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Un verano difícil para el euro

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Un verano difícil para el euro

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La moneda única profundiza en julio una tendencia bajista frente al dólar iniciada en mayo. La negativa de franceses y holandeses a la Constitución Europea, así como la división política que emergió en la última cumbre comunitaria han generado una desconfianza sobre el euro, que ha perdido más de un 12% de valor desde enero. El fixing más bajo en 14 meses se ha registrado este martes. El euro caía a un dólar 1689, antes de remontar ligeramente. Los mercados pronostican un statu quo monetario en el BCE, ante una inflación estimulada por los precios petroleros, y a pesar del estancamiento de las principales economías de la eurozona.

Porque si el euro cae, es debido a un dólar que se aprecia en los mercados, al contar con tasas de interés un punto y cuarto superiores a las vigentes en el Viejo Continente, y sobre todo al reflejar una economía estadounidense que vuelve a recuperar la forma. En 2005, el FMI pronostica una expansión de un 3,6% en Estados Unidos, eclipsando a una zona euro semiestancada. El dólar regresa con fuerza, ante indicadores que no dejan lugar a dudas sobre la reactivación de la primera economía mundial: en junio el índice de confianza de los consumidores norteamericanos fue el mejor en tres años y el ISM del sector manufacturero se ha disparado tras siete meses consecutivos de caídas. Coyuntura boyante, tipos de interés en Estados Unidos que volverán a subir, alimentando la cotización del dólar.