Última hora

Última hora

Hawái, un paraíso herido

Leyendo ahora:

Hawái, un paraíso herido

Tamaño de texto Aa Aa

Trisha Kehaulani Watson es la última generación de una familia de nativos hawaianos que han cuidado de estas islas durante siglos. Nadie mejor que ella para mostrarnos los efectos del cambio climático en este paraíso, un paraíso que está herido.

“Cada vez que este arroyo crecía, por encima de mi cabeza, mi abuelo me traía a verlo porque era algo tan inusual… Me decía “Vamos a ver el riachuelo”, cuando llovía mucho”.

“Ahora es tan diferente… Con las lluvias que han caído, los desbordamientos han sido habituales. Y ya no hablamos de llegar a la altura de mi cabeza, sino del doble. Antes esto no ocurría. Digamos que lo que se antes se veía en los valles de Hawái una vez cada 50 o 100 años, ahora sucede cada dos”.

“Otra cosa terrible es que ya no puedes bañarte por culpa de la leptospirosis. Y eso se debe al aumento de la temperatura. Dicen que la leptospirosis se encuentra en el agua estancada o caliente. Y ese problema antes no lo teníamos”.

“Mi familia ha vivido en esta isla desde hace probablemente 40 generaciones. Según la creencia hawaiiana, nosotros venimos de la tierra. No entendemos de números, porcentajes o datos. Pero entendemos una cosa: la tierra está herida. A veces parece una locura decir “siento que algo va mal en la tierra”. Pero así lo describen todos los indígenas que he conocido. Sientes que algo no funciona, como cuando un miembro de tu familia está enfermo. Una voz en tu interior te dice que algo está desajustado, que algo va mal. Y así es como nos sentimos”.

“Aquí había una playa. Al menos 20 o 30 metros de playa. Y esto es un ejemplo muy real de cómo ha aumentado el nivel del mar. Se han hecho enormes esfuerzos para reforzar la línea costera con cosas como esta pared de hormigón. Cuando yo era pequeña no había nada de esto. Jamás tuvimos que trepar por un muro de hormigón para llegar a una playa. Acaba de aprobarse un enorme proyecto: Van a importar arena para tratar de reforzar las playas. Puedes traer toda la arena que quieras pero el agua no va a dejar de entrar. No puedes reducir el volumen de agua que hay en el océano, y su impacto en las costas”.

“Me encanta este lugar. Y me duele. Duele ver que tu hogar sufre. Creo que lo que muchos científicos (que a menudo no son de aquí) no llegan a entender es lo que nos está pasando. Porque es así, no le está pasando a este lugar, nos está pasando a nosotros”.

“Es la tierra, somos nosotros, son nuestras familias, nuestra comunidad… Nuestro estilo de vida. nuestra cultura. Odio la idea que mi hijo no pueda bañarse en los arroyos donde yo nadaba de niña. Me horroriza porque a él se le niega la oportunidad de construir esa relación con nuestro valle, ésa que yo sí que tuve”.