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Herencia cultural en una nueva dimensión

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Herencia cultural en una nueva dimensión

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Anne Coulié trabaja como conservadora en el Museo del Louvre de París. Su especialidad es la cerámica griega.

David Kolin, por su parte, es infórmatico en el Centro de Investigación y Restauración de los Museos de Francia (C2RMF). Es un experto del 3D.

El subsuelo del Louvre alberga este centro encargado de conservar los datos de decenas de miles de obras de arte.

David y Anne estudian el alcance que podría tener la digitalización de piezas en tres dimensiones, una técnica de momento poco utilizada.

“Esta cámara láser funciona en dos tiempos. Primero, hace una foto del objeto para captar su color con una cámara de fotos digital integrada. Posteriormente, un haz de rayos láser recorre el objeto para determinar su topología. La zona con mayor precisión es la superficie. Así, si suprimimos el color, y le aplicamos una luz rasante, como la que se usa para los cuadros, vamos a llegar a ver los detalles más pequeños. Toda está información se ve después en el ordenador”, ha explicado Kolin.

En el Louvre, tan sólo se digitalizan y reconstruyen en 3D algunas decenas de piezas al año. Se trata de una operación que lleva tiempo y que requiere, por tanto, financiación. Sin embargo, Anne Coulié considera que en el futuro puede llegar a ser una técnica muy útil para los investigadores:

“El método tradicional consiste en recurrir a publicaciones en papel, cuyas ilustraciones son muy limitadas. Las imágenes en 3D resultan de gran ayuda, en ese sentido, ya que cubren totalmente el objeto. Esto permite aumentar un detalle hasta el infinito. De esta manera, podemos apreciar un aspecto de la vasija en el que posiblemente no nos hubiéramos fijado ni siquiera manipulándola. Esta herramienta, las imágenes en 3D, es muy valiosa, por ejemplo, para definir cómo era el taller del que salió la obra”.

Nuestra siguiente etapa es Creta. Esta isla del Mediterráneo, rebosante de restos arqueológicos y cuna de una de las primeras civilizaciones europeas, ha sido elegida para acoger un proyecto de investigación de la Unión Europea.

Científicos de todo el continente, en su mayoría informáticos, se han desplazado hasta Heraklion para compartir sus conocimientos sobre el uso del 3D en la conservación del patrimonio cultural. Su principal objetivo es perfeccionar la digitalización y el almacenamiento de datos. Con ello, quieren introducir esta tecnología en el día a día de arqueólogos y otros profesionales de la restauración y conservación de bienes culturales.

En el Museo Arqueológico de Heraklion, hemos hablado con el coordinador del proyecto, David Arnold:

“Para que la documentación en 3D sea una realidad hay que hacer que las tecnologías funcionen mejor y que existan propuestas para situaciones normales, para los museos, para los yacimientos arqueológicos,… El reto más importante es hallar un punto de encuentro entre el mundo de la herencia cultural y el de la tecnología, que compartan un mismo lenguaje, que dialoguen entre sí, que interactúen.”

David Kolin también está en Creta y se ha traído su escáner en 3D.

El aparato levanta cierta curiosidad entre los conservadores del museo, poco acostrumbrados a lidiar con este tipo de objetos en su actividad diaria. Aunque no tardan en interesarse por las posibilidades que ofrece esta tecnología.

El 3D abre la puerta a múltiples opciones, desde la restauración virtual, hasta la reconstrucción de objetos cuyos componentes se encuentren en varios museos, gracias a la creación de una base de datos digital.

Aunque para que su uso se generalice, tiene que evolucionar también la mentalidad. Así lo cree Kolin, quien, no obstante, ve ciertos avaces:

“Es un medio que todavía no está muy acostumbrado a este tipo de tecnología, es demasiado innovadora. Aunque cada vez despierta más interés, lo que gusta tanto a científicos, que ven su trabajo recompensado, como a conservadores, restauradores y arqueólogos, a los que resulta interesante. Todo el mundo sale ganando y está contento.”

El 3D no sólo es útil para los profesionales, sino también para el gran público. Algunos museos europeos están empezando a presentar en Internet sus obras en tres dimensiones. Esta es otra de las pistas que siguen los expertos. Y es que el desarrollo de museos virtuales permitiría redescubrir obras de arte. David Arnold lo tiene claro:

“Cuando hay una pieza valiosa en un museo, el público no puede cogerla ni tocarla. Si se tratase de una pieza virtual, sería diferente. Se podría levantar y observar desde varios puntos de vista. También se podría desmontar virtualmente, algo imposible con un objeto real.”

¿Por qué no ir más allá? ¿Por qué no involucrar al público en la conservación del patrimonio?

En Bélgica, en la Universidad Católica de Lovaina, un grupo de investigadores ha desarrollado el programa “Arc 3D”. Gracias a fotos digitales tomadas desde diferentes ángulos se pueden crear modelos en tres dimensiones, como ha detallado el ingeniero informático Geert Willems:

“Cada vez miras el castillo desde un punto de vista diferente. Se introducen esos datos en el sistema. Éste ajusta las imágenes y es capaz de determinar en qué posición me encontraba en cada momento. La ventaja de este sistema es que no necesitas un equipo profesional. Puedes tomar fotos con tu cámara en cualquier lugar. Sólo tienes que subirlas al servidor. Una serie de ordenadores asimilan entonces los datos para reconstruir el objeto en 3D.”

Arnold añade algo más:

“Nos adentramos en el area del ‘crowdsourcing’. Las tecnologías que permiten la contribución del público son útiles en cuestiones cuantitativas. Si 10 millones de personas hacen fotos para crear modelos, se avanza mucho más deprisa que con 10.000 conservadores trabajando.”

La digitalización en 3D a gran escala del patrimonio cultural, ¿es una utopía o será una realidad en un futuro inmediato?

En cualquier caso, los museos tradicionales seguirán teniendo su encanto.

www. 3d-coform .eu