubrir la actualidad en esta parte de Europa una y otra vez. Así ocurrió con la entrada de Estonia en la Unión Europea, la entrada de Estonia en la ‘eurozona’, su ingreso en la OTAN... y un sinfín de ocasiones en las que Estonia ha acaparado la atención de los medios de comunicación.

Sin olvidar, por supuesto, el país báltico expuesto al miedo tras las primeras acciones llevadas a cabo por Putin en Ucrania, en 2014. Ha pasado el tiempo y aquí estamos de nuevo, en 2022, con la invasión de Ucrania ordenada por Putin. El mundo vuelve a plantearse la misma pregunta que en el pasado: ¿están los bálticos también bajo amenaza? A través de los canales de televisión controlados por el Estado, Rusia trató, durante años, de influir en la gente que vive aquí.

Más del 70 % de los habitantes de la región oriental de Estonia son nativos hablantes de ruso. En Narva, la ciudad fronteriza de Estonia con Rusia, son más del 90 %. ¿Son leales a Estonia? ¿Sí o no? En las calles de Narva opto por una pregunta provocadora y directa: ¿Dónde quieres vivir? ¿A qué país pertenece Narva? ¿A Estonia o a Rusia? Me sorprende que la gente hable con facilidad del tema. Tengo la sensación de que esos hombres y mujeres quieren y necesitan, urgentemente, compartir su punto de vista.

Olga, una señora bajita que lleva unas gafas de montura gruesa, cuya lengua materna es el ruso, y reside en Narva considera que la vida, "es mejor en Estonia porque es un país pequeño. Así que, el Estado presta más atención a la gente y, por tanto, hay un mejor sistema de asistencia social".

Vladislav, un hombre alto y joven de habla rusa, que tiene una cuidada barba y lleva gafas, un poco apurado, responde: "Estamos en Estonia. Todo está bien. ¿Por qué deberíamos realizar cambios? Narva debería quedarse dentro del país, en territorio estonio".

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Fiesta popular en el Castillo de Narva, en la que se rinde homenaje a la cultura estonia y a la cultura rusa.Euronews-WITNESS

Natalia, se encuentra dando un paseo con su hija, tiene el cabello teñido con tonos violetas. Reside en Narva y su lengua es el ruso.

"¿Cómo podríamos ser miembros de la Federación Rusa?", interroga. "Por supuesto… ¡estamos en Estonia! ¿Por qué? Porque mis hijos y yo somos ciudadanos de Estonia".

Roman se une a mí tras observar que una señora mayor se niega a contestar. Nativo hablante de ruso y residente en Narva, me ofrece su visión de los hechos. "Estonia es como una puerta de Europa. Es como si fuera una casa: hay una puerta. Nos sentimos en Europa, pero estamos justo en la puerta de Europa. Entras en la casa y empiezas a sentirte como en el hogar".

Un transeúnte apresurado ve mi micrófono y sugiere: "¿Euronews? Noticias falsas".

Dina, nativa hablante de ruso y residente en la localidad de Narva, muestra sorpresa y la pregunta, incluso, le hace gracia.

"No es una pregunta seria... ¡Por supuesto, Narva tiene que formar parte de Estonia! Formamos parte del mismo país".

De pronto, aparece Serguéi, un ciudadano con barba gris, gafas y ojos sonrientes, en bicicleta. Su idioma materno es el ruso y, como el resto, reside en Narva.

"Nací en San Petersburgo y me trasladé a Narva cuando aún existía la Unión Soviética, por motivos de trabajo. Observa el caso de mi familia: soy el único con pasaporte ruso. Uno de mis hijos tiene la nacionalidad británica, mis otros dos hijos tienen pasaporte estonio, y mi mujer, también tiene la nacionalidad estonia".

Gergana, una joven cuya lengua materna es el ruso, sonríe.

"Narva es una ciudad de habla rusa y hay gente rusa viviendo aquí, aunque pertenezcamos a Estonia. Somos estonios en una ciudad estonia. No sucederá eso de que formemos parte de Rusia. Somos parte de Estonia".

"Por supuesto, Narva tiene que permanecer en Estonia. Somos estonios. No es normal lo que hace Putin", señala Rana, de habla rusa.

Durante la ocupación soviética, Stalin deportó a muchos estonios a Siberia. Entretanto, algunos rusos llegaron a Estonia. Fue una época de ‘rusificación forzada’ de la región. Pero desde la ‘Revolución Cantada’ de Estonia, desde la entrada en la Unión Europea, muchas cosas han cambiado: unidos en la diversidad, ese es el reto. Algunos datos y cifras: en la actualidad, unos dos tercios de los nativos hablantes de ruso tienen pasaporte estonio. Alrededor de un 6 % de la población estonia tiene un ‘pasaporte gris’, no han pedido documentos de identidad estonios ni rusos.

¿Es fácil formar parte de la sociedad estonia teniendo el ruso como lengua materna? Mantengo una conversación con Anna. "Sí", dice. Después de estudiar derecho en Moscú durante siete años, volvió a su ciudad natal, Narva. Mientras Anna aprendió estonio, y ahora es perfectamente bilingüe, su marido solamente habla ruso. No todo el mundo en el entorno de Anna piensa como ella. Por eso, la política es un tabú en su familia.

"Hemos llegado a un acuerdo en nuestra familia", me dice Anna. "Claro que somos de mente abierta, pero nunca hablamos de la guerra o de la política. Sinceramente, yo misma no veo ninguna diferencia entre rusos y estonios, de verdad. Formamos una misma sociedad, estamos unidos. ¿Qué diferencia hay entre haber nacido en Narva o en Tallin? Hablo ruso, hablo estonio. Tengo amigos rusos, tengo amigos estonios… No hay absolutamente ningún tipo de discriminación".

La propaganda rusa trata de empujar a los nativos rusos que viven en Estonia a adoptar un papel de víctimas. Pero Anna, que trabaja en el Departamento de Asuntos Públicos de la ciudad y tiene pasaporte estonio, se siente igual que el resto: una estonia, como todos los demás. Hoy el problema es de otra naturaleza: hay estanterías vacías en los supermercados. Los productos rusos han sido descatalogados. Además, se producen compras masivas provocadas por el pánico, debido a la ‘guerra de Putin’ en Ucrania.