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Las mujeres y la educación

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Las mujeres y la educación

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El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer y todavía queda mucho por desarrollar en la educación femenina. En Camboya o Noruega, las mujeres siguen sufriendo diferentes obstáculos para acceder al mismo tipo de enseñanza que los hombres. Aunque hay pioneras en el mundo científico que demuestran que no hay ninguna razón para dejar a la mitad de la población fuera de según qué estudios.

Una escuela para niñas en Camboya

En la Escuela Happy Chandara de Camboya, se intenta cambiar las actitudes tradicionales de discriminación a las niñas en la educación en los países en desarrollo.

El día se levanta en Prek Themay, a 45 minutos en coche del sur de Phnom Penh, en Camboya. En esta periferia, la mayoría de familias viven de la venta del jazmín. Aquí la pobreza es tal que las familias hacen trabajar a sus hijas desde la edad de ocho años. Es lo que hacía Ban Shrei Pich antes de convertirse en alumna de la Escuela Happy Chandara. Cuando quedó huérfana, su hermanastro aceptó que fuera a este establecimiento.

May Sambok, hermano de Pich: “La envié a Happy Chandara porque no puedo hacerme cargo de ella. No tengo suficiente dinero. Está débil porque estuvo enferma y espero que la escuela se ocupe bien de ella”.

En Camboya, la mitad de la población tiene menos de 18 años. El país perdió el 90 por ciento de sus intelectuales durante el genocidio de los jemeres rojos, que causó más de dos millones de muertos. La falta de maestros hace que las escuelas públicas solo enseñen la mitad del día en clases de más de cincuenta alumnos. Pero Happy Chandara no es un establecimiento como los demás. Fue construido en 2006 por la asociación francesa Todas a la Escuela… El centro acoge hoy a 580 alumnas, 31 de las cuales son niñas como Pich que se quedan de lunes a viernes en el internado, abierto este año.

“Me gustaría convertirme en intérprete y médico”, dice Ban Shrei Pich. A un gran número de niñas en Camboya se las casa a la fuerza o son víctimas de abusos. La escuela les sirve de protección y también de trampolín. No solo se les enseña a leer y contar: los cursos son trilingües en jemer, francés y inglés e incluyen informática, deportes, danza, civismo… El objetivo de Happy Chandara es preparar a estas chicas para que sean parte activa del Camboya de mañana.

Sereivouth Tieng, directora de Happy Chandara: “En el futuro, creemos que nuestras alumnas serán abogadas, ingenieras, doctoras, profesoras… y servirán al país”.

Tres veces al día, las alumnas comen en la escuela y se benefician de un programa sanitario completo: vacunas, visitas de dentistas… Chandara significa ‘el cielo y las estrellas’ y era el nombre de una de las niñas de Tina Kieffer, presidenta de Todas a la Escuela y promotora del proyecto.

Michèle Carnoy, coordinadora del internado: “El encuentro de dos mujeres hizo posible esta escuela: quien nos proporcionó el terreno y que también es camboyana y este maravilloso encuentro en torno a una niña. Es por eso que el colegio se llama Happy Chandara porque antes Théa se llamaba Chandara”.

Para escolarizar a las niñas, la asociación compensa a las familias con sacos de arroz y a veces de aceite por lo que dejan de ganar: alrededor de 0,75 euros por día.

Cada año, llegan cien nuevas alumnas y, el que viene, se abrirá un instituto de secundaria. Happy Chandara es una escuela testigo. Sirve de ejemplo y aporta ayuda a las escuelas públicas vecinas. Si el nivel de instrucción de las niñas determina el nivel de libertad y de democracia de un país, su educación es uno de los grandes retos de este siglo.

‘Modelos’ para las ciencias en Noruega

La desigualdad en la educación no es solo un problema de los países en desarrollo porque en las sociedades occidentales aun quedan desequilibrios. En el Renate Centre de Noruega, la pasarela se ha convertido en una estrategia para las chicas para que se lancen hacia una carrera en ciencia y tecnología.

