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El terrible legado nuclear soviético en Kazajistán

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El terrible legado nuclear soviético en Kazajistán

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Estamos en una residencia de ancianos de Semipalátinsk, o Semey, a 150 kilómetros de la principal zona de prueba de armas nucleares soviética.

Praskovya, de 85 años, solía trabajar en los años 50 como encargada de un almacén en un pequeño pueblo cerca de la zona restringida :

“Nos daba curiosidad, asá que salimos a mirar. Vimos la explosión, parecía un gran cuenco de humo muy oscuro, humo negro y llamas que salían de él… Luego se transformó en una bola y una columna de humo salía de ella …y arriba de todo apareció como una seta… Después los soldados vinieron y nos dijeron que no se podía estar en la calle. “No está permitido, no está permitido”- decían. Pero nosotros ya habíamos visto todo, era interesante. Más tarde cada uno tuvimos un problema de salud. Yo he tenido dolores de cabeza toda mi vida.”

Después de 456 pruebas nucleares secretas, las protestas del pueblo consiguieron el cierre del polígono de Semey en 1991.

El Presidente de Kazajistán, Nursultan Nazarbayev ha hecho éstas declaraciones:
“Incluso a los altos cargos de Kazajistán no les estaba permitido saber nada sobre las pruebas hasta 1990, cuando Gorvachev atenuó la política restrictiva que impedía la libertad de expresión. Y como resultado de las peticiones del pueblo, que sabían y comprendían la complejidad y gravedad del asunto, tomé la única decisión correcta que se podía tomar, a pesar de lo difícil que era en aquella época, porque el complejo industrial-militar de la Unión Soviética estaba en contra y los líderes soviéticos también”

El cierre de la zona, sin embargo, no pudo invertir el daño medioambiental causado en la región, que tiene más de un millón de habitantes, la mayoría de pueblos. La radioactividad de las explosiones nucleares han dejado en Semey y en pueblos de alrededor, índices extraordinariamente altos de cáncer y defectos de nacimiento.

Los centros locales de oncología hacen pruebas a cientos de miles de pacientes para detectar y tratar tumores en fases tempranas. La gente que vive en la zona todavía tiene mayor predisposición a padecer un cáncer de pecho o de pulmón.

Esta señora cuenta su caso:
“Vivo en un distrito cerca de la zona de pruebas. El año pasado me diagnosticaron un cáncer de mama, me operaron y me están dando radioterapia. Yo no he visto ninguna explosión, pero mis padres me contaron los efectos que tuvieron en la gente del polígono. Mi marido también tuvo cáncer, y ya ha muerto”.

Los científicos enfatizan en que no hay suficientes investigaciones para asociar cada caso a las radiaciones, sin embargo está claro que el legado nuclear continúa persiguiendo a las generaciones más jóvenes. La mortalidad infantil aquí es cinco veces mayor que la media de otros países desarrollados. Los defectos en embriones están muy extendidos, y el cáncer afecta tanto a adolescentes como a adultos.

“Tenemos pacientes que tienen 15 o 18 años, incluso más jóvenes, pero desgraciadamente mueren muy rápido. Sus padres vivieron algún tiempo en las zonas cerca del polígono. Por supuesto, los padres se enfadan porque ellos no se han puesto enfermos pero sus hijos sí” – cuenta ésta investigadora.

Docenas de pequeños abandonados por sus padres viven en el Orfanato local. Uno de cada cinco tiene algún tipo de discapacidad, mental o física. Condiciones cada vez más frecuentes en los últimos años.

“Cada vez nos llegan más y más niños con discapacidad, cada día que pasa el número aumenta. Los factores medioambientales desaparecen lentamente, podemos seguir viendo sus efectos 10 o 20 años después, en la primera, segunda, tercera o cuarta generación” – comenta una cuidadora del orfanato.

Víctimas inocentes de las armas nucleares continúan sufriendo sus consecuencias 20 años después de la última explosión. Un terrible legado del pasado más cruel.