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El espíritu sostenible de Dunkerque

El espíritu sostenible de Dunkerque
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Dunkerque, una ciudad con puerto industrial al norte de Francia, cambia de cara. Un programa de rehabilitación de su centro urbano la meterá definitivamente en el siglo XXI.

Los proyectos en marcha tratan de reconciliar intereses económicos, medioambientales y sociales. También busca crear empleo y mejorar la calidad de vida de los 210.000 habitantes del distrito del Gran Dunkerque.

El nombre de Dunkerque nos retrotrae inevitablemente a lo ocurrido aquí durante la Segunda Guerra Mundial. En mayo de 1940 las tropas nazis sitiaron a franceses, belgas y británicos.

Londres lanzó entonces la Operación Dynamo. Casi 340 mil soldados fueron transportados a Inglaterra bajo intenso fuego enemigo.
Una retirada que duró ocho días, realizada en su mayor parte por destructores británicos. También participaron 800 barquitos, la mayoría tripulados por reservistas que los cogieron sin avisar.

Pero Churchill acuñó el término de “espíritu de Dunkerque” para simbolizar la voluntad del pueblo británico de plantar cara a Hitler.
70 mil hombres resultaron muertos, desaparecidos o capturados.
Dunkerque fue liberada el 9 de mayo de 1945. Era una ciudad en ruinas.

Ahora Dunkerque está embarcada en un proyecto de reurbanización de su centro urbano obra del arquitecto catalán Joan Busquets. Una combinación de paisajismo y movilidad en torno a siete ejes que permitirá disfrutar a sus cinco mil habitantes de agradables paseos de una punta a otra del barrio, liberados del molesto y denso tráfico actual.

“Dunquerque es un proyecto de unos veinte años”, cuenta Jean-Louis Muller, Director de Proyectos para el Consejo del distrito de Gran Dunkerque. “Lo que está detrás nuestro es lo que hoy llamamos territorios Neptuno. Rodean el centro de la ciudad, el centro de la aglomeración urbana, caracterizado sobre todo por la plaza Jean Bart, la plaza central de Dunkerque.

Dunkerque es una ciudad de los años cincuenta, una ciudad llena de coches, con grandes bulevares, con el coche que penetra completamente en el centro. Con al menos un treinta por ciento de vehículos que no se detienen, que atraviesan el centro de la ciudad para ir del este al oeste o de sur a norte.

Nuestro objetivo y nuestra forma de trabajar es decir que ya que tenemos estos grandes bulevares, vamos a completarlos, a rodearlos por una carretera de circunvalación que se encuentre lo suficientemente lejos del centro de la ciudad”.

El barrio de Grand Large constituye uno de los programas del proyecto Neptuno. Se extiende en el área que ocuparon los astilleros hasta su cierre en 1987.
Los edificios cuentan con lo último en protección medioambiental. Algunos de ellos son punteros en eficiencia energética.

En Grand Large se deja poco espacio a los coches. Una forma de promocionar un transporte más ecológico.

Las autoridades locales quieren que el barrio sea una mezcla de edades y clases sociales. Se construirán mil viviendas, el cuarenta por ciento de ellas sociales. 250 ya están en pie.

Daniel y Edith David se mudaron el pasado mes de mayo. Les gusta mucho estar cerca del centro y de la playa de Malo-les Bains. Visitaron un piso en enero de 2011 que estaba a 16 grados centígrados con la calefacción apagada.
Pero a la pareja le preocupa el futuro de su barrio.

“Hay dos proyectos que separadamente estarían bien”, comenta Daniel David. “El proyecto del barrio, el eco-barrio y el proyecto del anillo de circunvalación lejos del centro. El problema es que ambos se cruzan aquí, ese anillo va a cruzar el barrio ecológico”.

La eficiencia energética es una de las preocupaciones más importantes del distrito. Comenzó a aplicarse hace veinte años, con la construcción de una red de calefacción que capturaba el calor sobrante de una planta siderúrgica, que se utilizaba para calentar el agua circulante. Un sistema que abastece a 12.000 hogares y varios edificios públicos.
Además de ampliar esta red, las autoridades locales quieren explotar nuevas fuentes de energía.

“Esta fuente de calor era, en su momento, una oportunidad”, explica Daniel Lemang, Vicealcalde de Dunkerque. “Hace 25 años era una oportunidad, los inventores de la época se dijeron; “¿pero por qué perder este calor? Tenía sentido. Vamos a ver, en una investigación tecnológica con la universidad, cómo podemos explotar otras fuentes de calor ahora no recuperable. Pienso, por ejemplo, en la planta de incineración”.

Dunkerque es una de los centros de energía más grandes de Europa. En la región hay una central nuclear, el extremo de un gaseoducto, una refinería y un puerto de mar que en 2011 gestionó más de 47 millones de toneladas de carga, el 16% carbón.
Dunkerque es el séptimo puerto más grande de la costa europea entre Le Havre y Hamburgo.

Hace cinco años la administración del puerto decidió apostar por el gas natural licuado. Hace un mes comenzaron los trabajos para construir una terminal de metano.

El proyecto es una joint venture entre dos operadores de energía franceses, EDF y GRT Gaz. El coste total es de 2.500 millones de euros, 150 millones procedentes del puerto de Dunkerque. Se prevé que las obras finalicen en 2015.

A pleno rendimiento, la terminal creará setenta empleos directos y varios cientos indirectos. Pero el objetivo no es solo económico. La presencia de dos especies protegidas, una de aves, el charrancito común y otra vegetal, la salicornia europea, obligó a realizar cambios en los bocetos originales.

“Hay dos cosas sobre la región de Dunkerque que hay que destacar”, afirma Stéphane Raison, Consejero Delegado del Puerto de Dunkerque. “La primera es que es una región en la que la aceptación social en materia de desarrollo industrial es constante, lo que no ocurre en otros lugares de Europa. La segunda es que en el arranque de este proyecto de la terminal de metano las asociaciones locales no querían seguir adelante porque se iba a construir en un lugar en el que vivían dos especies protegidas a nivel europeo. Tuvimos un debate público en 2007 y 2008, que concluyó con una opinión favorable de la Comisión Francesa para el Debate Público. Eso hizo que nosotros, el Puerto de Dunkerque, cambiáramos el proyecto por otro que tiene en cuenta estas obligaciones medioambientales”.

Dunkerque recibió por primera vez en 1996 el premio de ciudad sostenible otorgado por ICLEI, Asociación de Gobiernos Locales por la Sostenibilidad.
¿Pero existe una contradicción entre la industrialización de un territorio y el deseo de un mundo más sostenible?

“El desarrollo sostenible es una innovación para el crecimiento y no una innovación para la ruptura”, aclara el sociólogo Christophe Gibout. “De hecho, es en principio desarrollo económico al que añadimos una doble dimensión, por una parte una dimensión de durabilidad, de sostenibilidad, es decir, que es necesario preservar los recursos y el medioambiente para las generaciones futuras, y además tiene una dimensión de democracia participativa”.

En una región en la que el porcentaje de desempleo supera el doce por ciento, el mantenimiento de su tejido industrial continúa siendo el primer objetivo de las autoridades locales. Un fin compartido por al menos la mitad de la población. Pero no a cualquier precio. Mejorar la calidad del medioambiente es la otra cara de la moneda.

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