China entierra la política de cero covid: "No veremos cambios radicales"

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Por Laura Llach
Una mujer se prepara para una prueba rutinaria de covid en un centro de Pekín.
Una mujer se prepara para una prueba rutinaria de covid en un centro de Pekín.   -   Derechos de autor  Andy Wong/Copyright 2022 The AP. All rights reserved

Tan solo once días después de las protestas que sacudieron las calles en más de veinte ciudades de China, el comunicado oficial anunciado este miércoles ha mantenido a toda la población pegada al televisor.

Nadie se quería perder el principio del fin de la política covid cero que ha abanderado el gigante asiático desde el inicio de la pandemia.

“Estamos deseando saber qué va a pasar con este experimento. En teoría, a partir de abril ya abrirán fronteras, pero vamos con prudencia. Hemos vivido muchas cosas aquí y ya sabemos cómo funciona todo”, cuenta a Euronews Pilar González, española viviendo en Shanghái desde hace cuatro años, cuyo nombre ha sido modificado para mantener su privacidad.

La batería de medidas anunciadas por el Consejo de Estado -el equivalente al Ejecutivo chino- permiten, entre otras cosas, que aquellas personas infectadas por covid no tengan que pasar el virus en centros de cuarentena y puedan quedarse en sus casas.

“Nos está sorprendiendo lo rápido que se están tomando estas medidas. Conozco varios casos que acaban de dar positivo y, al comunicarlo, les han dicho que se queden en casa y lo pasen como una fiebre”, asegura la española.

“Por ahora es todo muy caótico. Parece que cada ciudad y cada barrio sigue su propia política, así que habrá que esperar algunos días”, añade.

A esto se le suma que, a los ciudadanos, se les permitirá adquirir sin restricciones test de antígenos para poder diagnosticarse en sus casas y medicinas para tratar la covid.

Las autoridades han incluido un guiño a los manifestantes anunciando el fin del sofisticado sistema de códigos QR, una de las medidas que más rechazo estaban generando entre la población.

Cada persona debía escanearlo en la puerta de establecimientos, edificios o transporte público para verificar que no tenía covid y facilitar el rastreo en caso de contagio.

“Aunque son buenas noticias, no sabemos cuándo lo van a implementar. Por ahora, en Shanghái, lo siguen pidiendo en todos los sitios”, señala González y añade que, en Pekín han empezado a prescindir del código en algunos establecimientos.

Cuenta que, en el último mes, ha estado confinada un mínimo de dos días por semana. La última vez fue porque en el hospital donde trabaja uno de sus vecinos llegó una persona infectada por covid.

A pesar de que él no fue el encargado de atender a ese paciente, fue considerado contacto estrecho, al igual que todo el edificio en el que vive.

El Ejecutivo también ha optado por flexibilizar uno de los pilares de la política de cero covid. La reducción del testeo masivo con PCR podría ser quizás la prueba más significativa de esta nueva etapa en el país.

Sin embargo, los expertos prefieren ser cautos. “Lo único que han hecho las autoridades ha sido acelerar las 20 medidas que ya propusieron en noviembre”, señala Inés Arco, investigadora de Barcelona Centre for International Affairs, especializada en Asia Oriental y política china.

“Lo han lanzado como una forma de respuesta para intentar calmar los ánimos. Dar ese brazo a torcer para evitar que el descontento y las movilizaciones continúen. Pero no estamos viendo medidas tan diferentes de estas pequeñas flexibilizaciones que ya habían propuesto previamente”, añade.

“No veremos cambios radicales, como desconfinar al 100% o abrir completamente una ciudad, hasta dentro de unos meses”, zanja la investigadora.

Movilizaciones históricas

El único rastro que ha quedado de la espontánea revuelta de los folios en blanco, que protestaba contra la férrea política anti covid, es la amplia presencia policial en las calles de Pekín.

También en Shanghái han sacado los coches a patrullar en los últimos días a pesar de que no queda ni un solo manifestante.

“¡Abajo el Partido Comunista! ¡Abajo Xi Jinping!”, se oía en las calles de algunas ciudades chinas. Ahora parece que el Ejecutivo ha cedido a la presión de unas movilizaciones históricas cuya imagen dio la vuelta al mundo.

“Al aplicar estas políticas la situación económica se ha resentido mucho. La sociedad está ya cansada. Muchísima gente ha tenido que cerrar su negocio y buscarse la vida”, asegura González.

Se dio cuenta de la gravedad de la situación en un viaje a una plantación de té, cuando una de las mujeres que labraba la tierra habló en inglés perfectamente. Al preguntarle, la mujer le contó que antes regentaba una cafetería internacional en el centro de su ciudad, pero los confinamientos y el hermetismo de la política anti covid habían acabado con su negocio.

Sin embargo, fue el incendio en Urumqui (al oeste de China), en el que murieron diez personas, lo que sacó a la gente a la calle. El edificio estaba confinado y los bomberos no pudieron llegar a tiempo debido a las medidas que habían impuesto las autoridades para asegurarse de que los contagiados cumplían la cuarentena.

“Lo que hace que sean históricas estas manifestaciones es su extensión y su espontaneidad”, sostiene la investigadora de Barcelona Centre for International Affairs.

“Lo interesante es cómo de este elemento tan local, como es el incendio, ha pasado a una extensión de protestas en múltiples ciudades, en más de 40 campus universitarios, sin ningún tipo de organización, ni de comunicación”, añade.

Para la investigadora, la política de covid cero no ha sido la única razón detrás del descontento social. La ralentización de la economía china y su consiguiente impacto en el mercado laboral preocupa a los jóvenes que ven un futuro muy alejado de sus expectativas.

“Han crecido en una China que era el milagro, viendo como las capacidades materiales de sus padres han ido aumentando. Y, ahora mismo, los trabajos a los que pueden optar no son tan especializados, sino más bien técnicos como, por ejemplo, producción en fábricas. Eso está causando un gran descontento”, asegura.

Esto sumado a la caótica organización de los confinamientos de la pasada primavera en ciudades como Shanghái, donde había escasez de alimentos, y la esperanza truncada de que en otoño la situación mejoraría en el país, ha conseguido avivar la frustración de la población.

A ojos de la experta, la respuesta a estas peticiones podría mejorar la imagen del presidente chino, Xi Jinping, al mostrar que escucha a la población e intenta acelerar la implementación de la flexibilización. Aunque todo dependerá de cuál sea el impacto real de estas medidas en un sistema sanitario tan tensionado como el chino.