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"Perdimos": Veteranos de EEUU lamentan la sangre derramada en Afganistán

Por Reuters
"Perdimos": Veteranos de EEUU lamentan la sangre derramada en Afganistán
"Perdimos": Veteranos de EEUU lamentan la sangre derramada en Afganistán   -   Derechos de autor  Thomson Reuters 2021
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Por Tim Reid

GARDENGROVE, California, 20 jul – Jason Lilley fue soldado de las fuerzas de operaciones especiales de los Marines que luchó en múltiples batallas en Irak y Afganistán durante la guerra más larga de Estados Unidos. 

Cuando Lilley, que tiene 41 años, reflexiona sobre la decisión del presidente Joe Biden de poner fin a la misión militar de Estados Unidos en Afganistán el 31 de agosto, expresa su amor por su país, pero su repulsa hacia sus políticos y su consternación por las vidas y el dinero dilapidados. Compañeros suyos fueron asesinados y mutilados en guerras que, según él, no se podían ganar, lo que le hizo replantearse su país y su vida.

“Perdimos la guerra al cien por cien”, dijo Lilley. “El objetivo era deshacernos de los talibanes y no lo hicimos. Los talibanes van a tomar el control”.

Biden dice que el pueblo afgano debe decidir su propio futuro y que Estados Unidos no debe sacrificar otra generación en una guerra imposible de ganar.

Los atentados de Al Qaeda contra Estados Unidos el 11 de septiembre desencadenaron un conflicto de casi 20 años que provocó más de 3.500 muertes de militares estadounidenses y aliados, la muerte de más de 47.000 civiles afganos, la muerte de al menos 66.000 soldados afganos y la huida del país de más de 2,7 millones de afganos, según el proyecto independiente Costs of War de la Universidad de Brown.

“¿Mereció la pena? Es una gran pregunta”, dijo Lilley, que estuvo en primera línea de la conocida como “guerra global contra el terrorismo” de Estados Unidos en Irak y Afganistán durante casi 16 años. 

Lilley cuenta que llegó con la convicción de que las tropas estaban allí para derrotar al enemigo, estimular la economía y hacer avanzar a Afganistán en su conjunto. No lo consiguieron, dijo. 

“No creo que una vida haya valido la pena en ambos bandos”, dice Lilley al describir su servicio y su perspectiva en una entrevista en su casa de Garden Grove, al sureste de Los Ángeles.

Lilley no es el único que reflexiona sobre la retirada de Estados Unidos tras casi 20 años de guerra. Muchos estadounidenses lo están haciendo. Las perspectivas de Lilley y de otros veteranos pueden ayudar a informar al país sobre los costes de entrar en la guerra y las lecciones que hay que aprender de Afganistán.

Las opiniones de Lilley son personales y algunos veteranos difieren, al igual que ocurre con la valoración de la población estadounidense sobre una guerra que mejoró los derechos de las mujeres y que llevó en 2011 a que los Navy SEALS estadounidenses mataran al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, en Pakistán. 

VIETSTÁN

La retirada de Biden cuenta con apoyo de ambos partidos. Una encuesta de Reuters/Ipsos del 12 al 13 de julio mostró que solo tres de cada 10 demócratas y cuatro de cada 10 republicanos creen que los militares deben seguir en el país. 

Lilley y otros marines que sirvieron en Afganistán y que hablaron con Reuters lo compararon con el conflicto de Vietnam. Dicen que en ambas guerras no había un objetivo claro, hubo varios presidentes estadounidenses al mando y el enemigo era implacable y no estaba uniformado.

Uno de los integrantes de la red de apoyo de Lilley es Jordan Laird, de 34 años, un exfrancotirador de los marines que ha participado en recorridos de combate en Irak y Afganistán, a los que Laird y otros llaman “Vietstán”.

“Comprendes mejor la situación de los veteranos de Vietnam que volvieron a casa con extremidades perdidas y totalmente marginados”, dijo Laird, que ahora hace campaña para mejorar la atención a los veteranos.

Sirvió en el valle de Sangin, en la provincia de Helmand, una de las zonas más disputadas de Afganistán, desde octubre de 2010 hasta abril de 2011. En sus primeros tres meses, cuenta, 25 miembros de la unidad de Laird murieron en acción y más de 200 resultaron heridos. Su mejor amigo murió desangrado en sus brazos.

Mientras estuvo en Afganistán, Lilley dice que llegó a entender por qué los historiadores lo han llamado el “cementerio de los imperios”.

Reino Unido invadió Afganistán dos veces en el siglo XIX y sufrió allí una de sus peores derrotas militares en 1842. La Unión Soviética ocupó Afganistán de 1979 a 1989, y se marchó después de que 15.000 de sus soldados murieran, con decenas de miles de heridos. 

