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El sueño humano de volar como los pájaros

El sueño humano de volar como los pájaros
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La Copa Ícaro es el sitio de encuentro para los aficionados al vuelo libre. Un festival único en el mundo, cuya 36ª edición acaba de tener lugar en Saint Hilaire du Touvet, en el macizo de la Chartreuse, Francia.

El evento hace las delicias de los aficionados a sensaciones fuertes: “Esto es como el sueño de Ícaro. Volar con las águilas es como nadar con los delfines. Para mí, significa realizar el sueño de mi infancia”. “Volar sin motor, con un trozo de tela, es algo absolutamente único.” “No hay que llamarse Rambo para montar en parapente”. “Este es el espíritu del parapente. Somos como una gran familia”. “Es como una droga pero mucho mejor que una droga”. Entre los actos programados uno de los más populares es el concurso de disfraces que, en esta ocasión, ha atraído a miles de aficionados al vuelo libre. Lejos de ser tan sólo un carnaval, esta afición, que es mucho más difícil de lo que parece, ha permitido a parapentistas y pilotos de ala delta, poner a prueba su destreza en condiciones no siempre favorables. Todo transcurre en un ambiente relajado y lúdico: este año se han podido ver: una mosca, un hipopótamo, una casa… y a los voluntarios de la Asociación L´Aile aux Enfants, que han ofrecido su bautismo de aire a 6 niñas y niños que padecen cáncer. ¿Cuál es el punto en común entre todos estos locos del vuelo? Están aquí para disfrutar; no se lo toman muy en serio. Es el espíritu de la Copa Ícaro desde el primer día. Aunque desafortunadamente, algunos no van muy lejos. El parapente ha sido el eje sobre el que ha girado la Copa Ícaro. Su práctica se ha disparado en los últimos 20 años.Hoy en día, con una inversión de menos de 2.000 Euros, y por supuesto, con una sólida formación en una escuela especializada, cualquiera puede cumplir el sueño de Ícaro. Jean Paul Dubillon es una de las figuras más importantes del parapente en Europa. Ha participado en todas las Copas Ícaro: “El parapente es un aparato increíblemente fácil. Podemos ensayar sin arriesgar. Aunque también es una actividad peligrosa, dura, que reclama saber de aeronáutica, y conocer las condiciones meteorológicas. Pero, si alguien quiere divertirse o reir, está abierto a todos. A todo el mundo “. El sueño de Ícaro no se puede improvisar. Esta cita ha permitido que los aficionados puedan encontrar nuevos lugares para practicar el vuelo, conocer cuáles son los permisos necesarios, ya que no son los mismos en todas partes en Europa, o probar un simulador. La mayoría de los curiosos se sorprendieron con los dirigibles de última generación, que, como algunos coches, funcionan completamente con electricidad. Y después, la mayoría de los deportistas se mostraron clararamente interesados por las nuevas prácticas, siempre más extremas, de aproximarse al sueño de Ícaro: volar como un pájaro. Se llama “wingsuit” y está reservado a la élite de los paracaídistas. Trajes que hacen parecerse a un murciélago permiten volar casi tres veces más tiempo que en un salto clásico, antes de abrir el paracaídas. Cathy Jean Albert es una de las estrellas de este deporte: “Reproducen un poco lo que hacen las aves: se puede girar, si se ponen hacia adelante las alas se gana velocidad y si se recogen, se frena. Podemos jugar con los demás, hacer figuras, volar sobre la espalda o hacer giros de 360 grados, por ejemplo. Disponemos de más tiempo de caída porque ofrece mayor resistencia al aire. Y por lo tanto, aumentamos nuestro tiempo de diversión.” Los “hombres pájaro” más extremos como Loïc Jean Albert, buscan ahora moverse lo más cerca del relieve, el mayor tiempo y con la mayor fluidez posible. El sueño de Ícaro tiene un gran futuro por delante.
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