Ropa, coches y basura: un vertedero en el desierto de Atacama destruye el frágil ecosistema

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Por Lucia Riera Bosqued  con AFP
Montañas de ropa usada, neumáticos y coches cubren el desierto de Atacama.
Montañas de ropa usada, neumáticos y coches cubren el desierto de Atacama.   -   Derechos de autor  AFP

Un vulnerable ecosistema convertido en vertedero del planeta. El vasto desierto de Atacama, en el norte de Chile, es el mejor ejemplo del consumismo atroz y la falta de conciencia global.

Sus montañas esconden ropa, neumáticos y hasta torres de coches para el desguace.

La abogada y activista ambiental Paulin Silva reclama una responsabilidad solidaria al Estado y la municipalidad: "Este es tu terreno, y acá tienes metidas muchas toneladas de ropa, que son un peligro, son un riesgo ambiental, son un peligro para la salud de las personas, y no corresponde."

Las toneladas de ropa usada arrojadas entre los cerros ingresan a Chile por la Zona Franca de Iquique (Zofri), uno de los centros de comercio libre de impuestos más importantes de Sudamérica.

También lo hacen los miles de vehículos descartados y viejos neumáticos. Son tantos que hasta se usan para construir muros de viviendas informales.

Patricio Ferreira, el alcalde de Alto Hospicio, a unos 1.800 km al norte de Santiago, dice sentirse abandonado. "Sentimos que nuestra tierra se ha transformado en una zona de sacrificio finalmente, pero insisto, son los inescrupulosos del mundo que vienen a botar su basura acá. Es como el patio trasero. Ya ni siquiera somos el patio trasero local, si no que somos el patio trasero del mundo, que es peor, y no hay conciencia todavía para resolver este problema".

El año pasado el Servicio Nacional de Aduanas de Chile registró la entrada de 46.287 toneladas de ropa usada por un monto de 49,6 millones de dólares CIF (valor del producto, más transporte y seguros). El ingreso creció más de 50% desde 2018.

Y en este depósito del norte de Iquique se acumulan 8.400 automóviles. Gran parte de esos autos se reexporta a Perú, Bolivia y Paraguay, pero muchos terminan botados en las calles y los cerros de Atacama.

Contaminación, sequía y minería

La contaminación, sumada a la escasa agua en esta zona y la intensiva minería del cobre y del litio, ponen en riesgo el ecosistema.

"El desierto son "los cerros pelados" que lo llaman por lo general la mayoría de las personas, que lo ven como un lugar de minería, solamente donde se explota el mineral, de donde se puede sacar recursos o llenarse los bolsillos, pero todavía no está esa conciencia de que es un desierto que no es tan desierto, y que el nombre "desierto" está como mal puesto", dice Carmen Serrano, activista medioambiental de la organización Endemic roots.

Los ambientalistas piden una regulación que contemple el destino final de los productos para evitar echar a perder este austero territorio de más de 100.000 kilómetros cuadrados.