Lilley dice que se sentía especialmente desilusionado por las reglas de enfrentamiento del ejército estadounidense en Afganistán. A él y a otras unidades no se les permitía hacer incursiones nocturnas contra los talibanes, por ejemplo.

“Los marines no están diseñados para besar bebés y repartir folletos. Estamos allí para erradicar. No podemos hacer ambas cosas. Por tanto, lo intentamos y fracasamos”, dijo Lilley.

El Cuerpo de Marines de Estados Unidos remitió a Reuters al Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM, por sus siglas en inglés), el mando militar encargado de las guerras de Afganistán e Irak, cuando se le preguntó por el comentario de Lilley.

En un correo electrónico, el CENTCOM no hizo ningún comentario sobre las críticas de Lilley.

Un punto de inflexión en la forma de pensar de Lilley se produjo cuando un prisionero talibán le dijo que los talibanes esperarían a la salida de Estados Unidos y que sabía que los estadounidenses perderían la fe en la guerra, al igual que los soviéticos.

“Eso fue en 2009. Estamos en 2021, y tenía razón”, dijo Lilley. “¿Por qué perdimos a todos esos muchachos? ¿Por qué?”.

DE VUELTA DE AFGANISTÁN

De vuelta del campo de batalla, Lilley, en buena forma física y con numerosos tatuajes, dice que no pudo ni siquiera mirar la bandera de Estados Unidos durante varios años porque se sentía muy enfadado porque su país le había enviado a él y a sus compañeros a una guerra imposible de ganar. Dice que ha acudido a varios terapeutas de salud mental, pero que su mayor red de apoyo son sus compañeros veteranos.

Lilley es vicepresidente de la Fundación Reel Warrior, gestionada por veteranos, que da a este colectivo la oportunidad de descansar de los problemas de readaptación a la vida civil llevándolos de viaje de pesca.

Dice que le decepciona que Estados Unidos no parezca haber aprendido las lecciones de Vietnam, donde murieron 58.000 soldados estadounidenses en una guerra que no logró impedir que el Gobierno comunista de Vietnam del Norte se apoderara de toda la península vietnamita.

“Deberíamos evitar la guerra a toda costa”, dijo Lilley. “No hay que precipitarse en el tinglado de la guerra, en la máquina de hacer dinero, en los contratos. Mucha gente ganó mucho dinero con esto”. 

Dice que tardó años en dejar de lado su ira. 

“Sabía en lo que me metía, crecí viendo Rambo. Quería honrar a mi familia en el sentido de que mi abuelo luchó en la Segunda Guerra Mundial, quería ir por ese mismo camino y hacer algo altruista, pero rápidamente ves que la realidad es distinta.” 

Otro de los compañeros veteranos de Irak y Afganistán de Lilley es Tristan Wimmer, también francotirador de los marines. El hermano de Wimmer, Kiernan, también veterano de los marines, se suicidó en 2015 tras recibir una lesión cerebral traumática en Irak antes de ser destinado a Afganistán.

Wimmer, de 37 años, dirige ahora “22 Jumps”, celebrando eventos de recaudación de fondos en los que realiza 22 saltos de base en paracaídas en un día para concienciar sobre la lacra del suicidio de veteranos. El Departamento de Asuntos de los Veteranos (VA, por sus siglas en inglés) estimó en 2012 que 22 veteranos estadounidenses se suicidan cada día. 

Un portavoz del VA dijo por correo electrónico que el departamento se dedica a la salud física y mental de los excombatientes. El programa VA Solid Start (VASS) garantiza que todos los veteranos que se reincorporan a la vida civil conozcan y tengan acceso a una serie de ayudas y prestaciones. Se contacta con ellos tres veces en su primer año fuera del ejército.

La ayuda del VASS se adapta a las necesidades individuales de los veteranos e incluye el acceso a atención sanitaria mental y a recursos para aliviar el estrés durante la transición a la vida civil.

Wimmer dice sobre Afganistán: “Sea cual sea la medida que elijas para analizarlo, ha sido un esfuerzo infructuoso. Deshacernos de Al Qaeda o de los talibanes, no lo hemos conseguido. ¿Aumentar la paz y la prosperidad del pueblo afgano? No tuvimos éxito”.

“En el proceso sacrificamos mucha riqueza, sacrificamos mucho tiempo, sacrificamos muchas vidas, no solo vidas estadounidenses, sino vidas de la coalición y especialmente vidas afganas, para irnos sin haber conseguido prácticamente nada. Es algo realmente difícil de digerir”.

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