Desfilar como modelos en una pasarela es una de las originales iniciativas de este centro. El Renate Centre se halla en la ciudad de Trondheim, en la Universidad Técnica. Sus siete empleados trabajan continuamente en nuevas ideas para atraer a más chicas hacia la tecnología y las ciencias.

Camilla Nereid, jefa del Renate Centre: “Porque hay una gran falta de chicas en este tipo de estudios y carreras. Aunque Noruega sea el país con la proporción más alta del mundo en igualdad, todavía padecemos de una selección muy tradicional de carreras ente chicos y chicas”.

Camilla y sus colegas poseen una base de datos de estas chicas en el papel de modelos, que pueden ser útiles tanto para jóvenes como para las escuelas. Por ejemplo, a las modelos se les puede ordenar visitar clases.

Una de estas modelos, Ida Aglen, estudiante de doctorado en Tecnología Marina, visita su primera clase en la escuela de secundaria de Byaasen. Esta clase ha sido adoptada por el Renate Centre para comprobar la respuesta de las más jóvenes estudiantes y seguir más adelante sus elecciones.

Ida Aglen: “Para mí, se trató de una coincidencia dar con mi carrera, o mi futuro trabajo. Pienso que es realmente importante que sepan qué tipo de elecciones pueden hacer”.

Vilde Gresset Dahle, estudiante en el instituto de secundaria de Byaasen: “Nos da una impresión, o a mí me la da, de que podemos hacer todo lo que queramos”. Vilde, y seguramente las otras chicas, tienen todo un futuro por delante. Especialmente, si acaban escogiendo una profesión de ciencias o tecnológica.

Camilla Nereid: “Las ambiciones de estas chicas no sólo son individuales. También quieren hacer algo diferente en el mundo y es exactamente el tipo de científicos y personal de tecnología que necesitamos para el futuro”.

El espacio no es solo para hombres

Algunas directivas se abren se abren paso en un mundo dominado por los hombres. La doctora Maggie Aderin-Pocock es una importante científica del espacio que ahora transfiere sus concocimientos y experiencia a una nueva generación de admiradores de las estrellas. La encontramos en Londres.

Maggie Aderin: “Desde el primer día quise ser una científica del espacio. Leía historietas y oía hablar de gente como Yuri Gagarin y Neil Armstrong y es lo que me dio ganas de salir allí algún día”.

“Si aprovecháis estas oportunidades, os asombraréis de lo que podéis conseguir. Estoy asombrada de lo que he logrado y vosotros también lo podéis hacer”.

“Cuando dije que quería ser una científica del espacio siendo negra, disléxica y mujer, la gente me miraba un poco extrañada. Pero, de las tres cosas, el desafío más importante fue la dislexia”.

“La pobre disléxica Maggie de Londres creció en Camden y fue a la escuela en Highgate. No podía creer que me recibieran en el palacio de Buckingham y me encontrara con la reina. La primera cosa que me preguntó fue ‘¿qué es lo que haces?, con el acento de la reina. Y yo contesté ‘Oh, soy una científica del espacio’ y la reina dijo ‘¿Sí…?”.

“Creo que muchas chicas se apartan de una carrera científica y en su mayoría es porque lo ven como algo para chicos y no para ellas mismas, si son jóvenes y glamourosas. Necesitamos animarlas. Hay una imagen de una especie de viejo científico loco”.

“¿Cuál de estas dos personas pensáis que es un científico? La mayoría de los chicos más jóvenes dirían que es mi marido. Porque se acomoda más a esta imagen. Es blanco y hombre”.

“Voy a tener que hacer un cambio debido a mi hija. Estoy intentando combinar la comunicación sobre la ciencia y también que podamos pasar tiempo juntas. Y esto es un gran desafío”.

“¿Por qué nos peleamos aquí en la Tierra? Nos batimos por la religión, la raza, las propiedades, el petróleo. Nos peleamos mucho, pero en el esquema de las cosas el universo es muy vasto. Es como una pelea de hormigas en una hoja. Mi consigna es ¡Hagamos naves espaciales, no guerras! Vosotros ya sabéis que esto tiene sentido… “.