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Los sonidos de Viena

Los sonidos de Viena
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Viena alberga siglos de historia. El pasado y el futuro conviven en las calles de la ciudad elegida por los Habsburgo como capital de su imperio. Una ciudad ligada a la música, en la que si mantenemos los oídos abiertos podemos escuchar infinidad de sonidos característicos.

Wolfgang Vladar contribuye con su arte a la melodía de la ciudad. Este músico lleva casi veinte años en la Filarmónica de Viena. Toca el cuerno vienés, un instrumento representativo de esta famosa orquesta.

“La suavidad es lo que caracteriza al sonido de Viena. Diría que hay amor en cada tono, en la manera en la que empieza a sonar, en cómo se mantiene hasta el siguiente, cómo se enlaza y cómo termina”, explica Vladar.

Pero el ambiente sonoro de la capital austríaca va más allá. El bullicio de sus numerosos, y no menos famosos, cafés también forma parte de él.

“Para mí, el sonido típico es el de la música, dado que paso mucho tiempo en este ambiente, pero también reconozco el del tintineo de la taza con el plato. También es el sonido de Viena. Cuando lo oigo al levantarme, sé que estoy aquí”, añade Wolfgang Vladar.

El aroma del café está onmipresente en la ciudad. Pocos lugares en el mundo pueden igualar la cantidad de cafeterías y salones de té que podemos encontrarnos en Viena. Por lo general acogedores, tienen una carta muy variada, en la que se ofrecen hasta cuarenta maneras diferentes de preparar el café. Todo un reto para los camareros…

“Tiene que ser discreto. Esta es la diferencia fundamental entre un camarero normal y un jefe de camareros vienés. Suele llevar tiempo haciendo su trabajo y conoce a sus clientes. Está al tanto de sus asuntos privados, a veces incluso de sus secretos íntimos que no puede revelar. Es un hombro sobre el que llorar. Un camarero vienés es como un psicólogo”, cuenta Gerhard Seiz, jefe de camareros en el Hotel Sacher.

Desde finales del siglo XIX y hasta los años treinta del XX, los cafés eran un lugar de encuentro para intelectuales.

“En Viena hay mucha vida cultural y suele verse también en los cafés. De ahí viene el término ‘poeta de café’. Se los puede encontrar aquí, en Viena”, asegura Vladar.

El ajetreo empieza a primera hora de la mañana en la confitería imperial y real Demel. Pastas, mazapanes, chocolates y, por supuesto, su famosa tarta Sacher. Aunque su receta sea secreta, nos han dejado ver cómo la preparan…

“Es muy importante conseguir la textura adecuada”, cuenta el jefe pastelero, Michael Bednar. “Se tiene que formar una capa que nos indica si está lista o no. Para saber si va a estar buena hay que tener instinto y mucha experiencia. No hay ninguna receta”.

Así pues, el ingrediente fundamental es la intuición. Bednar lleva ejerciendo su profesión más de 25 años y durante todo este tiempo ha preparado más de un millón de tartas Sacher.

Testigos del pasado glorioso de la ciudad, las calesas llevan recorriendo los rincones de Viena desde finales del siglo XVII. El chasquido de las herraduras y el empedrado es un sonido más de sus calles.

A pesar de su historia, Viena es consciente de que tiene que mirar hacia adelante. El ruido de las obras de una nueva estación de tren se introduce en el paisaje sonoro de la metrópoli. Este proyecto, valorado en cuatro mil millones de euros, incluye la construcción de un nuevo barrio para 2015.

“Los vieneses no conocen esta área porque era una zona de carga y descarga de mercancía. El acceso estaba restringido y tampoco se podía cruzar de un lugar a otro. Era una auténtica barrera. Nuestra idea era eliminar esta separación y construir una estación de tren rodeada por un nuevo barrio con apartamentos y un gran parque”, explica el director del proyecto, Eduard Winter.

Los sonidos no sólo los producen los objetos y las máquinas, también las personas. Su manera de hablar caracteriza a los vieneses, y a los austríacos, como explica el escritor Peter Henisch en su libro “Schwarzer Peter”:

“El alemán se produce en la parte delantera de la boca, desde donde sale disparado, mientras que el austríaco surge de atrás. Necesita más tiempo para salir y por ello puede ser más tosco o primitivo pero incluso poético”.

Una capital que se puede visitar con los ojos cerrados, dejándonos llevar por sus susurros, tintineos, estruendos, silencios y melodías.

Al caer la noche, se oye el más famoso de los sonidos de la ciudad, el de la Filarmónica. Sus instrumentos conservan el latido de la Viena clásica, y el público sigue recibiéndolos con la misma emoción.