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Noches Blancas de fiesta en San Petersburgo

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Noches Blancas de fiesta en San Petersburgo

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San Petersburgo, la “Estrella del Norte”, la ciudad de los enamorados. Una metrópoli de notable belleza y la ciudad de las noches blancas, cuando al anochecer sus edificios se bañan en la luz del sol durante horas y horas. Esto ocurre cuando la ciudad sobre el río Neva, nunca duerme en los meses de junio y julio.

Es la metrópoli más septentrional del mundo, situada en el sexagésimo pararelo. Durante las noches blancas sólo oscurece durante dos horas. Después de ocho largos meses de invierno, es como si San Petersburgo tratarla de compensarlo. El solsticio de verano se convierte en una fiesta interminable. Sin dejar de lado la cultura.

Con la ocasión de este fenómeno natural, el Teatro Mariinsky y el Auditorio se convierten en los locales del gran evento cultural: el ‘Festival de las Estrellas de las Noches Blancas’: Opera, ballet y conciertos con los artistas más prestigiosos de Rusia y del extranjero. Todos bajo la batuta del director de orquesta Valery Gerghiev, quien también es jefe artístico y gerente el teatro. Dicen que dirige con ‘mano de hierro’.

Para los músicos, sólo un movimiento o dos de sus manos es suficiente:

“No se puede hablar durante el concierto. Mover las manos no significa mucho. Hay que encender, hay que despertar, hay que “cargar” ciertas secciones o toda la orquesta. Tienes que expresar. La gente sabe leer la cara del director con los ojos. A veces da miedo. Es difícil de describir. Pero la música, a veces, da miedo”.

“No debes hablar. Pero puedes hacerlo. Hay muchas formas de expresarse. Y la gente lo entiende”.

Gerghiev está considerado una especie de arqueólogo musical que ha sido capaz de redescubrir compositores olvidados durante la era soviética y dar un nuevo prestigio a la tradición rusa, sin dejar de lado a sus contemporáneos o los repertorios alemanes y franceses.

Sus admiradores dicen que ‘vive’ la música:

“La imaginación y la fantasía te puede llevar a tener un cierto nivel. Ofrecemos algo a la orquesta y la orquesta tiene que estar interesada, porque no hay nada más peligroso para el mundo de la música clásica que una personalidad aburrida.”

“Puede parecer gracioso cuando un director dice: casi lloro, pero a veces he estado apunto de hacerlo. Y en ese momento no sabes cómo esconderte. Esto me ha ocurrido. El poder de la música puede tocar incluso a los directores”.

Mientras, afuera, en la mágica ciudad de Pedro el Grande, puente entre el este y el oeste, la fiesta continúa a la orilla del Río Neva.

Obras:

Dmitri Shostakovich:

Sinfonía nº 3 en Mi bemol (mayor), op. 20 y Sinfonía nº 13, “Babi Yar”, en Si bemol (menor), op. 113.