La Palma trata de renacer de las cenizas del volcán un año después de que despertara

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Por Juan Carlos De Santos Pascual  con AFP
Una máquina trabaja en la reconstrucción de La Palma
Una máquina trabaja en la reconstrucción de La Palma   -   Derechos de autor  Van Marty/The Associated Press

Los habitantes de la Palma tratan de renacer de las cenizas en las que quedaron su isla, su hogar y sus sueños, un año después de que el volcán Tajogaite (antes de ser nombrado adoptó el nombre de Cumbre Vieja) comenzara a rugir.

"Ahora mismo, es vivir el día a día y ya está. Echar para alante por los niños y listo", destaca Leticia Sánchez.

Su casa fue de las primeras en quedar sepultada por la lava, después de vivir varios meses con amigos, en mayo de este año pudo mudarse a una casa prefabricada proporcionada por el Gobierno. Pero al igual que para el resto de habitantes, la vida de su familia ha cambiado por completo

"Eso para mí ha sido que se me murió alguien o lo que sea. Mi casa es mi único hogar, el único hogar que tenía y se me fue y ahora pues a buscar otro hogar", recuerda la hija de Leticia mientras avanza por una calle de caravanas. 

Solo cinco de las 121 casas prefabricadas compradas por el Gobierno han sido asignadas a las personas que quedaron sin hogar por el volcán, según la Administración regional. La Plataforma de Víctimas del Volcán apunta que unas 250 viven en hoteles y 150 viven con amigos o familiares. Juan Fernándo Pérez frustrado por los retrasos de las administraciones pidió un préstamo para poder vivir en una casa más modesta y readaptada.

"El Gobierno está instalado, las administraciones en general, en tres cosas: el olvido, el silencio y la complacencia", apunta Juan Fernando Pérez

Hasta el momento el Gobierno ha destinado más de 500 millones de euros a la reconstrucción de la isla, la limpieza y ayuda a las personas que se han quedado sin empleo. Eulalia es una de esas personas que sobrevive con las ayudas. Pero forma parte del grupo personas que están en el limbo. Su piso y su negocio aún están en pie, pero se encuentran en una zona en la que los niveles de gas son muy peligrosos.

"No podemos bajar a nuestras casas y a nuestros negocios en la zona de Puerto Nao y la Bombilla por los gases del volcán que dicen que son gases, en algunos sitios son letales", señala Eulalia Villaba.

Una situación que según le han dicho puede durar meses o años y en la que están más de 1100 personas cuyas ilusiones quedaron estancadas en medio del rastro de desolación que dejó la lava.