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Los talibanes toman Kandahar mientras EEUU y Reino Unido se disponen a evacuar sus embajadas

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Por Reuters
RESUMEN-Los talibanes se preparan para controlar Kandahar en Afganistán, reclaman dominio de Herat
RESUMEN-Los talibanes se preparan para controlar Kandahar en Afganistán, reclaman dominio de Herat   -   Derechos de autor  Thomson Reuters 2021
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KABUL, 13 ago – Los talibanes han capturado la segunda ciudad más grande de Afganistán, Kandahar, según informaron las autoridades el viernes, lo que supone el mayor revés para el Gobierno respaldado por Estados Unidos desde que los insurgentes lanzaron una nueva ofensiva ante la retirada de las fuerzas estadounidenses.

Los talibanes también dijeron que habían capturado la tercera ciudad más grande, Herat, en el oeste, Lashkar Gah, en el sur, y Qala-e-Naw, en el noroeste.

Con las líneas telefónicas cortadas en gran parte del país, Reuters no pudo contactar inmediatamente con representantes del Gobierno para confirmar cuáles de esas tres ciudades atacadas seguían en manos del Gobierno.

Kandahar es el corazón de los talibanes, combatientes de etnia pastún que surgieron en la provincia en 1994 en medio del caos de la guerra civil para hacerse con la mayor parte del resto del país durante los dos años siguientes.

“Tras intensos enfrentamientos a última hora de la noche, los talibanes tomaron el control de la ciudad de Kandahar”, dijo un representante del Gobierno a Reuters después de que los insurgentes anunciaran que la habían tomado.

Las fuerzas gubernamentales seguían controlando el aeropuerto de Kandahar, que fue la segunda mayor base del ejército estadounidense en Afganistán durante sus 20 años de misión.

Un portavoz de los talibanes dijo que la caída de grandes ciudades es una señal de que los afganos les dan la bienvenida, según la cadena Al Jazeera TV.

En respuesta al rápido y violento avance talibán, el Pentágono dijo que enviará unas 3.000 tropas extra en 48 horas para ayudar a evacuar al personal de la embajada.

“Es mejor reducir nuestra presencia no sólo porque hay una amenaza creciente de violencia, sino también de recursos”, dijo el viernes un oficial de la embajada turca en Kabul.

“Las instalaciones médicas están sometidas a una gran presión. También tenemos en cuenta el COVID-19 y las pruebas casi se han detenido”.

La rapidez de la ofensiva ha provocado reproches entre muchos afganos por la decisión del presidente Joe Biden de retirar las tropas estadounidenses, 20 años después de que expulsaran a los talibanes tras los atentados del 11 de septiembre contra Estados Unidos.

Biden dijo esta semana que no se arrepentía de su decisión, señalando que Washington ha gastado más de un billón de dólares en la guerra más larga de Estados Unidos y ha perdido miles de soldados.

El Departamento de Estado estadounidense dijo que el secretario de Estado, Antony Blinken, y el de Defensa, Lloyd Austin, hablaron el jueves con el presidente afgano, Ashraf Ghani, y le dijeron que Washington “sigue comprometido con la seguridad y la estabilidad de Afganistán”. También afirmaron que Estados Unidos está comprometido con el respaldo a una solución política al conflicto.

Hasta hace unos días, los talibanes habían centrado su ofensiva en el norte, una región que nunca controlaron del todo durante su reinado y que constituía el corazón de las fuerzas de la Alianza del Norte, que entraron en Kabul con Estados Unidos al frente en 2001.

El jueves, los talibanes también se apoderaron de la histórica ciudad central de Ghazni, a 150 km al suroeste de Kabul.

El Gobierno sigue manteniendo la principal ciudad del norte, Mazar-i-Sharif, y Jalalabad, cerca de la frontera con Pakistán, en el este, además de Kabul.

El miércoles, un alto cargo de la defensa estadounidense citó a los servicios de inteligencia de su país diciendo que los talibanes podrían aislar Kabul en 30 días y posiblemente tomarla en 90.

¿CONLASPUERTASABIERTAS?

Las Naciones Unidas han advertido que una ofensiva talibán que llegue a la capital tendría un “impacto catastrófico en los civiles”, pero hay pocas esperanzas de que las negociaciones pongan fin a los combates, ya que los talibanes están aparentemente decididos a obtener una victoria militar.

En el acuerdo de retirada alcanzado con la Administración del expresidente estadounidense Donald Trump el año pasado, los insurgentes acordaron no atacar a las fuerzas extranjeras lideradas por Estados Unidos mientras se retiraban.

También se comprometieron a discutir la paz, pero las reuniones intermitentes con representantes del Gobierno han resultado infructuosas. Los enviados internacionales a las negociaciones afganas en Qatar pidieron que se acelere el proceso de paz como “cuestión de gran urgencia” y que se detengan los ataques a las ciudades.

Un portavoz de los talibanes dijo a Al Jazeera: “No cerraremos la puerta a la vía política”.

El primer ministro pakistaní, Imran Khan, dijo esta semana que los talibanes se habían negado a negociar si Ghani no dimitía. Muchas personas de ambos bandos considerarían que eso equivale a la rendición del Gobierno, lo que dejaría poco que discutir, salvo los términos.

Pakistán niega oficialmente que respalde a los talibanes, pero ha sido un secreto a voces que líderes talibanes viven en Pakistán y reclutan combatientes de una red de escuelas religiosas en dicho país.

El ejército pakistaní lleva mucho tiempo viendo a los talibanes como la mejor opción para bloquear la influencia de su archirrival India en Afganistán y para neutralizar el nacionalismo pastún a ambos lados de una frontera que Afganistán nunca ha reconocido.

Los afganos, entre los que se encuentran muchos de los que han alcanzado la mayoría de edad disfrutando de las libertades desde la expulsión de los talibanes, han descargado su ira en las redes sociales, etiquetando las publicaciones con la etiqueta #sanctionpakistan, pero las capitales occidentales han criticado poco el papel de Pakistán.

El Consejo de Seguridad de la ONU estaba discutiendo un proyecto de declaración que condenaría los ataques talibanes, amenazaría con sanciones y afirmaría el no reconocimiento de un Emirato Islámico de Afganistán, según los diplomáticos.