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Sudán del Sur al borde de la implosión

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Hace tres años, Sudán del Sur celebraba una independencia soñada desde hacía décadas.

Pero desde entonces, el sueño se ha convertido en pesadilla: guerra civil, hambruna…la nación más joven del mundo está al borde de la implosión. La alegría de enero de 2011, cuando el sí a la independencia del sur cristiano ganó con una aplastante mayoría, ha dado paso al aniversario más triste.

Tras el referéndum previsto por los acuerdos de paz firmados en 2005 con Jartum, Salva Kiir, presidente de la región autónoma de la etnia Dinka, se convirtió en el nuevo presidente del Estado. Pero las derivas autocráticas llegaron casi de inmediato.

En julio de 2013, Kiir depuso a su vicepresidente. Riek Machar, de la etnia rival Nuer, había hecho públicas sus intenciones de presentarse a las presidenciales de 2015.
El 15 de diciembre, tras escapar a una tentativa de asesinato, Machar comenzó a organizar la rebelión. Fue el comienzo de la guerra civil, una sucesión de masacres entre dinkas y nueres que puso al país al rojo vivo ante la indiferencia general.
Al frente de la misión de mantenimiento de la paz de la ONU en Sudán del Sur desde hace tres años, Hilde Johnson concluyó esta semana su mandato constatando el fracaso de la misión:

Hilde Johnson:
“Sudán del Sur ha padecido tres enfermedades desde 2005: la primera es el cáncer de la corrupción, con el petróleo convertido en una lacra más que en una bendición, la segunda el gobierno de las armas y no el de la ley, con una impunidad total para las fuerzas de seguridad y la tercera es el egoismo de la élite dirigente que gobierna para mantener sus privilegios más que para el pueblo”.

Hasta estas terribles imágenes de la masacre de Bentiu, los pasados 15 y 16 de abril, la comunidad internacional no comenzó a mirar más de cerca lo que sucede en Sudán del Sur. En plena calle, los cadáveres de centenares de civiles asesinados por los rebeldes durante la toma de la ciudad.

El 2 de mayo, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, hizo una visita sorpresa a Juba, la capital, arrancando a los beligerantes un alto el fuego que no llegó a ser respetado realmente, porque el presidente Kiir ve con malos ojos toda injerencia exterior.

Menos la de Uganda, que apoya militarmente al campo presidencial. El conflicto amenaza con desestabilizar toda la región, desde el Océano Índico a la de los grandes Lagos, una de las más prometedoras de África económicamente.

Y mientras prosiguen las masacres, los pozos de petróleo, único recurso de Sudán del Sur, siguen parados. Solo el hermano enemigo del norte de frota las manos: en caso de implosión, Jartum recuperará el control del oro negro del sur.

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