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¿Quién se atreverá ahora a llevar la contraria a Donald Trump?

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¿Quién se atreverá ahora a llevar la contraria a Donald Trump?

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La pregunta está en el aire tras la abrupta destitución de Rex Tillerson como Secretario de Estado. ¿Quién se atreverá ahora a contradecir a Donald Trump en el seno del Gobierno? Tras meses negando los rumores, el presidente estadounidense ha terminado reconociendo que había una ausencia total de sintonía con el jefe de su diplomacia en temas tan delicados como el acuerdo nuclear con Irán. Ante un gurpo de periodistas, Trump justificaba así su decisión:

"Rex y yo hemos estado hablando de esto durante mucho tiempo. De hecho, nos llevamos bastante bien, pero no estamos de acuerdo en algunas cosas. El acuerdo con Irán, por ejemplo, creo que es terrible, pero él pensaba que estaba bien. Yo quería romperlo o hacer algo. Sentíamos diferente. No pensábamos igual", se ha justificado el mandatario.

Tampoco pensaban igual sobre la participación de Rusia en el ataque con gas nervioso contra el exespía ruso Serguei Skripal y su hija en el Reino Unido. De hecho, Tillerson ha sido destituido horas después contradecir a la Casa Blanca y refrendar las sospechas del Gobierno británico sobre la implicación del Estado ruso en el atentado. En su discurso de despedida, ha advertido a Rusia de que si sigue por ese camino "terminará aislándose aún más" y ha recomendado al Gobierno estadounidense que defina claramente cuál debe ser su relación con China en los próximos 50 años.

En uno de sus habituales tuits, Trump ha dado las gracias a Tillerson por los servicios prestados y ha aseverado que su sucesor, el hasta ahora director de la CIA Mike Pompeo, hará un trabajo fantástico.

¿Quién es Mike Pompeo?

Mike Pompeo pertenece al ala dura del partido republicano. Está casado, tiene 54 años y es miembro del Tea Party y de la Asociación Nacional del Rifle. Antes de ser nombrado director general de la CIA, el 23 de enero del año pasado, ejercía como congresista por Kansas. Había sido miembro de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y participó en la investigación de la trágica muerte del embajador de Estados Unidos en la localidad libia de Bengazi.

Pompeo en una imagen de archivo jurando el cargo de Director de la CIA

Cuando Trump formó su Gobierno, encontró en Pompeo el eco que esperaba escuchar en otros estrechos colaboradores. Fue precisamente el director de la CIA quien impulsó el cambio de actitud de la administración estadounidense con respecto al Tratado Nuclear con Irán. Tras la salida de Tillerson, le corresponderá pilotar el acercamiento entre Estados Unidos y Corea del Norte, y supervisar la histórica reunión bilateral que mantendrán sus líderes. Hace unos días, en una entrevista televisada, aseguró que su país no haría concesiones mientras se llevan a cabos las negociaciones. Su puesto al frente de la Agencia Central de Inteligencia lo ocupará su número dos, la controvertida Gina Haspel.

El oscuro pasado de Gina Haspel

A sus 61 años, la primera directora de la historia de la CIA es una experta en operaciones de espionaje. Ingresó en la agencia de inteligencia más famosa del mundo en el año 1985 y desde entonces fue subiendo en el escalafón y rompiendo moldes dentro de la institución.

Gina Haspel en un acto oficial el pasado mes de octubre

A lo largo de su carrera, estuvo destacada en distintas zonas del planeta y en todas sirvió con celo. A veces con demasiado, según se descubrió más tarde. Cuando en 2013 fue nombrada jefa interina del Servicio Clandestino de la CIA, se levantó tal revuelo que tuvo que ser sustituida semanas más tarde. ¿La razón? Había presenciado al menos dos de las tristemente célebres sesiones de tortura de la CIA en las que se simulaban ahogamientos para arrancar información a los sospechosos de terrorismo y ordenó quemar las cintas en las que estaban registrados los interrogatorios.

Cuando el año pasado se hizo público su nombramiento como subdirectora de la CIA, el New York Times reveló al público lo que se había mantenido casi en secreto: Haspel había dirigido una de las cárceles clandestinas que "sembró" la administración Bush por el mundo tras los ataques del 11S para recluir a los sospechosos de terrorismo. Según el rotativo, ella habría estado involucrada en las torturas. Pompeo ni se inmutó. En su opinión, Gina era una patriota y funcionaria "ejemplar" que inspiraba a todos los que la rodeaban.