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Somalia inviste nuevo presidente sin apenas Estado

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Nada más ser elegido, el nuevo presidente de lo que queda de Estado somalí escapaba por poco de un atentado.

Era un viernes, 48 horas después de haber sido elegido, y el hotel en el que se alojaba Hassán Sheij Majmud era objeto de un atentado que dejaba tres muertos.

Una buena muestra de lo que espera al nuevo presidente.

Siendo un país rasgado por la guerra desde hace 21 años, Somalia lidera dos clasificaciones: la de los países más peligrosos y la de los más corruptos. Y bajo estas dos losas hay poco lugar para la esperanza.

Este exprotectorado italiano ha coqueteado con el caos total desde 1991.

El clima de descontento que reinaba entonces contra el régimen del dictador Siyaad Barre empujó al país al abismo. Un conflicto civil enzarzó ese año a los señores de la guerra, cuya única motivación era la codicia y el saqueo. Cinco millones de personas sucumbieron al hambre y la enfermedad.

En diciembre de 1992 y auspiciados por la ONU, los Estados Unidos implementan la operación “Restore Hope”: recuperar la esperanza.

Pero es un fiasco y la muestra es la batalla de Mogadiscio en 1993: 19 soldados estadounidenses, un casco azul malayo y cerca de un millar de somalíes terminan muertos. El presidente Bill Clinton decide entonces retirar sus tropas.

La constante presencia de la ONU no ha mejorado la situación. Ha incluso empeorado tras la llegada de los ‘Al Shabab’, combatientes islamistas que rinden lealtad a Al Qaeda.

Desde hace seis años mantienen una guerra sin cuartel contra las tropas gubernamentales apoyadas por Etiopía.

El mapa de Somalia es un verdadero rompecabezas. Al norte dos estados abandonados a la violencia y que se han declarado independientes.
Algunas pequeñas zonas controladas por milicias locales, apoyadas por Etiopía y progubernamentales. La gran mayoría del país está bajo el mandato islamista y tanto Mogadiscio como otras pequeñas parcelas con lo único que le queda todavía al gobierno y la Unión Africana.

Los militantes ‘Al Shabab’ que han inclinado la balanza hacia el islamismo son una escisión de la fracción más dura de la Unión de tribunales islámicos, que propugna la instauración de la charia o ley islámica.

Su nombre, que significa ‘juventud’, está inscrito en la lista de organizaciones terroristas por EE.UU.

Frente a ellos se posicionan las fuerzas de un Gobierno precario y de la Misión de la Unión Africana para Somalia, bajo el paraguas de la ONU y creada en 2007, en principio para seis meses y prorrogada hasta ahora. Los 12.000 hombres que la componen permanecen en el país sine die.